Por qué Lula no es partidario de los piquetes

En su biografía "El hijo del Brasil", cuenta en primera persona por qué "la huelga que necesita piquetes no tiene organización".

08-10-2026 | 18:05

Lea su testimonio, en los días en que comenzaba a asomar como sindicalista.

Yo no soñaba con ser patrón. Soñaba con ser un buen operario. Ese era mi gran sueño. Lasexperiencias de las huelgas no me influenciaron más tarde, cuando me hice dirigente. Las huelgasson más o menos violentas de acuerdo con el grado de organización que uno tiene en el lugar detrabajo. Yo tengo conciencia de eso y sé que es así. Cuando se tiene mucha organización no hayviolencia, uno no necesita exponer a ningún trabajador. Uno decide que nadie va a trabajar y nadietrabaja y listo. Ahora bien, cuando uno no tiene organización, va a una asamblea de un gremio quetiene 50.000 personas, y 500 tipos deciden hacer una huelga, la tendencia natural es que esa huelgasea violenta. ¿Por qué? Porque se trata se una minoría que está allá en la asamblea tratando que elgremio pare. Como la mayoría no participó de la decisión, es normal que uno tenga mucharesistencia, y entonces es necesario hacer piquetes.

Yo siempre decía que la huelga que necesita piquetes no tiene organización. Porquesi tuviera organización, no precisaría piquetes. Uno coloca uno o dos tipos vigilando, cuando senecesitan piquetes es muy difícil mantener una huelga, cualquiera que sean las circunstancias. Sino existe el problema del huelguista exponiéndose ante los empresarios, exponiéndose ante lapolicía, existe el problema de la relación entre los propios huelguistas.

Cada vez que se hace un piquete se tiende a ser agresivo, a insultar, a decir malas palabras.Y eso va creado una animosidad entre los propios trabajadores. Durante mucho tiempo en el Sindicatode Sao Bernardo do Campo yo trabajé, con los compañeros más conscientes, la idea de la que nodeberíamos ir a la puerta de las fábricas a crear animosidad con el rompehuelgas; lo quenecesitábamos era hacerlo nuestro compañero en esa lucha.

Era necesario tener cuidado con las palabras que se usaban. Por ejemplo, uno va a la puertade una fábrica - como muchas veces íbamos para evitar que los tipos hicieran horas extras - y unosuelta un “cornudo”, larga un montón de insultos. Yo constanté que eso no ayudaba: eltipo quedaba ofendido con el sindicato, ofendido con los compañeros y eso se transformaba en unacuestión de honor. El tipo no tenía que obedecer a nadie, porque había sido basureado. Entonces, yo siempre utilizaba como método dar palabras de aliento.

Recuerdo un día a Mercedes Benz para evitar que los trabajadores entraran a hacer horasextras. No me acuerdo bien la fecha, fue en 1980 y tantos, y en la puerta de la fábrica había unos5000 trabajadores queriendo entrar para hacer horas extras. Había una gente agrediendo a esostrabajadores que querían entrar, diciéndoles alcahuetes y cosas por el estilo. Yo les dije queestábamos allí solo para decirles lo siguiente: "A nosotros no nos gustaría que ustedes entraran ahacer horas extras. Juro que nadie, nadie, va a ponerles una mano encima, nadie va a ofenderlos.Vamos a respetarlos igual si entran o si no entran; ustedes son trabajadores como nosotros. Yo séque la situación económica a veces implica que el compañero quiera hacer unas horas extras paramejorar su ingreso, sé que muchos compañeros utilizan las horas extras para comprarse unoscigarrillos, para tomarse su cervecita o para pagar cuotas de algo que compró. Yo lo comprendo. Elproblema es que estamos en una guerra contra la empresa. Y si ustedes hacen horas extras ahora enmarzo, le van a dar a la empresa las piezas que esta necesita en abril. Ahí va hacer lo que quiere.Por eso yo les pediría que no entraran, pero si ustedes quieren entrar, nuestra amistad va a ser lamisma, el respeto por ustedes de parte de nuestro sindicato va a ser el mismo".

Y fue increíble porque no entró nadie.

Lula, el hijo del Brasil. De Denise Paraná. Editorial El Ateneo.

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