En Phony: La otra madre, la nueva serie de Disney+, la preguntita es tremenda: ¿qué pasa cuando nuestra madre se convierte en alguien que desconocemos? En términos de ficción, ese se convierte en el punto de partida de un misterio que también funciona como una historia sobre el crecimiento, la fragilidad de los vínculos y la dificultad de entender a quienes tenemos más cerca. Los responsables de darle forma a ese universo son Nick Paley y Anthony King, cocreadores y productores ejecutivos de la serie. En su propuesta, el misterio no funciona solamente como un mecanismo narrativo destinado a sostener el suspenso. Es también una herramienta para explorar una experiencia universal: el momento en que el mundo conocido deja de parecer tan comprensible como antes. Dicen King:: “Cuando uno se arriesga con una premisa extraña, que no tiene demasiados puntos de comparación, nunca sabe exactamente qué va a encontrar. Por supuesto, tenemos referencias en películas que amamos y obras que nos sirven de inspiración, pero no había un modelo que pudiéramos seguir de manera directa. Una de las grandes sorpresas fue descubrir que la historia funcionaba emocionalmente como esperábamos. Eso fue una verdadera alegría”. Y suma Paley: “Cada vez que uno asume un riesgo creativo, también se expone al fracaso. Para mí, una buena medida es preguntarse si existe la posibilidad de hacer algo que resulte un desastre, incluso algo vergonzoso. Si esa posibilidad no existe, quizá tampoco haya demasiado riesgo. Pero, si uno está dispuesto a correrlo, también puede llegar a crear algo verdaderamente especial, una obra capaz de atravesar las defensas emocionales del público y proponer algo nuevo”.
—La serie parte de un misterio, pero en el fondo cuenta una historia de crecimiento. ¿Qué los interesaba de esa transición entre la infancia y la adultez?
PALEY: Desde el principio me interesaba la posibilidad de que la sinceridad fuera el corazón del humor. Es algo que también exploré en una película anterior en la que trabajé, Marcel the Shell with Shoes On: la manera en que el personaje se toma las cosas con absoluta seriedad es, en buena medida, lo que hace que resulte gracioso. Pienso también en Cuenta conmigo, una película que logra ser profundamente sincera desde el punto de vista emocional y, al mismo tiempo, muy divertida. El humor no depende necesariamente de los remates o de los chistes, sino de las dinámicas que aparecen entre los chicos. Uno cree en ellos, en sus relaciones y en lo que les pasa.
KING: Queríamos construir una historia de crecimiento que se sostuviera por sus propios méritos, por los personajes y sus transformaciones, incluso más allá del misterio. Uno de los grandes logros de la temporada fue comprobar que ambas dimensiones podían convivir. La investigación no debía sentirse como un agregado innecesario, ni la historia emocional como algo subordinado al enigma. La ambición era conseguir que se fortalecieran mutuamente.
—Hay algo muy particular en esa edad: todo parece adquirir una dimensión enorme. ¿Cómo se relaciona esa intensidad con la mirada de los adultos?
KING: Creo que la adolescencia es probablemente el momento en que uno siente las cosas con mayor intensidad. Todo parece inmenso, épico. El dolor duele más que nunca y la felicidad también parece más grande que cualquier otra cosa. Con la experiencia, uno aprende a atenuar un poco esas sensaciones, a poner cierta distancia.
PALEY: La crianza introduce otra dimensión. Uno nunca ama a nadie con tanta intensidad como a sus hijos, pero cuando llegan a la adolescencia tiene que aprender a disimular parte de ese amor. Ellos no quieren sentirlo todo el tiempo encima. Entonces los padres recurrimos a la ironía, al humor y a otras formas de expresar lo que sentimos sin abrumarlos.
El valor de lo inesperado
J.M.D.
—En la serie, los diálogos tienen un ritmo muy particular. Hay momentos en los que parecen esquivar una respuesta y otros en los que los personajes se muestran de una manera inesperadamente vulnerable. ¿Cómo encontraron ese tono?
PALEY: Creo que eso se debe, sobre todo, a los intérpretes y a su deseo de aportar algo específico a cada diálogo. Tuvimos la ventaja de trabajar primero en el piloto, hacer el casting y después revisar algunas escenas a partir de lo que encontrábamos con los actores. Cuando empezamos a desarrollar la serie, ya habíamos visto el piloto y conocíamos las cadencias, las maneras particulares en que cada uno hablaba. En lugar de imponer una idea previa sobre cómo debía sonar el diálogo, preferimos trabajar con personas que tuvieran una forma interesante de expresarse y una aproximación propia a sus personajes.
—¿Qué lugar ocupa la improvisación en ese proceso? ¿Hasta qué punto están dispuestos a conservar algo que no estaba previsto en el guion?
KING: Mi formación está vinculada con la edición, y me interesa mucho lo que sucede cuando algo no sale exactamente como estaba planeado en el rodaje. A veces se produce un error, una pequeña confusión o un momento inesperado que termina teniendo una belleza propia. Entonces uno piensa: no muevas la cámara, no vuelvas a preparar la escena, porque está ocurriendo algo sorprendente. Hay instantes en los que aparece una parte de la verdad de un personaje que no habríamos podido escribir de antemano. Es algo que sucede de manera fugaz, casi imperceptible, pero que puede cambiar la escena.








