Juan Sebastián Verón, de la cuna hasta el cajón
Estudiantes es parte de la familia Verón, a tal punto, que el actual presidente Pincha nació el 9 de marzo de 1975: ese día el primero que se enteró fue Bilardo, que dejó dormir a la Bruja Padre, que fue figura a la tarde en un inolvidable 3-3 frente a Gimnasia.
Juan Sebastián Verón nació en la madrugada previa a un clásico platense. Ese 9 de marzo de 1975, en lo que entonces era “1 y 57” y hoy es “Uno”, iban a jugar Estudiantes y Gimnasia. El DT del Pincha ya era Carlos Salvador Bilardo y en el equipo estaban un jovencísimo Tata Brown (que no jugó ese partido) y los Campeones del Mundo y ex compañeros de Bilardo, Carlos Pachamé y Juan Ramón Verón, que habían regresado al club tras pasos por Grecia (Verón) y Boca (Pachamé).
Cecilia Portela era una mujer muy joven que llevaba algunos años siendo la esposa de Juan Ramón Verón, la estrella del gran equipo de Estudiantes de los años 60. Cuando Verón padre jugó en Grecia, una bruja —justamente— le leyó las manos y le dijo: “Vas a tener tres hijos y uno de ellos será brillante, muy brillante”. Pensaba en eso cuando estaba con los primeros trabajos de parto en una cama del Instituto del Diagnóstico de La Plata.
Los Verón, pura sangre pincha.
Juan Ramón y sus compañeros descansaban en el Country, mientras a eso de las 5 de la mañana de ese 9 de marzo de 1975 nacía un varón. El nombre previsto, si ocurría el nacimiento de ese género, era Juan Sebastián. Eran tiempos en los que hasta que no naciera el bebé, no podíamos saber si era varón o nena. Cecilia hizo todo el trabajo de parto asistida y contenida por lo médicos. Nunca llegó el flamante papá. Cecilia preguntó dos o tres veces y nadie supo qué decirle. Hoy es inimaginable, pero, así como ese mundo no tenía ecografías que te dijeran el sexo del bebé, tampoco tenía celular ni whatsapp.
El teléfono de línea del Country estaba lejos de la zona de dormitorios, pero Bilardo lo escuchó. Eran las 5.05 de la mañana. Juan Sebastián Verón acababa de nacer y el Narigón fue el primero que se enteró, en medio del silencio nocturno del vergel de City Bell. Bilardo volvió a su cama y retomó el sueño sin avisarle al papá de Juan Sebastián, cosa que hizo recién apenas pasadas las 10 de la mañana. Juan Ramón Verón estaba desayunando.
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Nació tu hijo a las 5 de la mañana
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¿Cómo que a las 5?
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Sí, a las 5, pero no te desperté porque te necesito hoy bien descansado para el clásico.
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¿Vos estás loco? ¿Cómo no vas a despertarme?
Esa calentura inicial pasó cuando Juan Ramón vio a su familia una media hora más tarde. Después, Verón padre fue una de las figuras de uno de los mejores clásicos platenses de la historia e hizo uno de los goles de un inolvidable 3 a 3.
Acaso este nacimiento, la fecha, Bilardo, Verón padre, clásico platense en ciernes, la Ciudad de La Plata expectante, hayan hecho de Juan Sebastián Verón la síntesis del pinchismo. Sebastián, que la mayor parte de su carrera usó el número 11 en homenaje a su papá (Juan Ramón fue un jugador extraordinario, autor del gol en Old Trafford que le dio a Estudiantes la Copa Intercontinental de 1968), fue, primero, un futbolista de excepción, que desplegó su pegada, su elegancia y su panorama por Italia e Inglaterra y que volvió a Estudiantes en 2006, en plenitud, a los 31, pese a las ofertas de Europa que le llovían. Las discusiones sobre su figura tienen el mismo origen que tenían las críticas al Estudiantes de Zubeldía de mediados de los 60. Estudiantes no es un equipo grande, es fácil pegarle, no trae consecuencias inmediatas, como podrían traer algo tan insignificante como decir que un jugador de River debió ser expulsado o el gol que le anularon a Boca estuvo bien porque era offside. Ni habla de meterse con ídolos de River o Boca. Ellos son perfectos, “están en la bandera”, son “intocables”. A Verón le dijeron que era “inglés”, que está por debajo de futbolistas que claramente son mucho menos, no aparece nunca en una lista de las mejores vueltas al fútbol argentino. Si uno hace un repaso, Verón y Tevez representaron los mejores regresos desde Europa, mas o menos por las mismas razones. Volvieron por decisión propia, estaban en plenitud (Tevez había jugado la final de la Champions hacía dos meses) y lo hicieron por amor a su club.
