Ningún enemigo conoce tanto a Rafael Correa como su hermano mayor, el empresario Fabricio Correa Delgado. Un año atrás los “compadres”rompieron relaciones luego que el presidente ordenó rescindir contratos de empresas de su hermanocon el Estado.
La guerra íntima comenzó cuando el ingeniero de 50 años calificó de “corrupto” al gobierno y, en diálogo con PERFIL, lanzó un reto de caraa los próximos comicios en Ecuador: “No descarto la candidatura presidencial. Lo que Dios yla patria esperan de mí es que lidere un movimiento político y si en dos años tengo que asumir unacandidatura, lo haré”.
El ingeniero, que busca posicionarse como la principal figura de la oposición, criticó lacercana relación de Quito con Caracas. “En Ecuador no manda mi hermano, gobierna Chávez. Elpaís no está dirigido por Rafael Correa o por los ministros sino por un buró político de ultraizquierda que recibe instrucciones de Chávez a través del canciller Ricardo Patiño”, aseguróel fundador del movimiento PAIS, con el que el primer mandatario llegó al poder en 2006.
Por ese entonces, Fabricio era la mano derecha de un ascendente Rafael y contribuía alfinanciamiento de su campaña. Pero la influencia del líder bolivariano generó las primerasdiscusiones entre los hermanos. “Ecuador es la próxima Venezuela. Va por ese camino a todavelocidad”, sentencia el mayor de los Correa.
—¿Por qué está enfrentado con su hermano?
—A mí me duele mucho la ruptura. Mi mamá sufre mucho. El gobierno inventó la calumnia queyo salía a denunciar porque el Estado me había rescindido los contratos. Pero los contratos no sonmíos. El problema es que una empresa de las muchas que trabajan aliadas conmigo no entregó unacoima a un cuñado del vicepresidente Lenín Moreno.
—¿Por qué el gobierno lo percibe como el principal enemigo?
—Porque soy el único que en un ambiente de terror, en el que los jueces están controladosy la fiscalía es un brazo armado del gobierno para perseguir a la oposición y tapar ladelincuencia, dice en voz alta lo que todo el mundo comenta en voz baja. En un principio denunciéen silencio y con prudencia. Les dí las pruebas a Rafael de la corrupción. Y él no me escuchó.
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