Lengua y árboles caídos
Podríamos agregar que es también un producto poético.
“Nunca se habla solo de árboles cuando se habla de árboles. Por supuesto, también se habla de árboles cuando se habla de otros temas. Ahí está la persistencia en el lenguaje político del término ‘quebrado’. No parece pertinente legislar sobre arbolado público o incendios forestales sin una reflexión sobre la lengua”. Esa frase es central en Contribución al plan de reconstrucción forestal del municipio de Bahía Blanca, de Sergio Raimondi (Ediciones Lux, Bahía Blanca, 2025). Contribución… es una reflexión a partir de las “trece víctimas del temporal ocurrido en Bahía Blanca en la tarde del sábado 16 de diciembre de 2023 y los 14 mil árboles caídos”. Haciendo foco en especial en el tema de los árboles, el texto funciona como un cruce entre ensayo, monografía, flaneurismo botánico, poesía objetivista, intervención política. Pero el asunto del cruce es algo secundario. Contribución…, como toda la obra poética de Raimondi, señala la intención manifiesta para la literatura de pensar el mundo a partir del estilo. No se trata de pensar el mundo de cualquier manera (o directamente no pensarlo, como ocurre en buena parte de la literatura argentina contemporánea) sino de pensarlo bajo la estela de una discusión estética. La obra de Raimondi oculta, o más bien exhibe, una cierta dimensión programática que no puede menos que ser bienvenida, en tiempos en los que las discusiones estéticas parecen haberse vuelto anacrónicas o directamente haberse extinguido. Así continúa la frase que cité al comienzo: “Es que un problema lingüístico no es un problema lingüístico. De hecho, dos o tres meses después del temporal fue habitual ver en una u otra cuadra cómo fresnos o tilos, quebrados por completo, empezaban a lanzar uno, dos, tres brotes sobre sus laterales. Por eso qué medidas se tomarán con el palo borracho ubicado en Caronti 150, al que se le quebraron durante los 50 minutos del temporal las ramas tendidas hacia la calle al momento de presentir la ocurrencia de sus flores blancas cinco pétalos, capaz sea una cuestión de gobierno de primer orden”.
Y tal vez (“capaz”, diría Raimondi) que una de las pocas citas de autoridad del texto sea una de Marx y Engels no es casualidad (cita de autoridad que Raimondi se encarga de dar cuenta bajo la figura de la ironía): “Hay un pasaje de La ideología alemana en la que se alcanza a oír una risa. Es cuando Marx y Engels señalan a quien, ante un cerezo, piensa que eso, dado desde la eternidad, fue, es y seguirá siempre igual a sí mismo sin que se le ocurra siquiera la sospecha de que es un producto social, histórico, económico inclusive”. Podríamos agregar (y de hecho lo hace Raimondi sin decirlo, aunque de eso se trata el libro) que es también un producto poético. La tragedia de una ciudad es algo demasiado grave como para dejarlo solo en manos de la gobernanza pública. La literatura tiene algo para decir, y Raimondi lo dice con la discreción erudita de una sintaxis que remite a la materialidad (la materialidad de la madera, de los árboles, pero también de la teoría). La reconstrucción ya no solo del arbolado urbano, sino de una ciudad entera, no puede llevarse a cabo sin un pensamiento sobre la lengua, sin la reconstrucción de la propia lengua. Lengua quebrada, la de Bahía Blanca, como la de Argentina toda, en estos tiempos oscuros.