miércoles 29 de junio de 2022
ACTUALIDAD Día de la tradición

Por qué Martín Fierro, un gaucho asesino y desertor, es el prototipo del argentino

Huye de la justicia, se une a los aborígenes “enemigos” de la patria, critica al estado nacional y siempre anda solo. Sin embargo, el gaucho creado por José Hernández sintetiza valores esenciales de la argentinidad. Hoy se lo recuerda en homenaje al nacimiento de su creador, José Hernández.

10-11-2021 08:05

Hace 187 años nacía José Hernández, periodista, poeta y político, y padre de una de las obras más emblemáticas de la literatura argentina: Martín Fierro. Este poema narrativo, escrito en verso y perteneciente al género de la gauchesca, está dividido en dos partes: El Gaucho Martín Fierro (1872) y La Vuelta de Martín Fierro (1879). 

Martín Fierro está narrado como una autobiografía ficcional y relata las vicisitudes de la vida del personaje principal, Martín Fierro. A lo largo del siglo y medio transcurrido desde su publicación, esta obra ha jugado un rol político, social y cultural de suma importancia. 
Fierro es considerado el prototipo de la argentinidad. Sin embargo, como explica Karina Galperín, profesora de la Universidad Torcuato Di Tella, esta imagen que se tiene del personaje es construida varias décadas después, por Leopoldo Lugones

El centenario, tanto de la Revolución de Mayo como de la Independencia, años de reflexión sobre el concepto de argentinidad, se vio envuelto en las oleadas inmigratorias. 

La Profesora Galperín cuenta que, ante la fuerte presencia del extranjero en la figura del inmigrante, Leopoldo Lugones dio una serie de conferencias en la segunda década del siglo XX donde hizo del Martín Fierro “nuestro” poema épico y el texto central de la argentinidad. Asimismo, realzó al gaucho como el héroe épico argentino. 

José Hernández 20211109
Alfredo Alcón como Martín Fierro, en la película homónima de Leopoldo Torre Nilsson (1968); María Aurelia Bisutti, su mujer.

“Es una movida bastante peculiar, porque el gaucho es una figura que desde inicios del siglo XIX es el emblema del outsider. Es la figura de aquel que no permite o no participa de todo aquello que se necesita para construir una nación”, considera Galperín.

Cuando se publicó, Martín Fierro fue un libro con muchísima popularidad y marcó un récord de ventas. Sin embargo, la élite letrada miraba a esta obra con mucho recelo. Esto es llamativo porque, según analiza Galperín, esta obra, o por lo menos la primera parte, fue escrita “con una voluntad de denuncia” dirigida especialmente a las clases letradas, y buscaba intervenir en el debate coyuntural sobre qué hacer con los gauchos y los indios

Quién fue Ricardo Guiraldes, el poeta de los gauchos
Estampas de otros tiempos.

Galperín sostiene que Martín Fierro puede interpretarse claramente como una denuncia social. Es una obra en la que, como en muchas otras de esa época, aparece la figura del “gaucho malo”. Sin embargo, a diferencia de otras que sostienen que este gaucho es malo por naturaleza, Hernández plantea un escenario distinto. En su obra, el gaucho, que es “bueno, productivo y familiar por naturaleza”, como explica Galperín, se hace malo a partir de la intervención y las injusticias del Estado

No obstante, este rol de denuncia social no es exclusivo del Martín Fierro, sino que es una característica de la gauchesca desde casi el inicio. Este género funciona como un “modo de vehiculizar malestares, quejas y denuncias frente al Estado”, agrega Galperín. 

A pesar de la intención del Martín Fierro de ser un texto de intervención en la realidad coyuntural, el verdadero éxito lo tuvo en las clases populares y, sobre todo, en las rurales. Esto puede haber llevado a un fenómeno de identificación de estos grupos con la obra y con el personaje. De hecho, su enorme éxito en ventas y en circulación le dio la legitimidad literaria para su posterior canonización. 

Icardi Gaucho Chic
El "gaucho" Mauro Icardi, en el siglo XXI.

150 años después de la publicación de la primera parte, Martín Fierro sigue siendo el texto principal de la argentinidad. Galperín concluye que es “extraordinario” que, en una sociedad que está centrada en una ciudad, que desde muy temprano fue una metrópolis, el libro fundacional “sigue añorando un pasado rural, campestre y subalterno”. 

MM