Adorni como escudo

Los fusibles necesarios

El comportamiento del jefe de Gabinete revela lo peor de lo que el mismo oficialismo entiende por casta.

Real state. Foto: Pablo Temes

Hay determinados comportamientos de los dirigentes políticos que, útiles o no, adquieren características de clásicos. Uno de ellos es el que ocurre cuando algún funcionario de un gobierno cae en desgracia y se lanza a la búsqueda de apoyos con el fin de sostenerse en el cargo. 

Una muestra de esos apoyos la constituyen, entre otras cosas, las fotos y los videos del funcionario en cuestión al lado del Presidente o miembros de su entorno. Un buen ejemplo de esto es lo que está pasando en estos días con el caso de Manuel Adorni, caído en desgracia a causa de las operaciones de compra de los inmuebles en los que habita y de los viajes que realizó durante el tiempo en que se viene desempeñando como integrante conspicuo del Poder Ejecutivo. Así se lo vio sucesivamente acompañado por ministros y secretarios de Estado el día en que dio su fallida conferencia de prensa en la Casa de Gobierno, o sus fotos tanto con Javier Milei como con su hermana Karina. Todo esto en medio de una situación que es cada vez más confusa y, por ende, sospechosa. Es, en definitiva, un comportamiento de casta. La casta política, de la que el Presidente y el mismísimo Adorni tantas veces han abominado. Como dice el proverbio, haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. En un gobierno, los ministros son fusibles. Por eso es que, cuando enfrentan una circunstancia que pone en juego su honestidad, su ética y/o la eficacia de su gestión, su mejor aporte es el dar un paso al costado hasta que, por lo menos, su situación se aclare. 

Evidentemente las cosas están funcionando al revés en la Administración Milei. Curiosa paradoja de La Libertad Avanza, que pregonó el valor de la transparencia a modo de un mandamiento bíblico. En el recuerdo quedó la conducta de la ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, cuando cesó de su cargo inmediatamente a una funcionaria de su staff por el hecho de haber comprado con fondos públicos una cafetera eléctrica para su despacho. Lejos de esclarecer los hechos, los testimonios de la escribana Adriana Nechevenko –cuyo desempeño en las escrituraciones de las propiedades compradas por el jefe de Gabinete– junto con las de las dos policías y las dos jubiladas que fueron los prestamistas en las operaciones inmobiliarias en cuestión, han oscurecido y complicado a Adorni. 

Una de las consecuencias de todo esto es que la interna en el oficialismo se recalienta día tras día. Lo que es evidencia de la existencia de una ferocidad imparable. El campo de batalla de esa ferocidad agresiva y soez son las redes sociales. En ese universo, los partidarios de Karina Milei por un lado y los de Santiago Caputo se destrozan sin piedad a cielo abierto. La claudicación ética que representa el caso Adorni para La Libertad Avanza afecta fuertemente la imagen de Milei y de su gobierno. No hace falta recurrir a las encuestas para advertirlo. En la opinión pública se nota un sentimiento de decepción. La penuria económica era esperada. Las sospechas de corrupción y privilegios de los funcionarios, no. La inflación de marzo golpeó a Milei. Lo reconoció sin tapujos en su discurso en la reunión anual de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham). Fue un discurso arduo –abundante en tecnicismos– que a muchos de los asistentes se les hizo difícil entender. Que el Presidente haya declarado que el dato fue malo es un buen signo de reconocimiento de los hechos. Sin embargo, hay que decir que, a dos años y cuatro meses de comenzada la gestión, ese gesto no alcanza. La paciencia de la ciudadanía nunca es infinita y los propios empresarios albergan más dudas que certezas. “La economía debería estabilizarse en un camino de crecimiento que abarque a más sectores. El Presidente está haciendo las cosas bien pero el tiempo es tirano”, reflexionó uno de los asistentes al Summit. No lo dijo con la seguridad de otros tiempos y ante la repregunta de su interlocutor dijo con una sonrisa algo impostada: “Elijo creer”. Un dato preocupa a los hombres de negocios: la inflación no cesa aun con un dólar a la baja y con salarios planchados. Sin poder adquisitivo en manos de los consumidores sería inútil intentar sostener un crecimiento productivo que no encuentre demanda en su contraparte. En los industriales parece haber cierto nerviosismo por la parsimonia de Caputo. A su vez, empresarios de otros sectores empiezan a mirar con buenos ojos los intentos de Federico Sturzenegger por apurar los tiempos del rumbo que se ha trazado. El problema toma mayor dimensión cuando la mirada se aleja del círculo rojo y desciende al resto de los mortales. La gente de a pie la está pasando mal. “El atraso en el pago de las cuotas es una constante de todos los meses. Los padres no pueden pagar y eso que nuestra institución es de las más baratas por esta zona”. Quien habla es el empleado administrativo de un colegio parroquial de la Recoleta, que, además, aseguró: “Nosotros estamos en una zona privilegiada de la Capital, sabemos que el panorama es crítico a medida que te vas alejando un poco mas del centro”. Entre tanto, el Gobierno debería ser más cuidadoso en su imagen, el humor social no está para bollos ni papelones. La pelea entre el Gordo Dan y la diputada Lemoine no contribuye a nada. Ni hablar del ignífugo secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli, miembro destacado de la casta política de todos los tiempos, que salió a promocionar la temporada de invierno en los centros de esquí nacionales con un spot vergonzoso con una lluvia de telgopor simula la caída de nieve sobre su persona. 

Un dato que se conoció en paralelo: el pase diario para acceder al Cerro Catedral será de 160 mil pesos por persona. Otra muestra de que políticos y algunos empresarios viven en un mundo de fantasía sin ningún tipo de anclaje en la realidad.