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El silencio de Milei frente al triunfo de Lula es un problema serio

El Partido Liberal reconoció el resultado de las elecciones brasileñas, pero Javier Milei mantuvo silencio ante la victoria de Lula. Las diferencias ideológicas entre presidentes no pueden subordinar una relación entre dos países que comparten comercio, empresas, ciudadanos y una enorme cantidad de intereses.

El silencio de Milei frente al triunfo de Lula es un problema serio
Hoy 13:52

El Partido Liberal de Brasil, que llevó como candidato a Flávio Bolsonaro, reconoció el resultado de las elecciones. Algo que inicialmente Bolsonaro no había hecho. Yo leo esto como una especie de toma de distancia del propio Partido Liberal respecto del candidato derrotado. Y no es un detalle menor, porque el partido va a tener un papel muy importante en el Parlamento brasileño.

Su presidente, Valdemar Costa Neto, reconoció los resultados proclamados por el Tribunal Superior Electoral, aunque planteó que existen algunos cuestionamientos que deben ser esclarecidos.

Uno de esos cuestionamientos estuvo relacionado con la extensión del horario de votación durante dos horas, que había sido uno de los argumentos utilizados por Flávio Bolsonaro para no reconocer inicialmente el resultado. El problema es que esa extensión había sido solicitada por ambas candidaturas. De modo que la figura de Bolsonaro empieza a quedar, en algún punto, desconectada de su propio partido.

Donald Trump, por su parte, habló de una elección “amañada”. Yo creo que Trump dijo eso no solamente mirando a Brasil, sino también mirando a Estados Unidos y a sus propias discusiones electorales.

Pero acá aparece el problema argentino. Y me parece un problema muy serio. El silencio de la Argentina. Javier Milei mantuvo silencio. No emitió una declaración sobre el resultado ni siquiera para felicitar al pueblo brasileño por la jornada electoral. Podría haber hecho exactamente eso: “Felicitamos al pueblo brasileño por la jornada electoral”. Ni siquiera era necesario mencionar a Lula. Pero no lo hizo.

Y acá me parece que tenemos dos problemas. El primero es la dificultad que tiene Milei para reconocer una cuestión de carácter democrático cuando el resultado no coincide con sus preferencias políticas. El segundo es todavía más importante: el Presidente termina subordinando los intereses de la Argentina a cuestiones personales y políticas. Argentina y Brasil tienen desde hace tiempo una relación diplomática deteriorada. Y esto excede muchísimo a la política.

Estamos hablando de trámites burocráticos, cuestiones migratorias, ciudadanos argentinos que viven en Brasil, brasileños que viven en la Argentina, negocios, exportaciones, importaciones, comercio, autopartistas y compañías que trabajan en ambos países. No estamos hablando de una discusión personal entre Milei y Lula. Estamos hablando de dos Estados.

Por eso me resulta difícil entender que desde la Casa Rosada se haya llegado incluso a plantear que el tema de la elección brasileña no fue tratado en una reunión de gabinete. Es raro.

La Argentina ni siquiera encontró una fórmula diplomática mínima para salir del paso. Hay una ética en la derrota. Hay una frase de Felipe González que siempre me pareció muy importante: hay una ética en la derrota. La democracia consiste, entre otras cosas, en aceptar una derrota electoral. Y esto no significa estar de acuerdo con quien ganó.

Muchos presidentes de la región que tienen diferencias ideológicas profundas con Lula reconocieron el resultado.

José Antonio Kast, en Chile, habló de la necesidad de continuar trabajando entre ambos países, de integración económica y del combate al crimen organizado. Es algo básico. Puede tener tantas diferencias ideológicas con Lula como Milei. Pero se comporta como un presidente. No como un jefe faccioso.

Daniel Noboa, en Ecuador, habló de los enemigos comunes, de los desafíos compartidos y de todo lo que puede ganar una región cuando sus países trabajan juntos.

Desde Colombia, donde gobierna Abelardo de la Espriella, apareció una frase todavía más clara: ni un presidente decide por los ciudadanos del otro país ni el otro decide por los suyos. Decide la gente. Cuando el pueblo se pronuncia en las urnas, esa voluntad se respeta. En eso consiste la democracia.

Y uno puede agregar algo elemental: dos presidentes pueden tener profundas diferencias políticas e ideológicas y, al mismo tiempo, comprender que sus países se necesitan mutuamente. Ese es el punto.

Argentina y Brasil necesitan recomponer la relación. Otros gobiernos de la región también reconocieron el resultado brasileño. La reacción argentina fue distinta. Y me parece grave.

Argentina y Brasil, aun considerando todas las diferencias personales, políticas e ideológicas entre Milei y Lula, necesitan recomponer su relación. ¿Cómo? No tengo idea.

Milei ya consiguió en otra oportunidad recomponer una relación después de haber formulado agravios muy fuertes. Ocurrió con el papa Francisco, a quien había llegado a llamar “el representante del maligno en la Tierra”. Después lo arregló.

Acá también habrá que encontrar alguna forma. Porque las relaciones entre países no pueden depender exclusivamente de si sus presidentes se gustan, se detestan o coinciden ideológicamente. Argentina y Brasil tienen una relación demasiado importante como para quedar atrapada en eso.

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