La irrupción en las librerías de Buenos Aires del libro de memorias de Mario Firmenich, Orígenes. Las raíces de nuestra militancia (Editorial Sudamericana), desató un sismo silencioso pero profundo en las terminales del justicialismo. En un escenario de profunda discusión y reconfiguración identitaria, el exlíder montonero rompe el ostracismo desde su residencia en Nicaragua, donde trabaja como asesor de Daniel Ortega. Sin embargo, ante el lanzamiento, la parálisis discursiva en la cúpula partidaria es total.
PERFIL realizó consultas de ministros, intendentes del Conurbano, referentes de La Cámpora y cuadros sindicales: nueve de ellos respondieron que “sobre ese tema preferirían no opinar”. El mutismo expone la incomodidad de una dirigencia que prefiere esquivar una parte compleja de su propia historia.
Estrategia. Quienes esperen un texto con densidad formal y academicista se encontrarán con una crónica llana, directa y testimonial. Se trata de un intento de diseccionar la militancia con frialdad de cirujano, desapasionando los eventos más sangrientos de los setenta. El exjefe guerrillero no escribe por nostalgia académica; la obra funciona como la justificación de una tesis medular: Firmenich pide pista en el debate peronista actual y busca una discusión teórica con la conducción del movimiento.
El vínculo con la actualidad económica y la gestión de Javier Milei es explícito. En los fragmentos de la obra, al relatar la explotación feudal de los hacheros tobas en el monte santafesino de Tartagal en 1966, años antes de la fundación de Montoneros, el autor describe cómo los patrones pagaban el jornal mediante vales que solo podían canjearse en la proveeduría del propio obraje, dejando a los trabajadores confinados a una deuda perpetua.
Firmenich sale del pasado y se sube al ring de la economía al sentenciar que “el método es básicamente igual a lo que ocurre hoy con la deuda externa nacional y el FMI”. Utiliza el origen de su militancia territorial para interpelar las urgencias de la Argentina de hoy.
“La idea de que Firmenich pueda seguir teniendo vigencia es un papelón. Él nunca tuvo nada para decir porque está únicamente ligado a la violencia. Mandó a morir a mucha gente sin arriesgarse él. Firmenich no es Galimberti, que ponía su cuerpo”, dice Julio Bárbaro.
El quiebre moral de la conducción guerrillera, según Bárbaro, se consolidó en la llamada “Contraofensiva” de Montoneros entre 1979 y 1980. Aquel intento por reingresar al país de forma clandestina terminó en una tragedia: la inteligencia de la dictadura tenía la operación infiltrada y el saldo fue letal.
“Fue un acto demencial donde vinieron todos marcados. Allí cayeron amigos míos, como Mendizábal, y el supuesto jefe, que era Firmenich, ni siquiera vino”, sentencia el exinterventor del Comfer durante la presidencia de Carlos Menem.
Lawfare. El contraste –según Firmenich– en la fisonomía del peronismo actual es total. Mientras el exjefe máximo de Montoneros permanece apartado de toda estructura oficial del peronismo, varios de sus antiguos subordinados lograron reciclarse en la democracia. Esa línea de acción continúa vigente en la actualidad y se despliega a través del comité Cristina Libre, una mesa operativa integrada por Oscar Parrilli, Jorge Taiana y el actual ministro de Justicia bonaerense, Juan Martín Mena, orientada a difundir en el exterior la tesis de que la expresidenta es víctima de una persecución judicial.
Tal como contó PERFIL este sábado en su artículo sobre la elección de la nueva defensa de Cristina Kirchner, el desembarco de Javier Borrego –un asiduo conferencista del partido de ultraderecha español VOX– genera un fenómeno de “espejo deformante”. El caso del abogado conservador madrileño y el lanzamiento del libro del exjefe montonero generan lo mismo en el peronismo: parálisis discursiva total.
En su libro, el exfundador de Montoneros recuerda cómo la Guardia Rural santafesina sitió y confinó a un grupo de jóvenes católicos en una escuela durante el gobierno constitucional de Arturo Illia, en 1966, por el solo hecho de querer organizar con Roberto Perdía un sindicato legal de hacheros.
Firmenich asegura haber sido víctima de una mecánica similar al sentenciar: “Nos convirtieron en subversivos sin violar ninguna ley”. Con medio siglo de diferencia, el argumento de la persecución política institucional vuelve a unir el pasado y el presente del movimiento.
Conducción. A pesar del esfuerzo del autor por reinsertar sus coordenadas teóricas en la discusión del peronismo actual, el pragmatismo de la estructura partidaria del PJ le impone un cordón sanitario infranqueable. El histórico enojo de Firmenich por quedar confinado al rol de “chivo expiatorio de todo lo malo de los setenta”, choca de frente con las reglas de la construcción de poder real en la Argentina.
Otra de las pocas fuentes del peronismo que aceptó hablar con PERFIL sobre Firmenich –en el más estricto off the record– negó de forma tajante que el exjefe de Montoneros sea excluido de manera sistemática o por una proscripción dirigida, ya sea por el peronismo o por la política en general.
La fuente devolvió la discusión al llano de la realidad factual y demolió la pretensión de vigencia del autor desde Nicaragua con una sola frase: “Él nunca lo intentó. Si él cree que es un dirigente, debería tener a quién dirigir. Si no dirigís a nadie, no podés ser dirigente”.
Más allá del vacío de poder territorial, la reaparición del exjefe guerrillero evidencia una frontera infranqueable que el peronismo fijó entre la política contemporánea y el pasado de las organizaciones armadas. Para Bárbaro, la explicación de por qué otros jefes de Montoneros lograron reinsertarse en las estructuras del Estado mientras Mario Firmenich permanece desterrado responde a una lógica de jerarquías y naturalezas colectivas.
“Lo que pasa es que Firmenich fue el jefe máximo de la organización. También lo fueron Perdía y Vaca Narvaja, pero él fue el mayor jefe”, analiza el histórico cuadro del PJ, marcando que el peso de las decisiones recae siempre sobre el eslabón más alto de la conducción En ese sentido, Bárbaro traza una línea divisoria tajante que define el destino del exlíder guerrillero: “Los personajes de la guerra no son los de la política”.
El lanzamiento de Orígenes busca una revisión metodológica de la militancia, pero choca de frente con la memoria de un movimiento que parece haber
clausurado esa discusión. Como sintetiza el propio Bárbaro. “Los montoneros ingresaron al peronismo asesinando a Aramburu y se fueron de él asesinando a Rucci”.
Firmenich vuelve con un libro de memorias con el que quiere ser parte del debate del peronismo

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