Brasil parece haber leído algún manual secreto sobre cómo llevar adelante una crisis. Tiene ungobierno definido de "centroizquierda" que aplica recetas bastante ortodoxas, agranda sus reservas,los números oficiales que se publican sos creíbles y confiables, y además, le presta dinero alFMI. Y hasta sus autoridades se dan el lujo de anunciar el ingreso de la economía en "recesióntécnica" y obtener como respuesta un coro de voces que se alza para aclarar que eso ya es cosadel pasado. El sueño imposible.
La mala noticia llegó de boca del ministro de Economía brasileño, Guido Mantenga, quien confirmóque entre enero y marzo, la actividad de su país registró un retroceso respecto del mismo períododel año pasado, lo que implica el segundo trimestre consecutivo con signo negativo. En términoseconómicos, eso significa recesión. En términos prácticos, para la alegría de los brasileños,también significa que puede ser un dato atrasado.
La prestigiosa Fundación Getulio Vargas explica que interrumpió la seguidilla de 21 trimestresde crecimiento continuo de la economía, "el más largo período de expansión desde 1980", lo que elgobierno de Lula confirmó -el PBI retrocedió un 0,8% en el primer trimestre frente a losúltimos tres meses del año pasado, cuando había caído un 3,6% -con el atenuante de que la caída fue"más leve" que lo esperado.






