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El ocaso de Hugo Guerrero Marthineitz

La noticia indicaba que había sido desalojado de su monoambiente en Barrio Norte.

23-08-2026 | 13:02

La noticia, el 10 de septiembre, cayó como baldazo de agua helada:decía que el locutor Hugo Guerrero Marthineitz había sido desalojado de su monoambiente en Barrio Norte porque hacía dos años que no pagaba elalquiler. Agregaba que ese día revoleó enojado sus estatuillas Martín Fierro por la ventana y que salió en untaxi con la cabeza cubierta por una bolsa de consorcio. Ahora, en una mañana ajetreada en BuenosAires, en el lobby del hotel Guido Palace que alguien accedió a costearle, este hombre de 85 años,emblema de la radiofonía de los '70, aparece envuelto en un persistente perfume, con la camisaabotonada hasta el cuello y el pelo engominado. Después sí, la mano extendida –“Buendía, señorita”– y la obstinada decisión de castigar a esta cronista por llegar alencuentro algunos minutos tarde.
A este guardián de las buenas formas, cuyas objeciones al gobiernonacional empezaron el mismo día en que Néstor Kirchner rompió las reglas de protocolo durante suacto de asunción, será difícil preguntarle sin que se moleste por algo. Su mayor riqueza hoy eseste orgullo férreo y ampuloso. Porque económicamente está acabado. Apenas quedan vestigios deaquel periodista que organizaba grandes comidas, que a su novia de turno le compraba ropa en la5ta. Avenida de Nueva York y que llegó a ganar US$ 20.000 mensuales. Hoy sobrevive con un litro de leche por día y pide fiados los diarios deldomingo.
Vida convulsionada. Cuando habla desconcierta. Salta de un tema a otro y combina opinionesdesencontradas (“Recién ahora recuerdan que los indígenas son ciudadanos argentinos” o“las Madres de Plaza de Mayo criaron terroristas”); resentimientos profesionales conrecuerdos de la infancia en Lima; críticas al Gobierno con teorías conspirativas y la impronta deun cascarrabia con risas pícaras. Si con los gastos lo ayudan sus hijos –María Gabriela, de46 años, Diego, de 43 y Hugo, de 27– no lo va a contar, porque esos “son asuntos defamilia”.
La nota completa, en la última edición de la Revista Noticias .

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