Si el Barcelona Fútbol Club sorteara una plaza en alguno de sus equipos entre todos los jóvenes del planeta, la ciudad catalana se vería inundada por un ejército aún mayor al que ostenta China. El equipo culé, el más exitoso hoy de todas las ligas del mundo, no seduce exclusivamente con sus laureles: tiene un idioma propio que imprime en cada uno de sus conjuntos, una filosofía en el método, un sistema madre. Dentro de esa tropa estaría Florencia Quiñones. Estaría, claro, si no fuera porque, con gestión propia y destreza en la cancha, llegó hasta allí sola, en voz baja, con un sueño certero que arrancó en Oncativo hace más de diez años y tomó forma en San Lorenzo de Almagro.

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