•El ejemplo del iraqu Muntadhar al-Zeidi

Le tiraron un zapato al premier chino en Cambridge

Wen Jiabao hablaba de economía en esa universidad, cuando un joven le gritó dictador y le arrojó su calzado. El video de la doctoral agresión.

21-08-2026 | 21:39

El tema de los zapatos voladores encierra un peligro latente para todos los políticos. Como losservicios de seguridad no pueden que periodistas (o en este caso, estudiantes) entren descalzos aeventos políticos, el original "lanzamiento" popularizado por el iraquí Muntadhar al-Zeidi, que apunto estuvo de pegarle en la cabeza a George W. Bush, tuvo eco en Londres.

Fue nada menos que en la señorial Universidad de Cambridge, donde un joven definido como "deaspecto occidental y cabello oscuro" le arrojó uno de sus zapatos al premier chino Wen Jiabao,mientras este pronunciaba un discurso sobre la economía mundial.

Jiabao estaba llegando a la última parte de su discurso cuando el agresor se levantó y gritó: "¿Cómo puede esta universidad prostituirse con este dictador aquí? ¿Cómo se pueden escucharestas mentiras? ". Acto seguido, le arrojó un zapato , sin alcanzarlo, pero generando un enorne revuelo entre los agentes de seguridad.

El manifestante, de alrededor de 20 años, arengó al resto de los asistentes a "levantarse yprotestar", pero el silencio fue total mientras personal de seguridad lo sacaba de la sala a losempujones.

Visiblemente molesto, Jiabao reprendió al agresor, y luego señaló que "estos comportamientosdespreciables no pueden estar en el camino de la amistad entre China y el Reino Unido".

Los dispositivos de seguridad habían hecho pasar a todos los asistentes por detectores demetales. Mientras tanto, la policía se ocupaba de mantener lejos del premier chino a un nutridogrupo de opositores a la política china en el Tibet y las violaciones de los derechos humanos delgigante comunista.

Luego del episodio, Wen Jiabao regresó a su país, cerrando un viaje que lo había llevado tambiénal Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, a Alemania y la UE con sede en Bruselas.

Fuente: Diario The Times, Londres

También en Perfil