Intervención estatal. Esas son las dos palabras que más resuenanpor estos días en el campo de la economía, a lo largo y a lo ancho del planeta, y que han reanimadodebates de vieja data en los planos académico, profesional y político. En concreto, lo que estábajo discusión en varias partes del mundo es la intencionalidad (para qué), el grado de profundidad (cuánto), los sectores involucrados(dónde) y la duración (hasta cuándo) de la intervención del Estado en la economía.
En este sentido, Chávez, Kirchner y Obama encaran tres modelos de intervención. Si bien el conceptoabarca también el dictado de normas regulatorias de los mercados, el foco hoy está puesto en losrescates de empresas en dificultades financieras y en la decisión de, en extremo, estatizar algunascompañías.
Obama. Su determinación de incrementar la presencia estatal en la economía másgrande del planeta delata cierta dosis de pragmatismo que caracteriza al pueblo y a la dirigencianorteamericana. Es decir, el fin último de este tipo de medidas es sacar del pozo, lo antes posible, a la economía evitando por un lado el efectocontagio (tal es el caso de los rescates de entidades financieras como Citibank) y por el otro elsurgimiento de males mayores (tomando como ejemplo el apuntalamiento financiero a algunasautomotrices).
Chávez. El mandatario venezolano procura seguir “a pie juntillas” lasideas plasmadas por Heinz Dieterich Steffan en su libro El socialismo del siglo XXI. En su prólogo, Steffan afirma que la economía de mercado es contraria al bien común, pues la misma no conduce al serhumano a actuar de manera ética, crítica ni estética, sino que por el contrario fomentasistemáticamente los anti-valores del egoísmo, del poder y de la explotación. Con esta doctrinacomo piedra angular de su pensamiento, Chávez está abocado últimamente a la estatización de cuanta empresa se le ponga en el camino.
Kirchner. Correo Argentino, Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas,Tandanor, Papelera Massuh... Si de lo que se trata es de poner bajo la lupa el comportamiento queen materia de injerencia económica estatal está adoptando en este último tiempo el gobiernoargentino, es oportuno concentrarse en primer término en su intencionalidad. Aún cuando desde laCasa Rosada quiera instalarse la idea de que el mismo se da con el objeto de preservar el nivel deempleo y asegurar la provisión de algunos servicios esenciales, lo cierto es que su fin últimoparece ser la resultante de una amalgama de intereses económicos y políticos por parte de losKirchner.
Revista Fortuna



