La historia que sigue le podría servir de borrador a Oliver Stone para el guión de la segundaparte de "Wall Street": Juan, José y Pedro deciden junto a Carlos que sea este último quien lesadministre el dinero que ellos generan con sus actividades, a cambio de una suma razonable por sutarea, y que luego lo redistribuya siguiendo criterios de equidad que van variando a través deltiempo.
Juan, José y Pedro creen que de esa manera se simplificarán los trámites y que Carlos, poruna cuestión de economía de escala, recaudará más dinero y de una mejor manera que si lo hicierancada uno de los tres por separado. Pero luego de setenta y cinco años, la situación de Juan, José yPedro no evoluciona de acuerdo con sus expectativas y las necesidades de Carlos son cada vezmayores. En consecuencia, Carlos retiene cada vez más y más dinero de los otros tres, que comienzana sentir los apremios lógicos de la falta de recursos.
Es entonces que Juan, José y Pedro recurren a Carlos para que los ayude con parte del dineroque, después de todo, es de ellos, y que le confiaron su administración tres cuartos de sigloatrás. En ese lapso, Carlos no solo fue quedándose con una porción cada vez mayor sino que tambiénles transfirió a Juan, José y Pedro la atención de varias actividades que antes le correspondían aél. El momento de mayor tensión entre los personajes de la película tiene lugar cuando Carlos tienea Juan, José y Pedro a su merced. Y decide prestarles el dinero -el de ellos mismos- con un interésque les presenta como "accesibles". El tiempo transcurrido y la degradación física, moral y mentalde Juan, José y Pedro les impide realizar un simple razonamiento: se van a endeudar por un préstamoque Carlos les va a hacer con su propia plata. Para colmo, no será la única vez y en cada nuevaoportunidad mayores serán las condiciones, al punto que Juan, José y Pedro, más allá de lo quedigan las leyes, perderán en los hechos todo margen de autonomía.
La película deja un final abierto: Juan, José y Pedro se enfrentan ante el dilema de unalibertad sin recursos o la resignación de seguir aceptando que Carlos le siga prestando el dinerode ellos a cambio de condicionamientos cada vez más humillantes.
Si a Stone le gusta el argumento, no tendrá que esforzarse en conseguir guionista. Lahistoria relatada existe en la Argentina desde 1935 y se llama Coparticipación Federal. En tiemposen los que se declama que hay que terminar con todas las leyes de gobiernos dictatoriales, no estáde más recordar que el esquema relatado está vigente desde la fraudulenta Década Infame y quesetenta y cinco años es un período más que suficiente para demostrar su ineficacia. Los sucesivoscambios en los criterios de distribución no alteraron un ápice la condición de dependencia que lasprovincias tienen con el poder central. A pesar (¿o por?) el tiempo transcurrido, hay provincias enlas que los recursos propios representan solamente el cinco por ciento del total. Y nada indica quedentro de setenta y cinco años la situación vaya a ser diferente si se mantiene el mismoesquema.
Pero además la Coparticipación muestra un flanco tan o más preocupante que el de sus orígenes enlos tiempos de Agustín P. Justo. Es una delegación de facultades que, por lo visto, pasódesapercibida para los legisladores que se rasgaron las vestiduras en el debate por la continuidado no de las 1.900 normas delegadas.
No será una delegación del Poder Legislativo al Ejecutivo, pero lo es de las provincias a laNación. No vulnerará la división de poderes, pero sí la esencia del federalismo en cualquiera desus versiones conocidas en el planeta. Los ejemplos abundan y se pueden encontrar en la realidad decualquier provincia. Recientemente, el ministro de Hacienda de Mendoza, Adrián Cerroni, dio aconocer las opciones que maneja la provincia para hacer frente a un déficit que para este año seestima en más de 500 millones de pesos: la emisión de un bono o de letras de tesorería, préstamosbancarios o la constitución de fideicomisos. En Buenos Aires, un diputado provincial justicialistale solicitó al gobernador Daniel Scioli que instruya a los setenta diputados nacionales para quereclamen en forma conjunta un mejor tratamiento para la provincia en la distribución de losrecursos coparticipados. El pedido no es ocioso: si todas las provincias perdieron su participaciónrelativa en el reparto de recursos, Buenos Aires resignó aún más por el congelamiento del ex Fondodel Conurbano en los mismos valores absolutos que hace catorce años.
Otro bonaerense, el diputado Jorge Sarghini presentó de manera cristalina la situaciónrecientemente, en el enésimo seminario sobre Coparticipación Federal: "A las provincias argentinasse le vencen con la Nación, en el año 2010, 11.000 millones de pesos. El gobierno nacional, en elMinisterio del Interior, en el Fondo ATN, tiene acumulado un número parecido", describió el exsecretario de Hacienda.
"Las provincias argentinas pueden pagar sus vencimientos de deuda por alrededor de 11 milmillones de pesos el año que viene con esa plata, que es de ellas, que el gobierno nacional retienepara sí, que les pone Letras de Tesorería y financia sus propios gastos. Si las provinciasargentinas no pagan con su coparticipación estos vencimientos y se les mantiene el flujo deasistencia financiera van a tener, en conjunto, 11 mil millones de pesos más el año que viene",completó Sarghini.
Además, "las provincias argentinas van a aportar en el año 2010 a la ANSES 12 mil millones depesos. Los fondos de la ANSES son de los jubilados, pero están siendo utilizados para financiar alTesoro nacional, porque la ANSES va a tener superávit este año. Buena parte de ese superávit hasido generado por esta precoparticipación que han entregado las provincias".
En palabras del propio Sarghini, "que la Nación coparticipe sus malos, no genuinos, pocorecomendables mecanismos de financiamiento, pero que sean para el conjunto del sector públicoargentino. Puede ser el 50% de lo que las provincias aportan a este superávit del ANSES. Si lessalvamos 11 mil millones de pesos de vencimiento de deuda y les damos 6000 millones de pesos definanciamiento, vamos a estar redondeando un número muy parecido a lo que será el déficit de lasprovincias en el año 2010".
Sarghini dio en el clavo de la perversión del esquema desde el punto de vista financiero.Pero poco después, el sorpresivo cambio de voto de una senadora puso sobre el tapete otras facetasmenos confesables de las relaciones fiscales entre la Nación y las provincias. Si a Stone leinteresa el guión, que tenga prisa. Quizás le resulte más útil a Francis Ford Coppola para "ElPadrino IV".
(*) Agencia DYN




