Mark Oliver Everett encontró el título de su decimosexto álbum en una frase del Cookie Monster azulada de Plaza Sésamo. Es el fan de las galletas quien propone una manera sencilla de mirar aquello que termina: no llorar porque la galleta se acabó, sino sonreír porque ocurrió. Para él, esa ocurrencia infantil contiene una idea capaz de atravesar la vida: nadie quiere morir, pero ¿no es una suerte haber podido vivir?
La frase también funciona como puerta de entrada a Eels, el proyecto que Everett conduce desde los años noventa y que fue tan famoso que hasta Tinelli robó su video más famoso. Su música convive con la pérdida, el humor negro y la búsqueda de belleza en los momentos difíciles. Una prima murió en el 11-S. La muerte de su padre, el suicidio de su hermana y el cáncer que terminó con la vida de su madre forman parte de una biografía que narró en Cosas que
los nietos deberían saber y que dejó una marca profunda en Electro-Shock Blues (1998). En Cookie Happened, su decimosexto disco, esa experiencia no se convierte en una lección para los demás: Everett dice que escribe, antes que nada, para recordarse algunas cosas a sí mismo. Cuenta: “Crecí mirando Plaza Sésamo en Estados Unidos. Nunca pensé que el Cookie Monster iba a inspirar el título de uno de mis álbumes, pero un día vi esa frase y me llegó muy profundo. Me pareció que podía aplicarse a todo en la vida. Nadie quiere morir, pero ¿no es lindo que hayamos podido vivir? Él lo reduce a una galletita”.
—¿Qué dice esa idea sobre lo que te importa como artista?
—Muchas canciones son intentos de decirme algo a mí mismo. No estoy predicándole a la gente. La frase me llegó porque me pasa todo el tiempo: pienso que voy a darme el gusto de comer un helado y, cuando llego al último bocado, aparece la sensación de que se terminó. Queda la culpa. Pero intento recordar que el final de algo no borra la suerte de haberlo vivido.
—Muchas personas encuentran en tu música un lugar al que volver cuando atraviesan un momento doloroso. ¿Sos consciente de esa conexión con quienes te escuchan?
— Conozco la pérdida, al menos en alguna medida. Creo que podemos concentrarnos en las cosas buenas. Pasé por situaciones que he contado muchas veces y pude mirar las partes buenas de la vida. Pienso que la
vida es un regalo. También intento pensar las tragedias y las dificultades de una manera positiva. Al principio parece un esfuerzo enorme, pero después podés decir: “Qué vida tan plena tuviste”. Pudiste experimentar alegrías, placeres y también dificultades. Eso es vivir.
—¿Qué te sorprendió del proceso de hacer “Cookie Happened”?
—Fue interesante porque no tenía ningún plan. En gran parte, lo escribí siguiendo una especie de flujo de conciencia. No sabía qué buscaba hasta llegar al final. A veces escribo versos sueltos o junto líneas que había anotado en pedazos de papel que llevo en los bolsillos. Empezás con
frases que te parecen interesantes, las ponés juntas y, de pronto, empieza a formarse una historia. A veces son historias ficticias. Pero, con los años, descubrí que
muchas canciones que creía ficticias terminan teniendo mucho que ver con lo que me estaba pasando. Mientras las escribía no era consciente de eso.
—¿Qué descubriste sobre el arte que no sabías cuando tenías veinte años?
—Creo que bastante pronto entendí que lo importante es hacerlo, crear. Una vez que lo ponés en el mundo, deja de ser asunto tuyo. A partir de ese momento es asunto del mundo. No hay nada que puedas hacer al respecto. Así que tenés que seguir trabajando y ponerte con lo próximo.
“No tenía ningún tipo de plan”
J.M.D.
—Dijiste que muchas canciones empiezan con frases sueltas que anotás en papeles. ¿Cómo se desarrolla ese proceso?
—A veces escribo líneas o junto algunas que había anotado antes en distintos pedazos de papel que llevo en los bolsillos. Podés empezar con frases que te parecen interesantes, ponerlas juntas y, de pronto, empieza a formarse una historia. Entonces seguís ese camino. Algunas veces son historias completamente ficticias. Pero, con los años, descubrí que muchas canciones que creía ficticias terminan teniendo mucho que ver con lo que me estaba pasando en ese momento. Por alguna razón, mientras las escribía no era consciente de eso.
—En todo este tiempo de trabajo, ¿qué sentís que descubriste que puede hacer una canción por vos?
—La música es algo mágico. Me sirve de muchas maneras. Una de ellas es que la miseria busca compañía. Si estás atravesando una ruptura amorosa, vas manejando, prendés la radio y escuchás una gran canción triste sobre alguien que pasó por algo parecido, puede ser reconfortante. También puede expresar alegría pura y hacerte feliz. Puede hacer cualquier cosa. Es increíble.
—¿Eels tiene planes concretos de tocar en Sudamérica y eventualmente visitar Buenos Aires?
—Es una locura que nunca hayamos estado en Sudamérica. Siempre quisimos ir. Estuvimos cerca unas cuantas veces. El problema siempre fue la agenda: las ocasiones en las que podíamos viajar no coincidían con los momentos en que estábamos de gira. Pero, con suerte, algún día vamos a llegar.