El 9 de marzo de 1975, Verón padre fue figura en uno de mejores clásicos platenses (3 a 3)
Verón tuvo un plus que lo pone un poquito más alto en la consideración. Como futbolista, llevó a Estudiantes a ganar la Libertadores en 2009, tras derrotar al Cruzeiro como visitante en la revancha. Mientras hacía la carrera en Europa, se preparó para lo que siempre quiso: ser presidente de Estudiantes de La Plata. Tanto es así, que a los pocos días de haber regresado a la Argentina, en 2006 y aún siendo jugador, fue a visitar el estadio de Estudiantes, entonces en desuso, y se encontró con una tribuna de cemento y la vieja de tablones por debajo, que surgían en medio de yuyos y pastizales que delataban un abandono de años.
La construcción del estadio nuevo de Estudiantes estaba trabada. Eduardo Duhalde y los presidentes de Estudiantes y Gimnasia de entonces habían acordado hacer un estadio único para ambos, habida cuenta de que se venía la prohibición de tribunas de madera. Duhalde siguió con la idea de hacer el estadio único, aunque tenía otra ocurrencia, acaso más loca: quería sacar todos los edificios que hay en el Bosque. Eso, además de incluir los viejos estadios de Pinchas y Triperos, se llevaría puestos los edificios de las facultades de Medicina y Odontología, el campus de la Universidad de La Plata y varias cosas más.
Era una verdadera locura, aunque los presidentes de Estudiantes y Gimnasia se encontraron con otro obstáculo, mayor aún en este esquema de asociaciones civiles. Los socios de ambos clubes hicieron saber su desacuerdo con la construcción de un estadio para compartir, como hacen Roma y Lazio y Milán e Inter en Italia o como hicieron durante muchos años Peñarol y Nacional en Uruguay. Hay pocos casos ya en el mundo. Todas las encuestas a hinchas de El Lobo y El León daban resultados contundentes en contra del estadio compartido.
El gol de la Bruja Verón en Old Traford: historia y leyenda de Estudiantes.
En 2006, cuando Sebastián Verón regresó al fútbol argentino y se enteró de que estas cuestiones políticas y de intrigas palaciegas —en las que estaba metido hasta el propio intendente platense Julio Alak— no encontró mucho eco en las autoridades locales para resolver el tema de la cancha de Estudiantes. Él ya había llegado con la idea de ser dirigente, pero cumplió funciones de tal bastante antes. Una tarde de octubre de 2006, tomó uno de sus superautos y se fue hasta la Casa Rosada. Allí lo esperaba nada menos que Néstor Kirchner, presidente de la Nación desde 2003.
Presentó sus razones para construir el estadio de Estudiantes en el mismo solar en el que estaba el anterior, le contó a Néstor de las trabas y las roscas políticas que impedían llevar adelante el proyecto. Lo que decidió al Presidente habilitar todos los caminos para la solución fue la voluntad de los hinchas, tanto de Estudiantes como de Gimnasia. Además, Kirchner tenía un pasado de estudiante universitario en la UNLP y su esposa, Cristina Fernández, es platense, aunque hincha de Gimnasia. Que sea un tema de La Plata hizo que le prestara más atención y, por supuesto, que una figura de la talla de Verón haya ido a verlo con una carpeta bajo el brazo, haciendo el trabajo de los dirigentes, lo sensibilizó. Esa tarde, comenzó en los papeles la construcción del nuevo estadio de Estudiantes.
