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George Bush, un presidente en el purgatorio de la historia

Hace años que el texano sabe que el día que deje la Casa Blanca no será aclamado entre los más grandes presidentes.

George Bush, un presidente en el purgatorio de la historia
21-08-2026 | 18:49

Hace años que George W. Bush sabe que el día que deje la Casa Blanca no será aclamado entre losmás grandes presidentes. Por eso lleva meses repitiendo: "La historia será la que me juzgue".

Si por muchos fuera, el texano de 62 años sería declarado inmediatamente "el peor presidente dela historia". Así lo declaró una encuesta informal de la web especializada "History News Network"(HNN) entre 109 historiadores: 107 de ellos dijeron que su presidencia fue un "fracaso", y el 61por ciento lo puso "entre los peores de la historia".

"Es un poco pronto para juzgar si la presidencia de Bush es la peor jamás vista, aunque conseguridad es una candidata al título. Sin duda, está entre las peores", afirmó uno de loshistoriadores consultados.

Fuera de las fronteras estadounidenses es fácil comprobar el escaso aprecio que Bush despierta,pero tampoco entre sus compatriotas es mucho más querido: Sus cifras de aceptación están en mínimoshistóricos, por debajo del 30 por ciento.

Bush se marcha con la economía en recesión, con el déficit y la deuda pública disparados y condos guerras en marcha cuyo desenlace sigue siendo incierto. Aún peor, le acusan sus detractores, elpresidente número 43 consiguió dilapidar la imagen de Estados Unidos en el planeta con polémicascomo Guantánamo o la de las torturas en los interrogatorios.

Algunas imágenes resumen en términos muy negativos su presidencia: las vejaciones a los presosen la cárcel iraquí de Abu Ghraib, los detenidos con trajes naranja en Guantánamo, los efectosdevastadores del huracán "Katrina" y la falta de reacción gubernamental en Nueva Orleans.

En el lado opuesto, lo cierto es que sus propios defensores sufren para glosar sus éxitos. FredBarnes, un columnista del conservador "The Weekly Standard" citó recientemente diez logros, entrelos que se encuentran el boicot al Protocolo de Kyoto, haber evitado un nuevo ataque terroristacontra Estados Unidos, haber restaurado la autoridad presidencial y haber apoyado ciegamente aIsrael.

"¿Cuál es el puesto de Bush entre los presidentes?", se pregunta Barnes. "No lo sabremos hastaque sea juzgado con la perspectiva de dos o tres décadas", se responde. "La perspectiva forzó unaaguda actualización de las presidencias de Harry Truman y Dwight Eisenhower. Dados sus logros,podría tener el mismo efecto para Bush", sentencia.

Encerrado en la historia, Bush demostró sin embargo en los últimos meses su talla como animalpolítico. Sabedor de su mala imagen, se retiró voluntariamente a un segundo plano en la campañapara elegir a su sucesor. Y una vez elegido Barack Obama, le dio casi todas las facilidadesposibles en la transición, tal y como admiten en el equipo del presidente entrante.

En sus entrevistas de despedida, Bush habla de los deseos de retirarse tranquilamente a Texas,de la "cercanía al Todopoderoso" y del orgullo que le produce el "no haber vendido el alma por lapolítica". Porque si de algo se precia es de haber tomado todas sus decisiones convencido de queeran las correctas.

Todas esas decisiones habrían sido muy distintas sin lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001.Ese día se volteó todo el programa que tenía en mente un presidente que había llegado al cargoprometiendo responsabilidad fiscal y un "conservadurismo compasivo".

Entonces llegaron la declaración de "guerra al terror", las invasiones de Afganistán e Irak, lasamenazas a Irán y Corea del Norte, los enfrentamientos con los antiguos socios europeos y unaretahíla de leyes nacionales denunciadas ampliamente por los defensores de los derechos civiles,entre otras polémicas.

Nada fue ya lo mismo para Bush, ni para Estados Unidos ni para el mundo. Convencido de estarembarcado en una cruzada moral, puso casi tanto empeño en destruir el mal como hacer el bien,escenificado para él en la "expansión de la democracia".

Con Osama bin Laden aún en libertad y sabedor de que su guerra contra el terrorismo no tiene sufinal cerca, "43", como lo llaman muchos medios estadounidenses por su ordinal en la presidencia,intentó buscar un legado hacia el final de su mandato.

Pero sus intentos casi desesperados fracasaron: no consiguió la reforma migratoria en casa, nila paz entre israelíes y palestinos, ni un principio de acuerdo sobre cómo combatir el cambioclimático, un fenómeno que al principio de su presidencia negaba. Por eso sólo le queda aferrarse ala historia y esperar a que alguno de sus proyectos termine en éxito. Pero ya será muy lejos de sucontrol.

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