COLUMNISTAS
Conexión

La necesidad de ser visto

310126_celular_smartphone_cedoc_g
Cambios. La materialidad ha cedido su lugar a una ficción digitalizada que circula sin cuerpo. | cedoc

Habitamos tiempos increíblemente extraños: nunca fuimos tan visibles y, simultáneamente, nunca estuvimos tan profundamente ocultos. De hecho, vivimos bajo un imperativo régimen ético de la invisibilidad donde todo lo corpóreo debe ser convertido en dato, toda expresión emocional en mero algoritmo y todo gesto en emoji, suprimiendo de ese modo aquello que constituye el principio mismo de la ética. Ciertamente, como afirmaba Umberto Eco, “la ética comienza cuando comparecen los otros”. Pero ¿qué ocurre cuando los otros ya no comparecen, cuando su presencia real se ha disuelto en las pantallas, cuando el rostro ha sido reemplazado eficazmente por su simulacro digital?

Jean Baudrillard lo intuyó con claridad visionaria: nuestras vidas se han convertido en representaciones sin original. No vivimos, nos representamos viviendo. No sentimos, exhibimos emociones codificadas. La realidad corpórea, esa materialidad vulnerable que nos constituye, ha cedido su lugar a una ficción digitalizada que circula sin cuerpo, sin peso, sin consecuencia. El otro ya no es un rostro que me interpela, sino una imagen que consumo, un perfil que proceso, un conjunto de datos que mi dispositivo administra.

Esta liquidez contemporánea, para utilizar el concepto fundamental de Bauman, disuelve toda solidez, toda permanencia. Preferimos la comodidad de las conexiones virtuales, donde podemos administrar la cercanía y la distancia con un clic, donde la invisibilidad del otro no es un accidente: es una condición funcional de este tecnocapitalismo tardío que requiere sujetos desvinculados que se relacionan con el mundo como usuarios, nunca como ciudadanos, jamás como prójimos.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

También Byung-Chul Han ha diagnosticado con precisión quirúrgica esta endémica enfermedad: nos exhibimos compulsivamente, pero esta visibilidad no es comparecencia ética sino pura exposición pornográfica del yo. El régimen de la invisibilidad opera paradójicamente a través del exceso de visibilidad: cuanto más nos exhibimos, menos comparecemos verdaderamente ante el otro.

¿Por qué ocurre esto? Porque la mirada ética exige tiempo, atención, vulnerabilidad. Requiere que nos detengamos ante el rostro del otro, que permitamos que su presencia nos afecte, nos transforme, nos responsabilice. Pero nuestro tiempo es el de la aceleración infinita, el scroll perpetuo, incluso el “scrolleo” de los demás, como señala Santiago Álvarez Farré, la estimulación constante. No tenemos capacidad para la atención profunda, solo para la distracción perpetua.

Sin embargo, contra este régimen de la invisibilidad, debemos reivindicar la dignidad irreductible de la mirada. El mundo humano lo es porque está poblado por personas que son vistas y por personas que miran. La mirada no es una mera función óptica: es encuentro, reconocimiento, responsabilidad, cuidado. Cuando miro verdaderamente al otro, cuando permito que su rostro comparezca ante mí en su vulnerabilidad y su singularidad, se abre el espacio de lo humano. La ética no comienza en la ley ni en ningún principio filosófico abstracto, sino en ese momento único, frágil y radical en que el otro me mira y yo sostengo su mirada.

Necesitamos recuperar el arte perdido de la presencia, de estar verdaderamente ante el otro, de permitir que su corporalidad nos interpele. Necesitamos ralentizar, demorar, hacernos voluntariamente opacos, resistir la transparencia total. Necesitamos volver a ser vistos, no como imágenes que se consumen sino como personas que comparecen. Porque solo en la mirada que se sostiene, y que nos contiene, en ese encuentro irreductible entre dos presencias corpóreas, se funda la posibilidad misma de lo más profundamente humano: ver y ser vistos.

*Profesor de Ética de la Comunicación Escuela de Posgrados en Comunicación Universidad Austral.