Cuando asumía Obama, hace siete meses, muchos analistas se preguntaban cuales serían susprimeros pasos para con Latinoamérica. Pero luego de la reunión de Trinidad y Tobago, donde lassonrisas y los abrazos estuvieron a la orden del día entre todos los líderes del Hemisferio, elclima político regional comenzó lentamente a resquebrajarse.
Aunque no visiblemente, los norteamericanos recién ahora han comenzado a mostrar sus cartas en la región. Y quizás han elegidoenfocarse primero en las “necesidades urgentes”.
El problema del narcotráfico es la clave estratégica central por estas horas. Estados Unidossufre en su frontera sur el ingreso de mafias armadas, que ya inclusive atacan a sus fuerzas deseguridad. La situación en México se ha descontrolado y Obama ya ha bajado dos veces al D.F. aplantear el problema. Y pese a que el demócrata en la campaña electoral había sido duro con laColombia de Uribe, quizás intentando despegarse de su antecesor Bush y los republicanos, larealidad demuestra que la nueva administración sigue los mismos pasos que el texano había iniciadoaños atrás.
Ayer el canciller colombiano Jaime Bermúdez, junto a la Secretaria de Estado Hillary Clinton, presentaban su plan a la prensa en Washington. Hace unas semanasera Uribe mismo el que le planteaba el problema a Obama. Fotos nuevas, pero las mismas políticasfrente a los mismos problemas.
“Los Estados Unidos no quieren tener bases en Colombia, solo queremoscolaborar”, afirmó ayer Hillary. “El comando y el control, la seguridad y la administración, son responsabilidadcolombiana”, reafirmó la Secretaria. “Estamos trabajando por el bien común regional, queremos ayudar a Colombia a combatirel narcotráfico y el terrorismo”, todas frases que su par colombiano acentuaba congestos de afirmación.
Pero como es sabido, el plan no le cae nada bien a los sudamericanos, y menos a Chávez que hainiciado una batalla frontal. “Nos quieren dominar a punta de bayonetas”, contestó ayerpor la noche el bolivariano en un programa televisivo, agregando: “Toda esta estrategia militar imperial está escrita en un documento. Es una fórmulaque inventaron para desplazar tropas de gran envergadura y controlarnos. Nadie le cree a laSecretaria de Estado. Ni ella misma se cree lo que dice”. Recordemos que Chávez haceunos días habló de “vientos de guerra”.
Las diatribas de Chávez chocan contra la desconfianza de Colombia y los norteamericanos. Hacetiempo que Bogotá dice que Caracas colabora directamente con las FARC e inclusive hace unas semanasacusaron los colombianos directamente a Venezuela de proveerles a los terroristas (que Chávez llamamilitantes) lanzadores de cohetes de origen sueco.
Y como si fuera poco, recordemos que también hay otro problema grave aun no resuelto. La crisishondureña se estira en el tiempo, y Zelaya sigue paseando por el continente buscando apoyopolítico. Mientras tanto representantes de Micheletti buscan en Washington un guiño hasta laspróximas elecciones de noviembre y los norteamericanos dicen confiar en los costarricenses parasolucionar el problema. Chávez siente que lo quieren acorralar. Por las dudas planea nuevos viajesa Irán, a Rusia y a Belarús. Y mientras ello ocurre, la secretaria Clinton le pide a los latinos“tener sensatez”.
(*) Especial para Perfil.com







