Cómo golpeó a Sea Lion y sus socios comerciales el anuncio de Javier Milei
Las acciones de Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, del proyecto petrolero Sea Lion en las Islas Malvinas, se desplomaron hasta un 10% en las bolsas de Tel Aviv y Londres tras el decreto argentino contra proveedores del yacimiento. El golpe financiero alcanza a bancos como HSBC y a aseguradoras vinculadas al negocio, pero no roza a Vaca Muerta: sus proveedores de fractura hidráulica y perforación no tienen contratos con Sea Lion. La paradoja la explica Harbour Energy, quien adquirió Premier Oil y que en 2022 vendió su parte en Malvinas y apostó todo al shale neuquino, anticipando el costo político de operar cerca de las islas en disputa.
El golpe fue duro. Las acciones de Navitas y Rockhopper Exploration cayeron hasta 10%. Para petroleras, en tiempos de alza del precio del barril y demanda de títulos privados es una catástrofe. Al punto que derivó en la necesidad para los dos socios del proyecto malvinense Sea Lion de dar explicaciones a los accionistas en todo el mundo, algo reservado sólo para informes trimestrales. Básicamente, lo que buscan desesperadamente es asegurar que pese a la embestida de Argentina contra sus proveedores, la operatoria offshore aun puede ser rentable. Algo que entró en cono de dudas. Y no hay nada peor para un inversionista que perder dinero. Más en un rubro donde no hay problema en poner algunas fichas en el Golfo Pérsico o en el estrecho de Ormuz o en cualquier plaza donde haya gobiernos que violen derechos humanos. Se puede negociar.
Como contrapartida, la comunidad de Vaca Muerta está tranquila. Prácticamente no hay proveedores que trabajen con las grandes petroleras que avanzan rápido y furiosamente en el yacimiento neuquino que tengan contratos con las dos involucradas en el proyecto ubicado a 200 kilómetros de Malvinas. Y, si los hubiera, esos proveedores serían reemplazados por otros. Todo pelota.
El problema está en el sector financiero, algunas aseguradoras y para un gigante de los servicios de telecomunicaciones. Si se aplica el decreto que impide a cualquier empresa trabajar en el país, habría varios afectados. Y ahí empiezan los problemas para Navitas Petroleum, con un 65% del proyecto, y Rockhopper Exploration, con 35%. La estructura financiera que los sostiene es distinta. La segunda cotiza en el mercado alternativo de la Bolsa de Londres, con BASF (Alemania), EIG (EE.UU.) y Letter One (Luxemburgo) como principales accionistas. Se gestiona a través de bancos de inversión que perdieron fortunas luego del anuncio. Entre otros, figuran Canaccord Genuity y el HSBC. No se registra presencia del primero en el país, pero el problema es para el HSBC, que debería abandonar su negocio residual de banca corporativa y estratégica, el área que mantiene luego de vender la minorista al Galicia en 2024.
El financista de Sea Lion es en realidad Navitas, que cotiza en Israel y su base de capital está muy ligada grandes casas de inversión y aseguradoras de ese país que gestionan fondos de ahorro y pensiones. Entre ellos se encuentran Meitav Investment House, Phoenix Investments & Finances y Harel Mutual Funds. Una aclaración importante es que Navitas Petroleum no opera con fondos públicos, con lo que no debería haber ruído entre ambos gobiernos.
Sobre los proveedores de servicios petroleros que podrían ser sancionados vale una aclaración. Es importante distinguir entre la naturaleza técnica de los proyectos en Vaca Muerta y la especialización de empresas como SBM Offshore y Aibel, dos compañías muy reconocidas que trabajaron y trabajan aportando infraestructura a Sea Lion y que ya no podrán presentarse en Argentina. Se trata de privados con experiencia y capacidades orientadas exclusivamente a proyectos mar afuera. Dado que Vaca Muerta es un yacimiento no convencional localizado en tierra firme, el tipo de proveedores que requiere difiere totalmente. Por eso sus proveedores, como Halliburton, SLB, Baker Hughes y Tenaris están a salvo de sanciones.
Hubo alguien que la vió. En sus orígenes y durante años, la petrolera inglesa Premier Oil fue operadora principal y socia mayoritaria del proyecto en asociación con Rockhopper Exploration. En esa etapa (aproximadamente entre 2012 y 2020) fue la cara visible de los intentos de desarrollar el yacimiento, encargándose de la ingeniería básica, los estudios de impacto ambiental y la búsqueda de financiamiento inicial. Todo cambió cuando en 2021 Harbour Energy adquirió Premier Oil, convirtiéndose en el productor independiente de petróleo y gas más grande del Reino Unido en el Mar del Norte.
Tras la compra, Harbour Energy heredó los activos de Premier Oil, incluyendo su participación en Sea Lion. Sin embargo, su estrategia cambió radicalmente: decidieron desinvertir en activos que consideraban “no estratégicos” o riesgosos, como los de las Malvinas. Con esto, tomaron la decisión de salir de Sea Lion, lo que le abrió la puerta a Navitas. En 2022, se formalizó el acuerdo por el cual la israelí adquirió los activos que Harbour Energy (heredados de Premier Oil) tenía en el archipiélago, incluyendo su participación del 65% en la licencia de Sea Lion. En consecuencia, actualmente Harbour Energy no tiene ningún vínculo operativo, financiero ni de propiedad con Sea Lion.
¿Porqué tomó esta decisión? Por dos motivos. Para concentrarse en el Mar del Norte. Y el segundo es notable por la capacidad de lectura política: adelantandose a los tiempos y sabiendo que más tarde o mas temprano explotar petróleo en Malvinas sería políticamente complicado si se quería mantener una relación con Argentina, el directorio de la empresa eligió Vaca Muerta. Aún perteneciendo a capitales ingleses. El motivo es simple y claro. Harbour Energy no es nueva en Argentina. De hecho, es un actor importante en el yacimiento neuquino. Posee una participación relevante.
Harbour declaró públicamente cada vez que pudo que considera a Argentina como una zona estratégica, buscando expandir tanto su producción de gas como su incursión en el shale oil. Está además presente como accionista en uno de los proyectos más importantes, ambiciosos y que más dólares puede dejarle al país. En Southern Energy, firmó un acuerdo de participación para adquirir el 15% del capital. Se trata de un proyecto para instalar una planta flotante de licuefacción para exportar gas de Vaca Muerta al mercado global. El consorcio estima exportaciones totales superiores a los US$ 20.000 millones para el periodo comprendido entre 2027 y 2035; lo que lo convierte en un gran negocio potencial. Mucho más que Sea Lion, que aportaría unos US$ 8.000 millones y distribuidos a lo largo de 40 años.
Es lógico que se elija Vaca Muerta por el proyecto malvinero. En definitiva, en gran parte, se trata de negocios.
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