La carrera de Rato es presentada como una montaña rusa, según el sitio español Contexto. “Mezcló siempre la chulería castiza de las familias ricas madrileñas con un suave acento californiano, y tras casarse con Angeles Alarcó, tener tres hijos y declararse amante del yoga y de The Rolling Stones, se convirtió en el superministro y vicepresidente primero del gobierno de José María Aznar en 1996”, lo perfila el medio. Este licenciado en Derecho, doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y MBA por la Universidad de Berkeley, llegó a sonar como posible sucesor de Aznar, una disputa que finalmente terminó ganando el actual presidente español Mariano Rajoy, el mismo que ahora, desde la jefatura del gobierno, eludió toda opinión porque se trata de un “asunto particular”. Pero sus ambiciones comenzaron mucho antes: su sueño era limpiar el nombre de su familia. En los 60, su padre, Ramón Rato, fue acusado de evasión fiscal tras la intervención del Banco español de Siero. Ahora la ilusión se volvió pesadilla: el apellido Rato parece estar más sucio que nunca.
Del yoga a los Rolling Stones
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