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venganzas

Renovación de la tragedia

En la columna anterior comenté fragmentos de un diálogo con mis amigos del grupo de chat de “En el camino”, donde se abordaba el tema de la autoría real de La Odisea, que una voz más autorizada que la nuestra atribuía a un autor distinto y de distinto sexo que el de La Ilíada. Olvidadizo como soy, ya no recuerdo quién era mujer y quién hombre y cuáles eran las razones argumentativas para aplicar el concepto de género a la construcción de la obra literaria. Ya el varoncito Harold Bloom en su momento armó algún revuelo proponiendo que Jehová era una dama. ¿Y qué? ¿Para qué pedirles cédula de identidad a la teología y a la literatura, que vienen a ser lo mismo? Sobre todo cuando muchos de los libros que nos importan son solo fragmentos de la obra originaria, mutilados por el tiempo, modificados, traicionados o reescritos por los traductores, o abandonados por desidia o muerte del autor original. Según tengo entendido, en España se armó un pequeño escándalo, reemplazado a la semana siguiente por otro, a causa de que una película que se difunde en Netflix se presenta a Cervantes como amante de un moro durante su cautiverio en Argel. ¿Y? ¿Qué dice eso del Quijote?

Pero a lo que quería ir, es decir, volver, homéricamente hablando, era a un punto del chat donde mi amigo B. mencionaba que, luego de la conquista de Troya –caballo de madera mediante–, el pequeño Astianax o Astianacte, hijo de Héctor –quien fue el principal defensor de la ciudad hasta que en combate singular lo abatió Aquiles–, fue arrojado desde lo alto de las murallas. Como no tenía La Ilíada a mano, busqué donde hoy se busca información y fuente, para examinar la naturaleza de ese horror y sus motivos. Así como ahora los medios fastidian con las vicisitudes de Wanda Nara, los griegos, que se tomaban más en serio su historia y sus ficciones, dieron de ese acto versiones distintas y una sola explicación: que ese crimen se debió a la condición de heredero de su abuelo, el rey Príamo, y de su padre Héctor. Muerto Astianax, cortada la línea de sucesión con su muerte, ya nadie reconstruiría Troya ni buscaría vengar a sus reales difuntos.

Sigue la próxima.

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