La economía mejora en los papeles, pero pierde en la calle
La administración Milei exhibe indicadores en baja, pero la realidad devuelve otra señal: ingresos que no alcanzan, consumo débil y malestar persistente, una brecha que erosiona la confianza.
El Gobierno tira números; la oposición tira personas. Dicen oficialmente, convencidos: de 55% bajó la pobreza al 28%, la inflación descendió de 211 al 33, la actividad económica trepó al 4 y 5%, la indigencia cayó del 11 al 6%, el riesgo país, de 1.900 bajó a 600. La favorable lista sigue. Del otro lado, por la tele, agobia una jubilada que no puede pagar el remedio en la farmacia, un trabajador que no llega a fin de mes, y un padre de familia que en la estación de trenes confiesa no poder comprar carne para sus hijos. Conclusión: si uno compara, en ocasiones, el dato no mata relato. Al revés de lo que sostiene la craneoteca de Economía y sus diseminados voceros en las redes. Ejemplo: uno de los amotinados que esta semana reclamaba mejores ingresos para el personal de Seguridad afirmó ante las cámaras de TV: “En mi casa no comemos números”. Entonces, funciona a medias el hipnótico soborno de la contabilidad oficial. Si hasta los medios periodísticos más cercanos al Gobierno revelan el contraste entre los humanos y la numerología, entre el individuo y la generalización matemática. Falla obvia de los modernos equipos de transmisión gubernamental que suponían enterrada la consulta individual, dramática, a manos de quienes no suelen dar explicaciones técnicas o cuando apelan a ellas por emergencias lo hacen como si la población fuera alumna de la Facultad de Economía. Yerro de casta, de universidad o country.
Saldo de las encuestas ante este fenómeno contradictorio: la Casa Rosada desciende en la consideración, se achican las perspectivas de Javier Milei hacia el futuro aunque nadie personaliza ni se beneficia con esa pérdida. Sería ingenuo pensar que en la Administración se desentienden de ese microcosmos comunicacional, de ese acercamiento al horno; por el contrario, le han puesto un ojo a la evolución del consumo, al universo de las pymes y a lo que este representa en materia de recaudación. Más celo esta mirada que la de anteriores gobiernos al apremio por la conducta del dólar frente a los espasmos, un mérito incuestionable del Palacio de Hacienda, aunque la conducción económica no logra que los argentinos se desprendan de sus activos externos y los reserven en sus carteras aunque pierdan plata. Según ha confesado con tristeza el ministro Caputo y, desde hace décadas, advierte uno de los pocos economistas que respeta Milei: Ricardo Arriazu. La comunicación no ha convencido a nadie, la confianza no tiene precio. Fin, como diría Manuel Adorni, a esa política de nuevos métodos mediáticos que solo son válidos cuando se gana, vuelta a intentar imponer una agenda distinta a la que establecen los diarios, radio y TV, la tonta necesidad de que una noticia tape a otra noticia y a la recurrencia adictiva para que voluntarios de los servicios de inteligencia aporten información, calificada o no, de quiénes son los enemigos en el sistema. Siempre hay candidatos para esa tarea. Pagos, claro.
Por mirar el índice crítico de consumo, el Gobierno aplica nuevas medidas en medio de la devastación judicial y mediática por el caso Adorni, las cripto (en las que puede aparecer el jefe de Gabinete en cualquier momento) u otros tropiezos en la conducción: 1) se ablandó ante las demandas del personal de Seguridad y Fuerzas Armadas; 2) hizo un adelanto a todas las provincias a saldar en el año desequilibrios presupuestarios en muchas de ellas y la presión amenazante de que podría haber estallidos sociales en esos territorios por caídas de recaudación (la devolución de este gesto se advertirá luego, en las votaciones en el Congreso); 3) en un acto emocional y público tipo Guillermo Moreno, el titular de YPF, Guillermo Marín, decidió mantener una tarifa testigo por 45 días para los hidrocarburos, evitar una suba pronunciada que se advierte en todo el mundo (al menos en la magnitud de los países que no tienen petróleo, caso Chile) olvidándose de la pregonada libertad de precios: la poderosa compañía fija un tope en los mercados por su posición dominante y el resto de los competidores deben acoplarse a esa vara, aunque en verdad prefieren exportar con rindes superiores a vender combustible en la plaza local; 4) Milei parece aceptar una baja de tasas, cueste lo que cueste a su propio pensamiento, en observación al decaimiento de la actividad y, 5) aunque le repugna parecer keynesiano, el Presidente le busca la vuelta a nuevas medidas para movilizar el rubro “construcción”, quizás uno de los más atrasados en la economía y en el que la inmovilidad detiene cualquier propósito inversor. A veces hay que revisar los dogmas y el mandatario, como arquero, aprendió a que no se puede quedar solo debajo de los tres palos.
En ese remolino, desde hace varios meses Marín adquirió cierta resonancia desde YPF, figuración que parece atraerlo. Su nueva medida estatal para contener el precio de los fluidos en los surtidores habla curiosamente de un “pacto moral y justo” en una administración liberal, casi una inspiración gelbariana, aunque debe admitirse cierto pragmatismo para contener picos de volatilidad en los precios, aporta a la estabilidad ese control y, por supuesto, promete transitoriedad en la medida, 45 días. Depende de la guerra. Por lo tanto, evita incrementos de 60 o 70% que dañarían brutalmente la preocupación oficial por el alza del costo de vida, conserva un 22% de suba. También anticipa que YPF mantendrá las ganancias actuales, aunque el pícaro ejecutivo no revela las que podría obtener si no controlara los precios. Un adaptado al poder central, obediente, ofreciendo alternativas. A Marín lo miden en las encuestas –seguramente Guillermo Garat, quien maneja la pauta publicitaria de la compañía– para observarlo como eventual candidato outsider, hasta para la provincia de Buenos Aires. O más. Aunque el funcionario señala que le encantaría seguir en su cargo hasta 2031, fecha en la que tal vez la Argentina despegue exponencialmente en la exportación de petróleo y gas si se concreta este año el financiamiento de 20 mil millones de dólares para un oleoducto fundamental. Llegó Marín de la mano de Gustavo Posse, exjefe de Gabinete, y de otro que también estuvo en ese cargo, Guillermo Francos, justamente quien afirma que nunca regresará al gobierno Milei siempre que Santiago Caputo se mantenga a su lado (jura que a lo largo de su vida, nunca lo trataron tan mal). A Milei, Marín lo conoció de casualidad, a hombros de un amigo en una visita al Sur y quienes lo rodean aseguran que jamás se cruzó con Mauricio Macri, a pesar de que este, en una recomendación imprevista, señaló en la tele que Marín sería mucho mejor que Adorni al frente del gabinete. Hoy está cerca del ministro Caputo y del influyente Caputo junior, que ejerce como asesor monotributista en la Casa Rosada. Poco se sabe de su vínculo con Karina Milei, si es que existe. Tampoco se sabe el contenido de una entrevista que celebró con Paolo Rocca en Houston, hace una semana en una convocatoria mundial de petroleros, frente a frente, a solas, de alguien que está tildado en las inmediaciones de Milei. Debe saber lo que hace Marín, finalmente fue empleado de Rocca en el pasado y, por los trascendidos, se llevaban como perro y gato en los últimos meses.
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