Cuando finalmente el ministro de Economía, Amado Boudou logre que desde Olivos le llegue el avalpolítico que necesita, le dará la señal de largada a la revisión de rutina que el Fondo MonetarioInternacional viene postergando desde hace varios años en la Argentina. El mismo ministro y eltitular del BCRA, Martín Redrado acaban de asegurar en Estambul que lo técnico está casi todoacordado y que se necesita una señal de orden político para que el organismo actúe.
El caso es que el gobierno argentino quería saltar esa instancia tan crítica, porque aunquenunca se pensó en pedirle una línea de financiamiento al FMI, con los mercados cerrados hoy estáclaro que el país necesita como el agua retornar al mundo financiero para conseguir dinero fresco yponerse a charlar con el Club de París y los bonistas en default. No hay país que acepte negociarsin el control de calidad de los deudores que puede aportar el Fondo y a ese control se remiten,mientras que en paralelo se aproxima un canje de bonos que le aportará al Tesoro argentino dinerofresco.
La burocracia del organismo ya ha explicado una y otra vez que no puede hacer diferencias enmateria de auditorías obligatorias con nadie, ya que las mismas están previstas en los Estatutos(Artículo IV) y sería injusto que la Argentina no las recibiera y el resto de los países miembrossí.
Cuando el chileno Nicolás Eyzaguirre, hoy a cargo de la región en el FMI, dice que el país es"socio" del organismo lo que quiere significar es que, como en un club, la Argentina debe sometersea las mismas reglas que todos los demás y que no es viable una auditoría "light" que disimule partede lo que ve.
Para enmarcar la cuestión, las autoridades argentinas están pidiendo que los informes seanefectuados por técnicos confiables y de perfil ultra bajo, mientras Boudou y Redrado siguentratando de convencer al organismo que cuando lleguen por aquí no tomen contacto con el sectorprivado y mucho menos con la prensa y que todo se resuma en un Informe lo más confidencial posible.
Sin eufemismos, el problema político por el cual el gobierno argentino no quiere aún sabernada con esta inspección que va a mirar los números macroeconómicos, controlar las estadísticaspúblicas y monitorear la fuga de capitales no es lo que descubra, sino lo que se publique. Noquieren que se destape la mentira del INDEC, pero mucho menos que se menee que el Gobierno estádesesperado por cobijarse otra vez bajo el ala del FMI, porque aunque realmente lo necesita tambiéncomo parte de un proceso de reinserción en el mundo, le cuesta mucho ideológicamente echarseatrás.
Además, lo que todos saben es que durante muchos años el gobierno argentino satanizó al"maldito" Fondo Monetario y que lo hizo culpable de todos los males habidos y por haber y que ahorano puede retroceder así por que sí. Una larga franja de su propia militancia también le haríagruesas demandas por este acercamiento que, además, es el correlato (o el precio) de pertenecer alG-20, foro donde Cristina Fernández firmó hace unos días una Declaración que pone nuevamente alFondo en el centro de la escena, como supervisor estrella de la economía mundial.
La vieja obsesión kirchnerista del "relato" uniforme de los medios ha vuelto con todo en el casodel organismo para tratar de que se diga que es se trata de un "nuevo FMI" y que para nada es unaagachada. En Olivos, todavía creen que el oficialismo perdió las últimas elecciones debido a laprensa, aunque el caso Santa Cruz no es utilizado como ejemplo, porque allí perdieron los Kirchner,pese a tener los medios a favor.
También se critica al periodismo con cierta furia porque se dice que nunca ha reflejado como sedebe el análisis oficial de que el problema del 28 de junio fue que los que no votaron al Gobiernosaltaron a otras corrientes de izquierda, por lo que para la concepción oficial, para resurgir sólose trataría de recuperar esos votos que migraron. En todo caso, si se intuye que la vuelta al FMIes la "derechización" del modelo, se hará más difícil esa remontada.
A varias puntas, entonces, es muy delicado para los Kirchner que los titulares reflejen algodiferente a aquellos que quiere transmitir el discurso oficial. En todo caso, si hay que tapar elSol con las manos, "que sean las nuestras", se suele decir en algunos despachos oficiales y si sepublican sin filtro las opiniones de los auditores, es evidente que estarán en problemas. Porúltimo, y aunque los funcionarios del Fondo convengan un pacto de silencio, ¿cómo harán para que laprensa nacional e internacional no se interese? Si por el Gobierno fuese, le aplicarían una Ley deMedios especial al mismísimo FMI y todos en paz.
(*) Agencia DYN







