Omar Ariel Pérez, conocido como “el Guascazo”, fue condenado a 35 años de prisión por el crimen de Yanina Pérez, su expareja, ocurrido en febrero de 2024 frente al cementerio de Angaco, en la provincia de San Juan. Pero antes de escuchar la sentencia reconoció su autoría y celebró su decisión: “Sí, yo la maté y lo volvería a hacer 50 mil veces más”, dijo para sorpresa de todos.
A lo largo del juicio, Pérez interrumpió a jueces y fiscales, insultó a quienes lo enfrentaban y hasta se burló de las pruebas presentadas en su contra. Cuando se le preguntó si aceptaba la calificación de homicidio triplemente agravado –por alevosía, vínculo y violencia de género–, respondió con gritos y gestos de desafío. Finalmente, debió ser retirado de la sala y conectado por videoconferencia desde otro espacio para poder continuar la audiencia.
El asesinato de Yanina Pérez no fue un hecho aislado, sino el desenlace de una larga cadena de violencia. El Guascazo acumulaba denuncias por golpes, hostigamientos y hasta intentos de homicidio contra exparejas anteriores. En 2018 ya había apuñalado cinco veces a otra pareja, pero la Justicia lo condenó solo por lesiones leves porque la recuperación demoró menos de un mes.
La relación con Yanina estuvo marcada por el mismo patrón de violencia. Cuando ella logró separarse, pidió a la Municipalidad de Angaco que los reubicaran en diferentes áreas de trabajo, ya que ambos cumplían funciones en el cementerio local. Su pedido fue ignorado. Semanas después, Pérez cumplió con la amenaza que había repetido una y otra vez: la atacó con nueve puñaladas en la puerta del cementerio, la dejó agonizando y escapó en bicicleta. Yanina murió poco después en el hospital.
Durante el juicio, familiares y allegados a la víctima escucharon con impotencia las palabras del femicida. “Lo volvería a hacer 50 mil veces más” no fue solo un desafío al tribunal, sino un golpe directo a quienes aún lloran la pérdida de Yanina.
Su hija, Melina Gómez, se expresó así: “Me queda el alivio de saber que no va a volver a dañarla. A él solo le diría que es un cobarde y que Dios lo ayude”.
El Guascazo tampoco mostró respeto por las pruebas. Se negó a escuchar los audios que él mismo le había enviado a Yanina antes del crimen, cargados de amenazas: “Hice el trabajo que tenía que hacer y le metí 25 puñaladas”, decía en uno. En otro la insultaba y le prometía que nunca estaría en paz. Esos registros se transformaron en piezas clave de la acusación.
La condena de 35 años se unificó con una pena previa por amenazas con arma blanca contra otro hombre. El tribunal remarcó la peligrosidad extrema del acusado y la necesidad de que cumpla su sentencia en el Penal de Chimbas bajo un régimen sin beneficios.
Un aviso que nadie escuchó
R.P.
En 2020, otra expareja de Omar Ariel “el Guascazo” Pérez relató al diario Tiempo de San Juan el calvario que había sufrido durante años. Esa madrugada, en el día de su cumpleaños, Pérez la esperó en la puerta de su casa en Angaco y la atacó a cuchillazos bajo la lluvia: cuatro puntazos en la espalda –uno de los cuales le perforó un riñón– y otro en el brazo derecho que le afectó un tendón. “Creí que me iba a morir”, contó la mujer de 29 años tras salir del Hospital Rawson.
Convivieron ocho años y tuvieron cinco hijos, pero ella lo denunció en 2018 después de otro intento de femicidio en el que intentó ahorcarla y apuñalarla. “Ese hombre está enfermo de la cabeza. Está traumado. Me quiere a mí. Y no va a parar hasta que me mate. Recién cuando me mate va a estar tranquilo y en paz”, advirtió.
Pese a la contundencia de su testimonio, el agresor recuperó la libertad en 2019. Años después, el pronóstico de esa mujer se cumpliría con el femicidio de Yanina Pérez en Angaco.







