El Bicentenario es una buena excusa para repasar diferentes aspectos de la vida del país. Uno deellos, y muy importante, es y ha sido el espectáculo. Pablo Sirvén lo analiza en el marco desu libro "Breve Historia del Espectáculo en la Argentina", que se enmarca en la colección Clavesdel Bicentenario que publica editorial El Ateneo.
Allí, el periodista repasa la danza, el nacimiento del circo y del teatro rioplatense con lafamilia Podestá, la música, el canto, la radio, el cine y la televisión que hicieron y hacen de laArgentina un faro cultural para Latinoamérica. No quedan afuera el tango, el folclore y elrock, las laureadas producciones del cine, el Teatro Colón y sus magníficas puestas, los shows dela calle Corrientes, enaltecieron a la cultura y el arte locales. También recorre las figuras másemblemáticas en la historia hasta llegar a la actualidad con la "tinellización" de latelevisión.
También acaba de publicar junto a Carlos Ulanosvky, "¡Qué desastre la TV! (pero como megusta)" de Editorial Emecé, donde los autores se meten de lleno en un tema que conocen: lainfluencia de la televisión y sus personajes en la casa de los argentinos.
Para el secretario de redacción de La Nación, la tele perdió su "monopolio" audiovisual: "Hay que revisar lo que era antes, conPepe Biondi, por ejemplo: llegar a cincuenta puntos de rating y ahora ni siquiera una final defútbol lo logra".
El fenómeno de la televisión local reside, según Sirvén, en su doble discurso. "Ya lo decíaDiscépolo, La Biblia y el Calefón. Cómo puede ser que una televisión tan berreta con programas depaneles, con chimentos escatológicos, a la noche con los periodísticos de noche reventada, laPolicía en Acción. Esa misma televisión puede ser el cuarto exportador de formatos en el mundo". Unpaís de contrastes, sin dudas.
En Argentina "podés ser al mismo tiempo la misma persona, tener esta dualidad de grandeza yde histeria, todo unido", resalta. "A mí me da la sensación de que la televisión está como muy aplicada hacía lo miserable: por razones económicas, desbordó lacultura chimentera sobre toda la televisión, desbordó el tema de los programas clonados y losprogramas de archivo sólo reproducen lo malo, y acentuan la sensación de que todo es más horriblede lo que es".
En esa vorágine, Marcelo Tinelli - líder indiscutido de la televisión popular - se convirtió en "una nave madre" al conducir un programa "hegemónico" del que vive el restode la televisión: "E s un gran productor con un GPS de las cosas que le gustan a la genteen el momento". Nadie, según el periodista, ha alcanzado ese nivel de popularidad y vigencia: "Yono me acuerdo alguien que tenga veinte años seguidos de vigencia en lo más alto. Ha habido genteque ha estado mucho más tiempo en la televisión, como Mirtha Legrand, pero ha sido entrecortado yno ha estado siempre en la cúspide del rating".







