Su extensión, su escala, todo ese tiempo en la autopista hacen que, para muchos, Los Angeles sólo sea un placer adoptivo. Pero no pasa eso cuando se visita el centro.
Similar a Nueva York en su densidad y mezcolanza, el centro, arruinado desde hace mucho, se ha convertido en un destino accesible y amigable para los turistas durante los últimos años. Los “angelenos” se desplazan en masas, y realmente caminan muchísmo.
El inmenso complejo de entretenimiento L.A. Live es uno de los principales responsables de este cambio, pero los bares clásicos tipo estudios y los imaginativos restaurantes que parecen abrir casi cada tres días también son parte de esta resurrección.





