No hay que olvidar que Siderar a principios de los '90 era Somisa, una empresa estatal por laque no pagaron prácticamente nada". La frase que pronunció el ultrakirchnerista José María DíazBancalari , pocas horas después de analizar junto con laPresidenta en Olivos el caso de la millonaria suspensión de inversiones de la empresa del GrupoTechint, podría haberse considerado una mera reseña histórica si el diputado no hubieseagregado: "No veo nada malo en que lo que fue del Estado vuelva a serlo".
La advertencia llegó pronto y certera a las oficinas centrales del conglomerado industrial quedirige Paolo Rocca, donde aunque afirman no haberla tomado seriamente, la anotaron. "Es unachicana, nos están mostrando un poco los dientes", afirman. En eso términos parece ahora definirsela relación entre el Gobierno y el grupo económico más importante del país, relación que supoconocer tiempos mejores pero que los avatares de la política y los negocios hicieron que sediluyeran sin tregua.
El freno en la construcción de un nuevo horno enla planta de Siderar de San Nicolás, que implicaba un desembolso previsto en U$S1.000 millonesy la contratación indirecta de 2.300 trabajadores cuya resolución se negocia por estos días, marcano sólo un nuevo pico de tensión entre ambos sino un giro en la estrategia del grupo. Ceder ya noes una opción y el enfrentamiento es cada vez más abierto.