La nueva casa del Pincha recién vería la luz en noviembre de 2019, casi 13 años después de esa reunión entre Sebastián y Néstor. En el mientras tanto, Verón le dio a Estudiantes unos buenos años de fútbol, algún título y la competencia permanente. Fue ungido presidente por primera vez el 4 de octubre de 2014, con el 75 por ciento de los votos, superando a Quique Lombardi, un antiguo dirigente que fue presidente hasta ese día. De allí en mas, construir el estadio fue una obsesión de tal magnitud, que la calidad de los equipos y los planteles bajó considerablemente y las posiciones en esos años. Desfiló por el Estadio Ciudad de La Plata (no es el “único”, hay dos más) y la cancha de Quilmes.
Hoy no solo se presenta como un presidente exitoso de un club que es ejemplo en estructura y sentido de pertenencia en el fútbol argentino, sino como un férreo opositor a la conducción de la AFA. Habitualmente, Verón cuestiona la cantidad de equipos en los torneos y la calidad y la integridad del arbitraje argentino. Sin embargo, cuando mas enfrente se puso de Claudio Tapia y Pablo Toviggino fue cuando compró a un personaje traído a la Argentina por Guillermo Tofoni, principal impulsor de las SAD y, en ese momento, allegado al presidente Javier Milei y a la diputada Juliana Santillán. La Ley Bases votada en el Congreso permite las SAD, pero los estatutos de AFA no. El personaje en cuestión se llama Foster Gillett, un empresario estadounidense que llegó a la Argentina de la mano de Guillermo Tofoni —uno de los más acérrimos opositores al gobierno de la AFA— y promocionado y presentado como un mecenas por Javier Milei y la diputada
Juliana Santillán. Como Verón también es muy crítico de las formas y las ideas que provienen de la AFA, compró el producto “Foster Gillett” como si fuera un Telar de la Abundancia o un Esquema Ponzi y fue para adelante. Hizo un acuerdo por el que Gillett se comprometía a aportar 150 millones de dólares en 30 años, aunque esto estaba ad referéndum de la aprobación de la Comisión Directiva de Estudiantes.
Estudiantes y Juan Sebastián Verón son parte de la misma vida, de la misma historia, de la misma sangre, no se pueden disociar.
Finalmente, Foster Gillett se esfumó. Venía de fracasar en un proyecto en el Liverpool de Inglaterra, por el que la UEFA le prohibió hacer negocios en otro club europeo. Aquí fue presentado como un héroe, Sebastián le creyó y acordaron algo que nunca ocurrió. Gillett “reapareció” cayendo de Primera a Tercera y fundido con Rampla Juniors, un popular equipo uruguayo. Acaso esta frustrada unión haya sido el error más importante de Verón en su historia como presidente de Estudiantes, aunque sigue creyendo en la inyección de capitales privados en el fútbol profesional sin perder autonomía y “sin injerencia en la parte social del club”, según aclara siempre.
A pesar de que esta pretendida unión de trabajo y capital no funcionó y que Verón nunca se guardó críticas hacia la conducción de la AFA y está identificado como su mas poderoso opositor, Estudiantes —que acaba de clasificarse para las semifinales de la Conmebol Libertadores— viene logrando títulos de manera continuada, desde 2023. El haber terminado la construcción del estadio le dio la chance de usar el dinero para formar un plantel competitivo, con figuras importantes, chicos de excelentes condiciones que provienen del Country y, sobre todo, el regreso de ex jugadores que tienen un gran sentido de pertenencia. Con todo eso, Estudiantes, logró la Copa Argentina 2023, Copa de la Liga 2024, Trofeo de Campeones 2024, Torneo Clausura 2025 y Trofeo de Campeones 2025.
Estudiantes y Juan Sebastián Verón son parte de la misma vida, de la misma historia, de la misma sangre, no se pueden disociar. Es curioso, porque esto no lo dicen los éxitos, no es una idea que provenga de victorias únicamente. Tiene que ver hasta con el día y la situación en la que nació, con el momento que Sebastián eligió para dejar su paraíso europeo y regresar a La Plata para llevar a cabo su plan de ganar la Libertadores como jugador, y después ser el presidente y hacer el estadio para competir en lo alto y, de vez en cuando, coronar.
Los trazos están escritos. Hay que recorrerlos, como Estudiantes viene haciéndolo hace mas de 60 años con los interpretes correctos.