La noticia del director técnico español echado por usar Inteligencia Artificial trascendió fronteras. Robert Moreno representa fehacientemente el perfil del entrenador moderno de formación académica, cuya carrera se ha construido sobre el análisis táctico y el uso pionero de la tecnología. Mientras que Andrei Orlov, quien lo expuso públicamente, representa la visión tradicional del fútbol vintage que desconfía de lo que no entiende. Al punto que sus últimas declaraciones lucen vetustas: más cercanas a una operación de desprestigio posdespido que a una opinión validada. Aun así, dejan un disparador latente sobre el uso de la tecnología aplicada al deporte.
Para entender quién es Moreno, hay que saber que arrancó como mano derecha de Luis Enrique (2011–2018) en Roma, Celta de Vigo y el Barcelona, que luego fue primer entrenador de la selección de España (2019), del AS Mónaco (2019-2020) y el Granada CF (2021-2022). Robert es un “hijo del dato”: en lugar de esgrimir una gran trayectoria previa como futbolista de élite, puede ufanarse de su capacidad para aplicar las herramientas y la información tecnológica disponible al fútbol.
A fines del siglo XX, recuerdo como en los pasillos de Velez Sarsfield se hablaba del cuartito de videos que tenía el Loco Bielsa, donde se encerraba a mirar partidos. Por aquel entonces, su filmoteca era un lujo al punto que permitía comparar rendimientos de jugadores en distintas posiciones. A mediados del año 2000 tuve la oportunidad de entrar a ver lo que quedaba de esa oficina. Ahí conseguí algunas copias de los VHS, para armar mi “compacto de mejores jugadas” cuando tuve que conseguirme club. Todo gracias a los videos que había hecho filmar Marcelo.
Volviendo a Moreno: tan tecnológico es el hombre en su formación que fue pionero en el scouting y el videoanálisis al utilizar herramientas de Big Data para la toma de decisiones en el fútbol español. Y tan academicista es también, que es autor de libros técnicos sobre modelos de juego y supo ocupar roles de dirección en másteres de formación para entrenadores. Todo eso antes de llegar al PFC Sochi a fines del 2023, donde dirigió en 62 partidos con 22 victorias, 17 en empate y 23 en derrota, antes de ser demitido.
Orlov afirmó que a Moreno lo echaron por su dependencia de la IA. Lo acusó de organizar por ChatGPT las prácticas, como también la selección de contrataciones e incluso los viajes del equipo.
Aunque muchos no la apliquen todavía, hoy la IA permite pasar del análisis descriptivo (sobre lo qué pasó) al predictivo y prescriptivo (sobre lo qué pasará), intentando proporcionar una ventaja competitiva en el fútbol. La tecnología, al contextualizar el rendimiento de los jugadores, puede reducir la incertidumbre sobre la performance y adaptación de las nuevas contrataciones y a su vez hacer un análisis de datos en vivo durante los partidos (eventing data) con el seguimiento óptico (tracking data).
Moreno se defendió ante las acusaciones de Orlov: “Nunca he utilizado ChatGPT (ni ninguna IA) para preparar partidos, decidir alineaciones o elegir jugadores”, dijo. Pero aclaró: “Las herramientas de análisis sirven para ordenar información, ahora las resoluciones finales corresponden al cuerpo técnico y a la dirigencia.”
Miradas como las del ruso que reniega de la existencia de la IA y minimiza el impacto que tendrán en nuestra labor son negligentes. En futuras columnas veremos también como mejora no solo el juego colectivo, sino también la performance y la salud del deportista.
Por ejemplo, con los algoritmos y el uso intensivo de datos se puede analizar la carga de trabajo y detectar factores de riesgo, lo que permite reducir lesiones y pasar de modelo de atención de lo reactivo a lo proactivo.
La salida de Moreno fue por resultados (descenso y mal inicio en segunda) pero, como ha pasado muchas veces, el uso intenso de un avance tecnológico (la inteligencia artificial) fue un chivo expiatorio para ridiculizar su trabajo. Dentro de un par de años, cuando releamos este texto, veremos como al igual que Galileo, Robert era un adelantado a su época.