La esencia de la democracia es la competencia electoral, a partir de la cual se pueden cambiar a los gobernantes de manera pacífica y por periodos para evitar los abusos y la tiranía.
Históricamente, la democracia nace como sistema de gobierno de una ciudad Estado cuyo rasgo fundamental es la participación directa de los ciudadanos en la toma de decisiones colectivas, pero circunscripto a ese locus pequeño. La democracia nace local y directa.
En la actualidad no es posible pensar instaurar en municipios o comunidades pequeñas un sistema de gobierno en base a la democracia directa. Coincidimos con Dahl quien sostiene que aún en los pequeños grupos o en pequeña escala, la representación se impone como el mecanismo democrático preferible e incluso de efectiva aplicación.
Ello no obsta y por otro lado resulta necesario e inevitable generar instancias de proximidad, de participación y de involucramiento de la ciudadanía y su gobierno local para mejorar la calidad de la democracia en general.
A partir de fines de los años setenta, se desarrollan en el mundo dos procesos que entendemos cabalgan paralelamente: por un lado, el proceso de descentralización de los estados nacionales; y por otro, el proceso de descentralización de los mismos, con especial énfasis en Latinoamérica.
En Argentina la descentralización del poder estatal se verifica en la transferencia de responsabilidades desde el Estado nacional hacia las unidades subnacionales (estados provinciales) y de estas a su vez, a los estados municipales.
Paradójicamente, la idea presente mayoritariamente en los gobernantes, políticos y la literatura científica es que, casi de manera natural, el proceso de descentralización provocaría una mayor democratización del Estado y el desarrollo de una democracia más sólida y consolidada. (…)
En realidad, la democratización es un proceso abierto, complejo, de largo plazo y, evidentemente de avance no lineal, con marchas y contramarchas.
Desde el punto de vista analítico se podría simplificar el proceso en tres etapas: instauración, consolidación y profundización. En relación a la última etapa, surge la necesidad de analizar con mayor profundidad la democratización de las instancias subnacionales y, en particular los estados locales, en lo relativo al funcionamiento de la democracia.
En ese camino, los inconvenientes detectados en las etapas de consolidación y profundización de las democracias de la tercera ola, tienen que ver con el desarrollo desparejo hacia el interior de los países, tanto en las instituciones gubernamentales, como así también en los niveles subnacionales y locales.
Por lo tanto, como primera observación entendemos que resulta prioritario avanzar en el análisis del desarrollo democrático, al menos en la última década en América Latina para poder evaluar el desempeño de las democracias hacia el interior de la estructura estatal, específicamente, en los distintos órdenes gubernamentales, principalmente intentando mensurar o medir la calidad o rendimiento de las democracias. (…)
Calidad democrática, evidentemente, se referirá a democracias que están por encima de ese umbral mínimo y que cuentan como punto de inicio con: sufragio universal, masculino y femenino; elecciones libres, competitivas, regulares y limpias; más de un partido político; y fuentes de información diversas y alternativas.
Los índices de calidad democrática de alcance global permiten comparar el nivel de democracia en países individuales alrededor del mundo; algunos son muy utilizados por instituciones nacionales e internacionales, bancos y organizaciones, etc., otros tienen únicamente fines académicos.
Así, los índices analizados son utilizados para el estudio sistemático de diferentes cuestiones y tienen, por lo tanto, sesgos diferenciales uno de otros. Algunos prestan mayor atención a la identificación de variables sobre el origen y sostenibilidad de las democracias en el mundo (Índice V-DEM), otros integran cuestiones vinculadas al desarrollo económico y las consecuencias de este sobre aquel o viceversa (Banco Mundial), otros apuntan al cambio de régimen autoritario/democrático (Índice Democracy-Dictatorship DD), a la vigencia de libertades individuales y económicas (The Economist), o a reformas políticas y económicas (Índice Bertelsmann de Transformación). (…)
En suma, los estudios de calidad de la democracia proceden cuando un sistema político reúne los requisitos mínimos de la poliarquía; es decir, cuando las elecciones se han institucionalizado, existe la expectativa de que las elecciones limpias, competitivas y regulares, mantendrán un futuro indefinido; a su vez dicha expectativa es compartida por la mayoría de los actores políticos y la opinión pública y cuando, además, los mismos actores realizan actividades y mantienen conductas en la firme continuidad del sistema. Solo a partir de la existencia de una democracia estable y consolidada comienza la etapa de análisis de su calidad.
*Autor de ¿Lo bueno viene en envase chico? Municipios y calidad de la democracia en Argentina, Editorial UADER. (Fragmento).








