Barack Obama será el undécimo presidente que la Cuba de Fidel y Raúl Castro ve llegar a la CasaBlanca y, aunque las expectativas de "cambio" prometido por el demócrata norteamericano también hansalpicado a la isla, sus autoridades han dejado claro que, si bien tienen disposición al "diálogo",no van a bajar la guardia ante su histórico antagonista.
Menos ahora que Cuba ha empezado a salir de su aislamiento internacional con la forja dealianzas fuertes como Rusia y China o el restablecimiento del diálogo político y la cooperación conla Unión Europea.
Pero, sobre todo, con el cada vez más amplio apoyo latinoamericano.
En diciembre, la isla ingresó como miembro pleno en el Grupo de Río durante la cumbre celebradaen la brasileña Salvador de Bahía, donde líderes regionales como Luiz Inacio Lula da Silva apelarondirectamente a Obama para que Estados Unidos levante de una vez el embargo que durante más decuatro décadas ha impuesto a la isla.
Al llamamiento se unieron numerosos mandatarios y algunos como el boliviano Evo Morales o elecuatoriano Rafael Correa incluso abogaron por crear un ente diferente de la Organización deEstados Americanos (OEA) con la presencia de Cuba y la exclusión de Washington.
El gobierno de Raúl Castro recibió con visible regocijo estos respaldos pero, cuando la asunciónde Obama empezaba a contarse por días, dejó claro que Cuba quiere un diálogo "sin intermediarios,directamente" con Washington, y con unos puntos claros.
"Nuestra política está definida: el día que quiera discutir, discutimos, en igualdad decondiciones (...) sin la más mínima sobra a nuestra soberanía y de igual a igual", dijo Raúl Castroa la televisión el 31 de diciembre, en una de las escasas entrevistas que ha concedido desde queasumiera el gobierno cubano, primero de forma interina tras la enfermedad de su hermano Fidel enjulio de 2006 y de manera nominal en febrero del año pasado.
Y reiteró que Obama no puede esperar pasos unilaterales de Cuba. "La época de los gestosunilaterales se acabó; gesto por gesto", subrayó Raúl Castro, quien también ha asumido la condiciónestipulada por su convaleciente hermano: no aceptar la "política del garrote y la zanahoria".
El mandatario cubano se tomó su buen tiempo para aclarar las condiciones de su gobierno.
Desde que tomó las riendas del país había lanzado hasta en tres ocasiones la oferta de diálogo aWashington, eso sí, una vez acabada la administración Bush. Sin embargo, a partir de que asumió lapresidencia del país en febrero, coincidiendo con el punto álgido de la campaña electoralnorteamericana, guardó silencio salvo para recordar a Washington que la isla no "descuidaría" sudefensa, hasta que se conoció el resultado de la votación estadounidense.
Un mutismo roto por primera vez en noviembre, cuando el actor norteamericano Sean Penn publicóuna entrevista con el presidente cubano realizada con total secretismo un mes antes en La Habana,pero que no se dio a conocer hasta que estuvo clara la victoria de Obama.
En ella, Castro abogaba por entablar un eventual diálogo con Obama en un "lugar neutral" yproponía, bromeando, que fuera en Guantánamo.
"Tenemos que encontrarnos y empezar a resolver nuestros problemas, y al final del encuentro, lepodríamos dar un regalo... le podríamos devolver a casa con la bandera americana que ondea sobreGuantánamo".
Más en serio sin embargo, dejó clara cuál sería la prioridad de Cuba en el hipotético encuentro:"Normalizar el comercio".
Cuba achaca buena parte de sus agudos problemas económicos al embargo impuesto en 1962 y que,asegura la isla, le ha costado en estas más de cuatro décadas pérdidas por 93.000 millones dedólares.
Obama, aunque ha rechazado un levantamiento total del embargo, sí ha abogado por aliviar ciertosaspectos, como la liberación de los viajes a la isla y el envío de remesas, restringido actualmentea 300 dólares cada tres meses.
Unas perspectivas, más allá del factor racial que ha impactado también profundamente en una islacon mucha población negra o mulata, que han creado gran expectación entre los cubanos, muchos delos cuales tienen familiares en Estados Unidos cuyas ayudas monetarias les ayudan a salvar el finde mes que no pueden cubrir con su insuficiente salario.
Ante estas ofertas, Raúl Castro aseguró a Penn: "Saludamos el reto".
Sin embargo, el economista disidente Oscar Espinosa Chepe duda de la sinceridad de ladisposición del gobierno a hablar con Washington.
"No creo que sean sinceros", dijo en conversación con la agencia dpa, recordando un artículo deFidel Castro en 2007 en el que el histórico líder cubano advertía: "Nadie se haga la menor ilusiónde que el imperio, que lleva en sí los genes de su propia destrucción, negociará con Cuba".
"Ellos saben las simpatías que ha despertado Obama y por lo tanto manejan menos agresividad,pero en el fondo ellos no quieren ningún acuerdo con Estados Unidos porque les ha ido muy bien estasituación de crispación, para cultivar el nacionalismo y para culpar del desastre nacional alembargo norteamericano", explicó.
Para el gobierno cubano, parece estar claro que la pelota está ahora en el campo deWashington.
A sus 47 años, Obama, en coincidencia con más del 70 por ciento de la población cubana, naciócon el embargo que impusiera su antecesor en la Casa Blanca Eisenhower y no conoció, hasta laasunción de Raúl Castro, a otro líder cubano más que Fidel en la isla vecina.
Cuba se jacta de haber sobrevivido a diez administraciones norteamericanas y, como dejó claroRaúl Castro, afirma estar en condiciones de aguantar también la de Obama. "No estamos apurados, noestamos desesperados (...) seguiremos a la espera pacientemente".







