Inteligencia artificial y elecciones
El modelo de la política moderna, forjado al calor de la Ilustración y la Revolución Industrial, entró en crisis con el derrumbe del siglo de las ideologías y terminó de colapsar en un mundo atravesado por la hiperconectividad y la inteligencia artificial. Hoy, comprender la política exige ir más allá de partidos, líderes y discursos tradicionales, para observar cómo se comunican las personas, cómo interactúan entre sí y cómo esas dinámicas producen efectos inesperados que desafían encuestas, estrategias clásicas y estructuras institucionales.
El paradigma de la política, nacido con la Ilustración y la primera Revolución Industrial, se mantuvo vigente hasta el fin del siglo de las ideologías y colapsó tras la caída del Muro de Berlín y el advenimiento de la cuarta Revolución Industrial.
Alex Pentland, en su reciente libro publicado por el MIT, Shared Wisdom, Cultural Evolution in the Age of AI, establece bases importantes que permiten repensar la comunicación y la política. A esta obra deben sumarse textos imprescindibles como New Power: How Anyone can Persuade, Mobilize, and Succeed in our Chaotic, Connected Age, de Jeremy Heimans y Henry Timms, así como Here Comes Everybody: The Power of Organizing Without Organizations, de Clay Shirky.
En la caótica e hiperconectada era de la inteligencia artificial, para comprender la política necesitamos entender cómo se comunica la gente y de qué manera su interacción produce efectos desconcertantes, más allá de lo que dicen organizaciones, partidos o líderes tradicionales.
Los mensajes clásicos de la comunicación política se volvieron ineficientes si no están inmersos en una estrategia que dé coherencia a todo lo que se hace o se comunica
Los mensajes clásicos de la comunicación política se volvieron ineficientes si no están inmersos en una estrategia que dé coherencia a todo lo que se hace, se deja de hacer, se comunica o se deja de comunicar. El progreso tecnológico empezó con la sabiduría compartida por nuestros ancestros en torno a fogatas hace miles de años. Hoy ha surgido un nuevo tipo de comunidad virtual en la que la gente común protagoniza la política, comunicándose más allá de las instituciones y los liderazgos.
La experiencia como base del análisis. La teoría por sí sola resulta insuficiente para explicar los fenómenos actuales; es necesario recurrir a la experiencia, la cuantificación y la observación de procesos concretos. En la mayoría de las elecciones se producen, durante la recta final, enormes desplazamientos de electores que desmoronan las previsiones de las encuestas, contradiciendo incluso las más actuales. Los estudios sí anticipan la dirección de esos movimientos, que suelen ir en contra de candidatos formales con discursos estructurados, y se producen al margen y a veces en contra de los partidos y organizaciones políticas. Los electores han cobrado autonomía, están en contra de las instituciones.
Electores sin definiciones duras. En los países en que aplicamos la encuesta del día anterior a los comicios, han crecido tanto los indecisos, que es imposible conocer lo que ocurrirá al día siguiente. Hablando solo de casos recientes, en las últimas elecciones ecuatorianas superó el 30%, en Bolivia estaba indeciso el 49% de los electores, cuando antes de esta transformación en ningún país la indecisión superaba el 15%.
Las actitudes de los electores son volátiles. En septiembre de 2025 el peronismo obtuvo en la provincia de Buenos Aires el 47% de los votos, frente al 34% de La Libertad Avanza (LLA). Un mes después, LLA obtuvo el 42% y el peronismo el 41%. En las elecciones presidenciales ecuatorianas del año pasado, Daniel Noboa empató con el correísmo en la primera vuelta con el 44%. Un mes después ganó por 56% a 44%.
El poder de las movilizaciones. A diferencia de los eventos controlados por partidos y organizaciones –donde el público solo escucha–, hoy cobran relevancia las movilizaciones autoconvocadas, horizontales, en las que no hay discursos de políticos. Ejemplos de esto en Argentina fueron la Marcha del Silencio, que reunió a 400 mil personas bajo una lluvia torrencial pidiendo justicia por Nisman, o las movilizaciones apartidistas de la campaña de Mauricio Macri en 2019, que atrajeron a millones de votantes.
Las movilizaciones autoconvocadas han demostrado su capacidad de derrocar gobiernos estables. En Líbano, la Revolución de Octubre de 2020 desbarató no solo al gobierno sino al sistema, uniendo a ciudadanos de todas las confesiones contra un impuesto a las llamadas de WhatsApp. En Nepal, en 2024, el gobierno colapsó ante las protestas de jóvenes de la llamada Generación Z, que se sublevaron por el bloqueo de las redes sociales, con una violencia que incluyó el incendio de residencias oficiales. En Irán estamos viviendo una insurrección masiva contra el gobierno de los ayatolás, que han prohibido el acceso a internet. En todos los casos la gente se moviliza por causas poco comprensibles desde la lógica tradicional.
El futuro de la política. Estamos ante una realidad donde las formas tradicionales de hacer política resultan ineficientes, especialmente cuando chocan con la dinámica de la sociedad de la IA.
Este análisis será el eje del curso que iniciaremos la próxima semana en la Universidad del Sur de Buenos Aires. En él, examinaremos a fondo las elecciones en las que han sido protagonistas nuevos outsiders –como Argentina, Estados Unidos, Brasil, Ecuador, Bolivia y Ucrania–, casos concretos que permiten contrastar las hipótesis académicas con la realidad. En los cursos participan personas de diversos países, que pueden hacerlo con facilidad a través de la red, lo que enriquece el diálogo y las perspectivas del análisis.
* Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.
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