Vos no te podés retirar". Pancho Dotto le repite la frase a Luciana Aymar todoslos días desde que comenzó el Campeonato Mundial de Hockey en Rosario. “Decíselo a mispiernas”, le contesta ella. Vuelta a ser premiadacomo la mejor jugadora del mundo y con un gol maradoniano quese convirtió en historia, durante los últimos dos años aseguró que este torneo sería el último. A los 33 y en su ciudad natal, parecía elescenario perfecto para la despedida triunfal. Y ahora, sinembargo, está dudando. No se trata sólo de amor a la camiseta: la capitana de Las Leonas factura más que cualquierade sus compañeras.
Conjuga éxito deportivo con un look sexy, lo que la convirtió en una cara vendedora. Tiene cuatro contratos con empresas de primeralínea, botines especiales, una biografía recién editada y se la disputan otras tres marcas quenegocian las cifras con Dotto, su representante desde el año pasado. Lo sabe él y lo sabe ella: no es momento para colgar los botines. Especialmente si esos botines son unaszapatillas rosa furioso, creadas especialmente para ella por Nike. Tienen su apodo–“Lucha”– en el tobillo y seis estrellas que representan todos sus premios.Es atleta de la marca desde el 2003, cuando el seleccionado dehockey recién comenzaba su racha de triunfos. Lo que hace siete años eran apenas presencias eneventos y un acuerdo por indumentaria, hoy es un contrato que alcanzaría los 200.000 pesos al año.
La catarata de reconocimientos despierta el interés de las marcas deportivas, pero Aymar supoampliar el espectro: en el 2007 aprovechó una lesión en la rodilla derecha que la mantuvo cincomeses fuera de las canchas para someterse a un implante mamario. Y en este mundial, luce una narizrespingada y labios más gruesos.
La nota completa, en la última edición de la Revista Noticias .
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