El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se pasó el martes electoral alentando a los votantes a acudir a las urnas como si él mismo estuviera en la boleta. “Si nuestra gente vota, ganamos por paliza”, insistió desde Truth Social, donde siguió los comicios legislativos estado por estado a lo largo de todo el día.
En un país donde el voto no es obligatorio, y en medio de una caída histórica de su popularidad, el mandatario convirtió las elecciones intermedias en un referéndum sobre su gestión e instó a sus seguidores a torcer una balanza que las proyecciones inclinaban en su contra, con el control de ambas cámaras del Congreso en juego.
Acorralado por los coletazos económicos de una ofensiva en Medio Oriente de la que todavía no logra salir airoso, Trump llegó al cierre de una jornada que en algunos estados se extendió hasta las 3 de la madrugada (hora argentina) enfrentando un voto castigo que amenaza el control republicano del Congreso.
En tanto, las primeras encuestas a boca de urna confirmaron lo que anticipaban los sondeos: según CBS y NBC, solo el 38% de quienes votaron aprueba su gestión, la cifra que se encamina a ser la más baja para un presidente en unas intermedias y muy por debajo del 45% que tenía en 2018. Se trata de mediciones sobre quienes votaron, no sobre el conjunto de la población. Si bien sus resultados preliminares se fueron ajustando a lo largo de la noche, el mensaje fue claro: según estas mediciones, el 43% votó en parte para expresar su rechazo al presidente, una proporción muy superior a la de hace ocho años.
La jugada más resonante del día llegó en plena votación, cuando Trump anunció en Fox News que Estados Unidos dejará de pagar a fin de año los cerca de 4.000 millones de dólares anuales en ayuda militar a Israel. Lejos de ocultar el cálculo, explicó que la medida le quita a los demócratas un “argumento de campaña” y la vinculó directamente con la disputa por la banca de Michigan.
Sin embargo, no le bastó para combatir uno de sus puntos débiles: la economía, que volvió a ocupar el centro de la escena electoral. Según NBC, el 39% la señaló como el tema más importante y el 65% sostiene que las políticas de Trump empeoraron la situación, algo que el mandatario buscó contrarrestar en las últimas semanas con la promesa de cheques de 5.000 dólares.
Los estados clave
Al cierre de esta edición, las principales cadenas de televisión comenzaban a difundir sus primeras proyecciones en función de resultados que consideran irremontables. Por su lado, NBC proyectó la reelección del demócrata Jon Ossoff en Georgia y ABC, la de Mark Warner en Virginia, bancas que los demócratas ya tenían y se esperaba que retuvieran, por lo que todavía no dicen nada sobre el tamaño de la llamada “ola azul”.
Sin embargo, no son cifras oficiales sino números parciales que apenas marcan una tendencia, en un país donde cada estado tiene su propio sistema electoral y define cuándo y en qué orden se cuentan los votos. Por ejemplo Georgia, donde Ossoff se imponía por 72% a 28% con el 20% escrutado, según ABC, suele contarse primero el voto anticipado, que este año, según los datos de afiliación, se inclina hacia los demócratas.
La corona es el hasta hoy republicano Texas, donde el demócrata James Talarico, figura en ascenso de su partido, se enfrenta al fiscal general y candidato del MAGA Ken Paxton, en una contienda que las encuestas mostraban empatada. Su popularidad creció a tal nivel que Elon Musk lo llamó “pura maldad” en X y donó 158 millones de dólares a un comité que terminó financiando a Paxton. “Hay algo profundamente mal en un sistema político que le permite a un billonario comprarse su propio senador”, respondió Talarico quien, en caso de ganar, será el primer demócrata elegido senador por ese distrito desde 1988.
El voto latino es otra de las claves. Según NBC, el 43% de los latinos se identificó como demócrata, frente al 39% de 2024, y la ventaja de ese partido subió a 16 puntos. El telón de fondo son los operativos del ICE, aunque con matices: en Florida, el estado menos antitrumpista, el 55% de los latinos respaldaba la campaña de deportaciones, y más del 70% entre los cubanos, según un sondeo de la Universidad Internacional de Florida.
El recuento seguirá toda la madrugada: el cierre de los centros de votación se escalona por husos horarios y los últimos, en Alaska, cierran a las 3 de la mañana de Argentina. Y la demora abre otro frente: Trump insinuó que el sistema electoral está “arreglado”. “Si los republicanos pierden su control, es probable que Trump desconozca el resultado de la elección”, había anticipado a PERFIL Ernesto Calvo, politólogo de la Universidad de Maryland. La fecha clave será el 3 de enero, cuando asuma el nuevo Congreso.
¿Pueden los demócratas ganar ambas cámaras del Congreso?
Es algo inusual. Desde la Segunda Guerra Mundial, la Cámara de Representantes y el Senado han pasado de un partido al otro en la misma elección de mitad de término en apenas tres ocasiones: 1946, 1994 y 2006. El factor común cuando ocurre es un electorado que exige un cambio o una frustración generalizada con el Presidente, algo que ocurriría con Trump si se tienen en cuenta las encuestas que reflejan su piso histórico en desaprobación.
Estrategas de ambos partidos creen que los demócratas van camino de ganar una mayoría en la Cámara de Representantes, donde los republicanos comenzaron el actual Congreso con un margen estrecho de 220-215. Sin embargo, la llave la tiene el Senado donde la contienda es voto a voto. Los republicanos tienen 53 de las 100 bancas y, como el vicepresidente desempata, los demócratas necesitan sumar cuatro sin perder ninguna propia, en un mapa que los obliga a ganar en varios estados donde Trump se impuso en 2024. Por eso la llave pasa por Texas, Carolina del Norte, Ohio y Maine. Si lo consiguen, Trump enfrentaría sus dos últimos años de mandato con el Congreso en contra, algo que no le ocurrió en su primer mandato.










