La contradictoria conflictividad de Milei
Pareció volver a las andadas esta semana. A su esencia. Desde la contundente derrota legislativa bonaerense de septiembre, Javier Milei había bajado un cambio con sus agresivos discursos y mensajes hacia voces críticas o que simplemente evitaban sumarse a su relato. Contra lo que muchos creían, mantuvo en líneas generales esa calma luego del triunfo nacional electoral de octubre.
Como si todo este tiempo hubiera reprimido y acumulado intemperancia, el Presidente volvió a dar rienda suelta a la ausencia de autocontrol. “Ya sabés cómo es Javier”, es la justificación que suelen encontrar quienes lo rodean o frecuentan.
La excusa, siempre la hay, esta vez fue que uno de los grupos empresarios argentinos más importantes, Techint, perdiera en una licitación privada para llevar gas de Vaca Muerta al Atlántico a manos de una compañía india.
Milei busca exponer su narrativa, que llaman “batalla cultural”
A Milei poco le importó que en la adjudicación no tuvieran injerencia alguna su gobierno ni el Estado. Fue una decisión del consorcio de grandes firmas energéticas que están detrás del proyecto (que lidera PAE y en el que participa de manera minoritaria YPF, entre otras), basada en el menor costo que ofreció el proveedor de la India para traer los caños.
Al darse a conocer días atrás la novedad en los medios y las quejas subliminales de Techint, por las dificultades para competir con importados por el “costo argentino” y el dólar barato, Milei estalló.
Primero apuntó contra Paolo Rocca, el influyente e histórico mandamás de la empresa, a quien llamó despectivamente “Don Chatarrín”. Luego advirtió: “Aquellos que tienen productos más caros y de menor calidad no son dignos del favor del mercado. Y si quieren hacerlo por la fuerza con negocios turbios con el Estado, deben desaparecer e ir a la quiebra”. De paso, la emprendió contra periodistas, medios, economistas y políticos que se pronunciaron sobre este conflicto.
Pueden detectarse al menos dos dimensiones políticas entrelazadas para intentar comprender la violenta reacción presidencial. Dejaremos las psicológicas para quienes estudiaron y saben al respecto.
En un plano, Milei busca exponer su narrativa, que pomposamente llaman “batalla cultural”. En este caso, tendría el argumento de que más vale importar algo más barato que producir localmente algo más caro. Del tendal de desempleo vendrían a ocuparse las aplicaciones y el trabajo informal.
El paraguas académico de esta suerte de nueva teoría darwiniana lo abre siempre Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, que ve luz hasta cuando es de noche. Así como antes salió a defender como positivo el éxodo turístico argentino hacia el exterior, ahora encontró beneficios a que un negocio en nuestro país se lo quede un extranjero en vez de una empresa que da empleo acá.
No es con Techint la primera vez que Milei apela a la necesidad de que las compañías argentinas (aun las que exportan o se convirtieron en multinacionales, como la de Rocca) compitan sin ayuda del Estado. Incluso se lo ha dicho en la cara a los empresarios en algún foro que se exhibía como amigable.
Hay tres nombres candidateables lejos del kirchnerismo para 2027
Lo curioso es que esa lógica se estaría llevando a la práctica de manera arbitraria. O despareja, por decirlo elegantemente. El Presidente ha sido menos implacable que con Techint en otros sectores del empresariado donde el Estado tiene una decidida injerencia regulatoria y donde existen dificultades para “competir”.
Prestadoras de salud, laboratorios, electrónicos, aeropuertos, e-commerce, para citar algunos, lucen por debajo del radar libertario. Ni hablar de ciertas constructoras, involucradas en el megajuicio de los “cuadernos de las coimas”, y que reciben la venia oficial para la concesión privada de alguna ruta. Ejecutivos de Techint también están acusados en ese proceso.
Entra a jugar entonces una segunda dimensión. La política. A través de las redes sociales, su vehículo de comunicación favorito, Milei validó la acusación de uno de sus influencers predilectos sobre que Rocca intentó desestabilizarlo el año pasado.
El jefe de Estado reposteó con la palabra “DATO” (así, toda en mayúsculas) el texto de un usuario que aseguraba que el líder de Techint “jugó all in para que el actual gobierno termine post elecciones de septiembre. Jubilate, tano. Perdiste”.
A la denuncia se sumó el funcionario mileísta Juan ‘Tata’ Yofre, exjefe de la SIDE menemista y actual director de la Escuela Nacional de Inteligencia. Nada es casualidad.
Antes y después de la derrota bonaerense, se había activado el máximo nivel de percepción de confabulaciones en lo alto del poder. Alimentadas por oscuras usinas de espionaje, las sospechas sobre complots contra el Presidente estaban a la orden del día, puertas adentro de la Casa Rosada y Olivos. Resultaban más tranquilizadoras esas teorías que culpar a los errores propios y a las cruentas internas oficialistas del mal momento.
Todo eso se acalló con el salvataje financiero de Donald Trump y el triunfo en las elecciones legislativas de medio término. Pero se ve que el rencor le dura a Milei, sin que haya prueba alguna de la supuesta conspiración.
Rocca no es el único empresario que está bajo la tirria presidencial. Héctor Magnetto, rostro visible del Grupo Clarín e histórico aliado de Techint, también es uno de los apuntados. ¿Será por eso que las autoridades no terminan de aprobar la compra de las operaciones de la española Movistar por parte de la clarinesca Personal?
Las inquinas exceden al pasado y se proyectan al futuro. Fuentes con acceso al despacho de la Secretaría General de la Presidencia, que conduce la hermanísima Karina, dejan trascender que desde los mismos círculos tan lejanos a Milei como al kirchnerismo se están promoviendo otras alternativas competitivas para los comicios presidenciales del año próximo.
En el Gobierno conjeturan tres nombres. Dos son gobernadores dialoguistas-críticos: el peronista cordobesista Martín Llaryora y el radical santafesino Maximiliano Pullaro. El tercero corresponde a un outsider, el pastor evangélico y showman mediático Dante Gebel.
¿Conspiranoia extrema o datos de la realidad? La autoalimentada y contradictoria conflictividad mileísta da para todo.
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