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Final de la partida (II)

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CONTRA EL 1% MÁS RICO: en 2011, Occupy Wall Street; en 2021, ocupar el Capitolio. | cedoc perfil

Viene de ayer: “Final de la partida (I)”

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A través del libro de Peter Turchin Final de partida. Élites, contraélites y el camino a la desintegración política, explicamos por qué las masas no se rebelan siendo apenas un recurso movilizable que es activado solo cuando quienes se rebelan son las élites por conflictos intra-élites.

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Turchin denomina “bomba de la riqueza” a los rendimientos del capital crecientes mientras los salarios de la mayoría experimentan rendimientos decrecientes. Pero el empobrecimiento de la mayoría de la población es mucho menos decisivo que la sobreproducción de élites a la hora de generar disrupción. “Los pueblos no se rebelan solos”: siempre alguien organiza, encuadra el conflicto (los medios) y lo financia, desde nuestra Revolución de Mayo, impulsada por comerciantes de la época, hasta el advenimiento de Milei, facilitado por el rechazo del capital a la continuidad del statu quo.

Y vale aclarar que las élites no son solo los ricos sino también quienes detentan posiciones de poder, de prestigio o de influencia. La polarización actual no es una anomalía sino un síntoma de la fase terminal del ciclo. Los sistemas no fracasan por pobreza, sino por exceso de élites sin un proyecto común (primarización-servicios-tecnología-industria). La combinación explosiva se da cuando se conjuga mayoría empobrecida con élites fragmentadas y en disputa.

Ayer comparamos a Turchin con Marx, Pareto y Michels; faltaba con el autor de El capital del siglo XXI, Thomas Piketty, quien mejor expuso el proceso de hiperconcentración de renta que se viene produciendo en el mundo desde la caída del Muro de Berlín. Para Piketty, el problema es la distribución de la riqueza y, corrigiendo la desigualdad, se estabiliza la democracia; para Turchin, el colapso del sistema no depende del sostenimiento o crecimiento de la desigualdad. El Imperio Romano tardío produjo relevantes redistribuciones de la renta e igual colapsó. Viceversa: la desigualdad puede mantenerse injusta sin ser explosiva. Si la economía no crece, repartir mejor lo que hay intensifica el conflicto intra-élites porque “el botín” es fijo. “Redistribuir sin expansión no reduce la presión, la reubica” (Argentina 2007-2015). Para Turchin, se puede comer mejor pero seguir sin horizontes: “El peligro no es el hambre sino la expectativa rota” (la promesa de llenar la heladera de la campaña 2019). La redistribución funciona cuando tiene un período acotado: New Deal en Estados Unidos en guerra, el Estado de bienestar en Europa de posguerra y, lo más importante de todo, cuando simultáneamente hay crecimiento (Argentina 2003-2007).

El último informe de Oxfam: el Comité de Oxford para aliviar la hambruna, fundado en 1942 y que hoy actúa en noventa países, titulado “Contra el imperio de los más ricos”, sostiene:

● Por primera vez en la historia, el número total de mil millonarios en el mundo ha superado los 3 mil. En octubre de 2025, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, se convirtió en la primera persona en la historia en superar una riqueza de medio billón de dólares (ya a principio de 2026 sumó 726.300 millones, superior al PBI de Argentina, Bélgica, Austria, Irlanda, Tailandia, Filipinas, Dinamarca, Irán o Vietnam).

● En 2025, la riqueza de los mil millonarios aumentó tres veces más rápido que la tasa promedio anual de los cinco años anteriores.

● Los mil millonarios tienen 4 mil veces más posibilidades de ocupar un cargo político que la gente corriente.

● Con lo que se incrementó la riqueza de los mil millonarios el último año se podría distribuir 250 dólares a todas las personas del planeta y, aun así, los mil millonarios continuarían siendo más de 500 mil millones de dólares más ricos.

● Los 12 mil millonarios más ricos del mundo acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más que 4 mil millones de personas.

● El dominio de los mil millonarios y los superricos sobre los medios de comunicación es cada vez mayor. Más de la mitad de los medios de comunicación más importantes del mundo son propiedad de mil millonarios y tan solo seis mil millonarios dirigen nueve de cada diez principales redes sociales del mundo.

● En Francia, el mil millonario de extrema derecha Vicent Bolloré, que ha denunciado a periodistas que lo han criticado, compró el canal de televisión de noticias CNews y renovó su imagen para convertirlo en la versión francesa de Fox News.

● Ocho de cada diez de las mayores empresa de IA, un sector estrechamente ligado a los medios de comunicación, están dirigidos por mil millonarios y tan solo tres de ellas controlan el 90% del mercado de chatbots con IA generativa.

● Con el apoyo de los partidos de extrema derecha y plataformas mediáticas, propiedad de mil millonarios, los gobiernos estigmatizan y culpan sistemáticamente a los migrantes, convertidos en chivo expiatorio de los problemas sociales como la delincuencia (...) en Inglaterra, una poderosa minoría con influencia desproporcionada ha contribuido a centrar el debate público en las pequeñas embarcaciones con inmigrantes que cruzan el Canal de la Mancha y no en los grandes yates de los ultrarricos.

● En la década de 1920, en la Estados Unidos aún sin los efectos plenos de la ley antimonopolios y previo al New Deal, cuando siete familias concentraban gran parte del Producto Bruto del país, el juez de la Corte Suprema Louis Brandeis escribió: “Tenemos que elegir. Podemos tener una riqueza extrema concentrada en manos de unos pocos o podemos tener democracia, pero no podemos tener ambas cosas” .

Abracadabra. Los nuevos medios de comunicación (las élites de Turchin) fueron el pase de magia que permitió canalizar el malestar social por el rendimiento decreciente del trabajo versus el rendimiento creciente del capital originado a partir de la última década del siglo XX, que derivó en el Occupy Wall Street en 2011 cuestionando la acumulación de ganancias del 1% más rico bajo el lema: “Nosotros somos el 99%”. Diez años después, en 2011, se ocupó el Capitolio responsabilizando a los políticos tradicionales y olvidándose de los mil millonarios.

Epílogo. Cuando hace cien años Estados Unidos atravesaba situaciones similares –en la cita al juez Louis Brandeis dos párrafos previos–, el también filósofo pero probablemente mejor perodista de la historia, Walter Lippmann, autor de Liberty and the News, Public Opinion, Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media, The Phantom Public, Essays in the Public Philosophy y una veintena más de libros, sostuvo que “la crisis de la democracia es, en esencia, una crisis del periodismo” (cita traída al presente por Marcelo Longobardi).

Lippmann consideraba que la democracia dependía de la exactitud de las noticias, percibía a los ciudadanos “demasiado centrados en sí mismos como para preocuparse de los asuntos públicos y políticos” y al público como lo hacía Platón: “Una gran ‘bestia’ o rebaño desconcertado que se debatía en el caos de las opiniones locales”.

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Quizás un nuevo New Deal no esté tan lejano.