Urbanismo e historia

Alejandro Virasoro

Alejandro Visoro. Arquitecto muy importante para el art deco. Foto: cedoc

A ntes se llamaba en Buenos Aires Código de Planeamiento Urbano. Ahora se llama Código Urbanístico. Ya no hay planeamiento.

La gran trampa son los llamados “convenios urbanísticos”, mediante los cuales las empresas desarrolladoras obtienen permisos “especiales” del gobierno porteño (Mauricio Macri comenzó con esta tendencia) si a cambio de eso le hacen algún aporte “sustantivo” a la Ciudad. Por ejemplo, el edificio de Zaha Hadid, en Libertador, tiene una altura desproporcionada, que rompe la armonía del resto de los edificios de la traza. Además de los graves problemas de submuración que tuvo (casi se cae, hubo que evacuar al lado), es estéticamente negativa una torre tan alta, cuando ningún edificio en esa zona tiene esa dimensión (venden la vista exclusiva al campo argentino de polo). Esta falta de armonía no es casual: es falta de “planeamiento urbano”. La trampa fue construir en la Ciudad “un edificio de Zaha Hadid”, una arquitecta iraquí reconocida que obtuvo el importante premio Pritzker (primera mujer en obtenerlo, también Denise Scott Braun, aunque su marido, con quien lo compartió, fue solo a recibirlo, sin ella). Así se “vendió” el proyecto. Así obtuvo del gobierno el permiso “especial”.

Lo grave es que ni siquiera se trata de un edificio de Zaha Hadid. De Zara Hadid es solo la carcasa (que algunos han bautizado “edificio de las tangas”, porque el frente parece una serie de bombachas negras apiladas), no el edificio. El edificio es enteramente un producto comercial privado, que no representa ningún “aporte” cultural sustantivo para la Ciudad. Al contrario. Es solo un “buen negocio” para los desarrolladores. Nada más. Zara Hadid no interviene en el diseño ni en la construcción.

Descuidar el patrimonio es la contracara de estos permisos “especiales”. En muchas ciudades europeas se restauran los edificios viejos. Se respeta la historia de los edificios, las calles, parte de la cultura. En Buenos Aires, al revés, no se invierte en restauración: se demuele. Se borra de un plumazo la “historia” patrimonial urbana. Todo es un negocio “desarrollador”.

Alejandro Virasoro fue un arquitecto muy importante para el art déco en Argentina. Escribió mucho. Se lo estudia en la Facultad de Arquitectura. Es un arquitecto reconocido. Ahora, sobre la calle Pacheco de Melo, cerca de la Facultad de Ingeniería (gótica, que quedó sin terminar, y que iba a ser originariamente la Facultad de Derecho), están demoliendo una de sus obras. Esta pérdida irreparable de patrimonio no se justifica con ningún negocio inmobiliario. Buenos Aires no tiene, se ve, ningún resguardo urbanístico. Nadie resguarda. Regalan la historia urbanística. Destruyen la historia de nuestra ciudad. El edificio que están demoliendo es idéntico a otros que están sobre la calle Ayacucho, que ya tienen “aviso de obra”, igual que en Belgrano. Lo que están haciendo es tan ridículo como demoler el hotel Alvear.

Pronto terminarán de demoler lo poco que queda en pie: una pared blanca donde se ve, en el frente, el nombre del arquitecto “A. Virasoro”. Pronto desaparecerá y en su lugar habrá otro edificio funcionalista de monoambientes (que tampoco apuntan a resolver problema habitacional alguno, se construyen decenas de torres en la Ciudad, pero nadie encuentra dónde alquilar: se destruye patrimonio pero no para resolver la crisis habitacional que viven los porteños sino para sostener negocios inmobiliarios de inversores que ni siquiera están en Argentina: no viven aquí, ellos no saben quién fue Virasoro ni les importa tampoco). En otros países sí se resguardan las obras de sus grandes arquitectos. Se cuida el patrimonio. En Buenos Aires, no.

Paseo Gigena era el estacionamiento público del hipódromo. Obtuvieron un “permiso” especial para hacer un parque, pero no es un parque: es un shopping (privado, aunque pudieron construir porque dijeron que iban a hacer un parque público). Lo único que parece un “parque” está en la terraza. Y parece más una decoración que un “paseo”. Hay oficinas de Ualá.

*Abogado especialista en  derecho internacional.