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Madrid y Marsella, en una nueva lucha contra el coronavirus

Desde el resurgimiento de la pandemia, Europa ha tratado de evitar la imposición de nuevas cuarentenas nacionales. Los países han preferido restricciones localizadas como una alternativa menos costosa.

Madrid y Marsella, en una nueva lucha contra el coronavirus
09-10-2020 | 00:30

Desde el resurgimiento de la pandemia, Europa ha tratado de evitar la imposición de nuevas cuarentenas nacionales. Los países han preferido restricciones localizadas como una alternativa menos costosa. Si bien dichas cuarentenas “inteligentes” parecen ser una buena idea en teoría, es probable que generen resentimiento entre las regiones, ciudades y vecindarios que deben acatarlas. Para que las medidas específicas funcionen, los políticos deben ganar el consenso.

El ejemplo más notable es España, donde el Gobierno se ha enfrentado con políticos locales en el área de Madrid, ya que las autoridades nacionales exigieron que las personas eviten todos los traslados no esenciales para detener un alza en los contagios. El Gobierno central también solicitó limitar las reuniones a no más de seis personas y obligó a que bares y restaurantes dejaran de servir después de las 10 p.m. La región finalmente cedió a las solicitudes, pero sus líderes han prometido luchar contra las restricciones en tribunales.

Estos enfrentamientos también están surgiendo en el resto de Europa. En Francia, políticos en Marsella se rebelaron ante la decisión del Gobierno central de endurecer las medidas en el área después de un aumento en el número de casos. A fines de septiembre, la Administración de Emmanuel Macron exigió que los bares y restaurantes de la ciudad cerraran durante, al menos, dos semanas. Posteriormente, se permitió la reapertura de los restaurantes, pero las autoridades locales aún no están contentas de que otras regiones, como París, no hayan tenido las mismas restricciones. Michèle Rubirola, la alcaldesa local, tuiteó: “Celebro la reapertura a partir de hoy de los restaurantes en Marsella. Pero es lamentable que se haya tomado la decisión de no cerrarlos en otro lugar”.

El Reino Unido también ha optado por imponer reglas más estrictas en algunas áreas. Ahora es ilegal que distintas familias se mezclen en las áreas del norte de Inglaterra, como Hartlepool, Middlesbrough, Warrington y el área de Liverpool. El alcalde de Middlesbrough inicialmente “prometió desafiar” las ordenanzas, aunque más tarde dijo que cumpliría.

Hubo menos conflictos locales-nacionales durante la primera ola de covid, cuando la mayoría de los Gobiernos cerraron países completos. Los desacuerdos que ocurrieron en ese momento a menudo iban en la dirección opuesta: Nicola Sturgeon, primer ministro de Escocia, y Sadiq Khan, alcalde de Londres, criticaron al Gobierno de Boris Johnson por ser demasiado permisivo en su respuesta al virus. En marzo, el Gobierno central de España impugnó ante un tribunal la decisión de Cataluña de implementar restricciones más draconianas que las establecidas a nivel nacional.

Pero los políticos ahora temen al impacto que tienen los bloqueos nacionales en la economía y la moral de las personas. Consideran que el endurecimiento de las reglas en regiones específicas en que los casos superan cierto umbral es una estrategia más precisa y efectiva.

El problema es que, definir qué áreas deberían tener mayores restricciones puede ser polémico. En España, por ejemplo, las autoridades locales en Madrid inicialmente solo restringieron los movimientos y las reuniones en varios vecindarios en las afueras de la capital, donde el virus parecía ser más difícil de controlar. El Gobierno central les pidió que implementaran las mismas restricciones en el resto de la ciudad, ya que la tasa de contagio de la región en su conjunto no estaba en línea con el resto del país, lo que provocó una revuelta de las autoridades locales.

Los desacuerdos sobre las cuarentenas también pueden convertirse en desagradables conflictos cuando hay diferencias en el color político. El Gobierno central de izquierda de España se enfrentó primero con la administración independentista en Cataluña y luego con los gobernantes de derecha de la región de Madrid. En el Reino Unido, tanto la administración laborista en Londres como el Gobierno nacionalista escocés fueron los críticos más fuertes del manejo de la crisis de salud por parte de Johnson. Es enorme el riesgo de que el sesgo político influya en las decisiones que solo deberían basarse en la ciencia.

Mientras la segunda ola siga arrasando en Europa, aún podríamos ver nuevas cuarentenas nacionales. Si las muertes aumentan y los hospitales se ven colapsados, los políticos no tendrán más opción que cerrar todo. Si la situación permanece relativamente bajo control, sin embargo, las medidas localizadas siguen siendo una alternativa más realista.

Por lo tanto, los funcionarios locales y nacionales tendrán que trabajar juntos y lograr la aceptación de las regiones afectadas. Los Gobiernos nacionales deben establecer reglas claras para elevar el nivel de restricciones en un área en particular y estar preparados para brindar más apoyo económico a aquellos que enfrentan normativas más estrictas. Mientras tanto, los políticos locales deben entender cuándo se necesita una cuarentena, y no deben quejarse de restricciones menos estrictas en regiones con cifras de contagio más bajas. En tiempos de crisis, un estancamiento entre el centro y la periferia no ayuda a nadie.

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