Economía

Negación e impactos en la economía argentina

Si la inflación supera al ajuste del tipo de cambio, perderemos competitividad.

13-10-2026 | 17:31

A diferencia de muchos habitantes vivos del planeta que se desplazan en cuatro patas el hombrepuede negar la realidad. Ocurrió en los años previos al 2001, cuando en la Argentina y en granparte del mundo se sabía que la convertibilidad del peso estaba herida de muerte y se encaminaba ala tumba, pese a lo cual el gobierno de la Alianza siguió aferrada a esa ficción, con elbeneplácito de gran parte de la población. Hasta que todo explotó. Algo parecido para en Europa.

Todos los europeos creían que la buena vida era para siempre, que el viejo continente eraimbatible e imposible de hundirse (como el sueño de los creadores del Titanic), pero asentados enestadísticas mentirosas consentidas por organismos comunitarios. Las exigencias del imperio de unasola moneda, el euro, llevaron a varios países desordenados a inclumplirlas y, con elconsentimiento de varios bancos (especialmente los alemanes), tiraron la basura debajo de laalfombra.

Ahora, impuestas las restricciones, la voz que se escucha en los medios de comunicacióneuropeos es que los ciudadanos no están dispuestos a afrontar los ineludibles ajustes, en algunospaíses más dramáticos que en otros. Grecia, ya se sabe, no podrá cumplir con sus promesas y notendrá más posibilidades que salir del euro y disponer el default. Una trama llena de suspenso.

¿Austeridad? De ninguna manera. ¿Que el Estado de Bienestar hace agua por todos lados? Noimporta, hay que revivirlo. Aunque se venga el copago en el servicio médico. En el Sur, en lospaíses que bordean el Mediterráneo le toca el turno a las administraciones sociales demócratas, queestán viendo cómo serán reemplazadas en las próximas elecciones importantes. En el Norte, lascentristas conservadoras de Francia y Alemania procuran contener las protestas, pero se desgastancada día más. En otros países vuelve el nacionalismo xenófobo, el separatismo y lasdiscriminaciones violentas. España, en capilla, después de Grecia, eliminó beneficios sociales ycortó salarios, arrinconó a los pensionados y terminó con los subsidios. Se le pide que en 2011duplique esa apuesta.

Pero los omnipotentes dirigentes creen que con el fondo especial de los 700 mil millones deeuros, un paraguas protector, pueden pagar cualquier especulación contra sus mercados y su monedaen terapia intensiva. Hasta este momento, los mercados no creen en nada y están dispuestos acimbronazos o zarpasos. ¿Quién pagará la crisis?

Desde estas tierras.
Un interrogante que golpea en nuestro país es: ¿Qué márgenesle deja la actual crisis europea y mundial a la Argentina? Habrá que ver si el derrumbe del euroarrastra al dólar. Y hasta cuándo se achica el comercio internacional y nuestro posicionamiento enese tráfico de posibilidades escasas.

La fuga de divisas está presente y preocupa después de unos meses de aquietamiento (entre2008 y 2009 se fugaron casi U$S 38 mil millones). El superávit comercial, aunque tengamos buenaventa de cereales, tiene su lado flaco importante porque crecen las importaciones por larecuperación de la producción industrial tras una parálisis pronunciada. Ese incremento importadormotorizó ideas y medidas proteccionistas. Al mismo tiempo, esos mismos recaudos, más el aumento enlos precios internacionales y las pujas salariales, alimentan la inflación interna.

Las importaciones muestran una fuerte correlación con el nivel de actividad industrial y decompras de insumos y de equipos y maquinarias. Pero no se habla de un incremento de lasinversiones, sino de reequipamientos en las plantas ya existentes.

Se discute cuál es la pérdida de competitividad de la producción argentina en estos días.Para muchos observadores esa competitividad se deteriora cada vez más, si bien todo depende de lossectores exportadores, de los formadores de precios (Madera, Minerales no Metálicos) y de losamenazados por las importaciones. Si el retoque del tipo de cambio se efectúa en menor escala quela inflación, con una productividad retrasada, la competitividad quedará gravemente estancada.

(*) La columna salió publicada en la edición del sábado del Diario PERFIL.

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