fatigas

El riesgo de viajar

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Al momento de hablar de Periplo, en una entrevista de Ricardo Zelarayán publicada en Clarín en 1975, Juan Filloy dice: “Es un viaje por el patio líquido que es el Mediterráneo, por todas las naciones que bordean el Mediterráneo. Conozco Egipto hasta la presa de Asuán; conozco Tierra Santa como la palma de la mano, Grecia, etcétera. Y vea, he andado a pie. Hay que dejarse de macanas. ¡Esas giras turísticas que lo llevan de la nariz! (…) ¿Usted ha visto la gente que anda en automóvil? Son culones, tienen la cintura pesada. Por ejemplo, en Norteamérica, donde la proliferación del automóvil llega a proporciones catastróficas, la gente no sabe caminar”.

Años más tarde, a propósito de Turistas, Hebe Uhart, en cambio, reniega de la pretensión de distinguirlos de los viajeros, diciendo que “es algo que suelen hacer los organizadores de viajes o los periodistas diciendo que un turista es una persona a la que llevan a todos lados, mientras que un viajero es alguien que viaja con criterio, pero si bien no se puede negar que hay distintas formas de viajar, no es una diferencia tan tajante, porque a la larga el viajero termina como el turista, dando vueltas por la calle principal de la ciudad que visitó, y esa calle termina siendo como su casa”.

Cada uno tiene su parte de razón o, al menos, el derecho ganado a categorizar a piacere por haber escrito espléndidamente sobre el tema, lo mismo que otros, como Ezequiel Martínez Estrada, quien, con sus textos sobre ciudades de Europa, América Central o Estados Unidos, hace honor anticipado a algo dicho por Filloy en la misma entrevista, “El escritor debe ser una especie de notario público, dar fe del momento en que vive”.

En cualquiera de sus expresiones, de las vacaciones a la búsqueda de aventuras más riesgosas, y casi con cualquier presupuesto dado que incluso caminando podemos cambiar de ambiente y, si somos como Filloy, habrá exotismo hasta dando la vuelta manzana, “camino con tensión helénica”, el viaje desafía a la imaginación. Su riesgo principal no es tanto perderse o sufrir imprevistos, como volver y sentir, como en Viaje al fin de la noche, que “el resto de las cosas no son sino decepciones y fatigas”.