El emperador Akihito destacó en un nuevo aniversario de la rendición japonesa en la Guerra, los "profundos remordimientos" por el pasado guerrero de su país. Desde su asunción al trono en 1989, Akihito ha luchado por encarnar un Japón pacifista y respetuoso que se firmó en la Constitución de 1947, impuesta por los vencedores, en la cual el emperador perdió su carácter divino.
"Al mirar nuestro propio pasado y sintiendo profundos remordimientos, deseo sinceramente que jamás se repitan los estragos de la guerra", dijo el emperador, hijo de quien fue el encargado de comentar al mundo la rendición incondicional de Japón en agosto de 1945, luego de que los Estados Unidos arrojasen dos bombas atómicas, sobre Hiroshima y Nagasaki.
Por su parte, varios ministros y parlamentarios visitaron el lunes el santuario patriótico de Yasukuni en Tokio en homenaje a las víctimas del conflicto, lo que podría suscitar de nuevo la cólera de China y Corea del Sur. Esta lugar de culto sintoísta recuerda a unos 2,5 millones de muertos por el país, entre ellos 14 japoneses que los aliados condenaron como criminales de guerra tras el final del conflicto.








