La participación de las mujeres en la gobernanza de Naciones Unidas es un reflejo de lo que ocurre en el mundo, donde aún se visualizan múltiples discriminaciones y desigualdades que limitan e impiden el acceso de las mujeres a los niveles de decisión; mientras los documentos y los acuerdos que se firman en el ámbito de Naciones Unidas son de avanzada respecto a la presencia de las mujeres y niñas en toda su diversidad en las distintas esferas de la vida. Cuando se analiza y observa el manejo y desarrollo del tema en la gobernanza de Naciones Unidas se ve es una entidad muy conservadora y nada avanzada respecto a la igualdad de género. Esto puede parecer una exageración, pero no lo es. Por el contrario, está semana cuando se difundió la segunda votación informal de los Estados integrantes del Consejo de Seguridad respecto a las y los candidatos a la secretaría general y se constató que los tres primeros lugares correspondieron a dos mujeres y un hombre candidato.
Vale decir que, si bien se reconoce este año la secretaría general debe ser ocupada por primera vez por una mujer, y además es el turno de que sea de la región de las Américas, en esta votación informal se respetó la región, pero no el género de quien ocupara ese lugar. Motivo por el cual, el tercer lugar continúa siendo para un candidato varón. Me dirán que la cabecera la pelean, en forma muy pareja, dos mujeres; es cierto. Pero el hombre sigue presente, aunque sea en el tercer lugar.
Si se respetara la prioridad que se menciona, debería haber desaparecido, y ese lugar lo ocuparía otra mujer. La permanencia del candidato varón demuestra lo débil que es el apoyo a que sea una mujer la próxima secretaria general. Esto es un indicio de lo difícil que es ser y demostrar que es una organización de avanzada y ejercer la igualdad de género como algo normal y habitual, para permitirles conducir la ONU. Avalando esto, la candidatura del varón candidato fue presentada por Argentina, país que niega la diferencia o desigualdad de las mujeres, pero se opone a todo lo que implica asegurar o garantizar los derechos de las mujeres. Y por supuesto, Estados Unidos apoya esa candidatura masculina, otro país que actualmente tampoco abraza la desigualdad de género como una realidad.
Es interesante apuntar que a fin de sostener la igualdad en Naciones Unidas las mujeres son las segundas, y tal vez, por allí se puede llegar a filtrar una mujer en ese cargo, si es que no hay consenso en las candidaturas. Al igual que cuando se lo designó a Guterres, ahora podría ser que la alterna del secretario general sea elegida como figura de acuerdo. No parece lo ideal, no solo porque las y los candidatos están pasando pruebas y entrevistas que les permite manifestar sus ideas y propuestas, sino porque además no es lo mejor para que la primera secretaria general sea electa así, en forma no transparente, ni por su valor específico, que no dudamos lo tiene, pero al ser electa como recurso para zanjar las diferencias lo pierde y eso no es menor.
Llegar a este nivel sería que el tercer lugar del candidato masculino no avance. Esto puede resultar por el veto que alguno de los cinco países de los quince que tiene esa potestad lo haga por su actividad como responsable de la organización que controla la capacidad de los países de producir la bomba atómica o sus predecesores. Irán es el gran monitoreado y eso puede producir la oposición de un país aliado a Irán, como Rusia. Si así se margina al varón candidato, entonces la pelea entre las mujeres candidatas puede ser no solo muy interesante, sino también muy sangrienta. Eso es lo que debemos evitar, porque todas son mujeres con gran valor y potencialidad en política exterior y de sus países.
La lucha por la secretaría general no es el final, sino un escalón más en sus vidas políticas. Y frente al desafío que implica se designe a una mujer en ese cargo, dejar un tendal de lesionadas no solo no es lo ideal, sino que no es lo recomendable para asegurar el éxito futuro de la elegida, que va a necesitar el apoyo de las otras candidatas en las funciones que actualmente tienen y/o en las futuras que alcancen. Todo esto nos lleva a plantear cuidadosamente la negociación, velando hombres y mujeres que queremos una mujer en ese cargo, para que la armonía y el respeto permitan acuerdos que faciliten lograr en tiempo y forma una designación. Allí no acaba la tarea, debemos tratar de lograr los apoyos claves para un buen desempeño y para eso se necesita respaldo económico. El arma poderosa que manejan los países más ricos, y que ya aplicaron. El problema es que no sigan y que no sumen a otros.