OPINION

Los límites del “riesgo kuka”

Candidata IA. Milei la hará competir, de una u otra forma. Apelará al voto miedo ante la duda de que solo el voto positivo no le alcance. Foto: Imagen por IA

Desde que Javier Milei retomó su actividad presidencial, volvió a dejar claro que el candidato contra el que eligió competir en la próxima elección será el famoso “riesgo kuka”. 

Parece una táctica razonable. Si el resultado de su gestión es controversial y corre peligro de que los perdedores del modelo sean más que los beneficiados, el uso del miedo puede ser un recurso electoral para sumar votos. No votos de los convencidos, sino de aquellos descontentos que solo lo votarían si el candidato opositor despierta más miedo que el miedo que pueden despertar otros cuatro años más así.

Para competir con el ‘riesgo kuka’, deberá asegurarse de que la comparación le sea favorable...

La pregunta que en público y en privado hace el Presidente es: “¿Nos vamos a seguir dejando psicopatear por los kukas de mierda que hundieron el país?”. 

El planteo remite al mal clima que reflejan las encuestas y que puede horadar la confianza de los propios funcionarios y del núcleo duro de la sociedad que lo sigue apoyando.

Cuanto peor llegue el Gobierno a las elecciones, más crecerá este fantasma. Y cualquier opositor potencialmente competitivo será estigmatizado bajo el mismo calificativo. Sea peronista, radical, macrista o un outsider independiente.

Lo mismo les sucederá a los medios y periodistas críticos. De hecho, esta semana Milei anunció un incremento de 1,7 puntos en la cantidad de periodistas corruptos de la Argentina: ahora el porcentaje pasó del 95% al 96,7%.

El voto miedo. El “riesgo kuka” simboliza el miedo a que, si no se votara a Milei, lo que sobrevendría sería inflación, crisis económica, corrupción, la reaparición de personajes nefastos de la casta, y significaría quedarse aislados de Occidente.

El peligro es verosímil, ya que durante el kirchnerismo hubo inflación, años de crisis, corrupción, personajes oscuros y cercanía con gobiernos de mala reputación.

De esa realidad dieron cuenta los medios de PERFIL, lo que les costó que desde el primer día del kirchnerismo quedaran excluidos de la distribución de la publicidad oficial, tanto del gobierno central como de las empresas públicas como YPF, Banco Nación y Aerolíneas Argentinas. Igual que ahora.

Al igual que ahora también, a los Kirchner no les importaba que, al mismo tiempo que los criticaran, el periodismo pudiera reconocer los años de alto crecimiento económico y equilibrio fiscal, la baja de la pobreza, el aumento del empleo, la reivindicación de los derechos humanos y la sanción de leyes progresistas. 

Como ahora, desde ese poder se castigaba incluso a los oficialistas levemente críticos.

… Tanto en economía como en corrupción y en aprietes a la prensa. Para no parecer un espejo del pasado

La mitad de los mensajes de Milei de la última semana remitieron explícita o implícitamente a asociar a sus críticos con el kirchnerismo y al kirchnerismo con el Mal.

La otra mitad de los mensajes de Milei estuvo plagada de expresiones escatológicas. 

No es nuevo en él, pero después de su aislamiento de la actividad pública, el jefe de Estado regresó con una tendencia más marcada para referirse a los excrementos de las personas, con distintos sinónimos vulgares que usó para descalificar a los que piensan distinto. 

Su obsesión en torno a la región anal (mandriles, la tienen adentro, les vamos a romper el o…, etc.) y sus recurrentes menciones fecales son características de la segunda fase descripta por Freud sobre el desarrollo psicosexual de las personas, la etapa anal. Salvo en patologías en adultos, la teoría freudiana sitúa a esa fase entre los dos y los tres años de vida aproximadamente.

El riesgo Milei. Así las cosas, no sería extraño que el debate electoral se plantee entre el “riesgo kuka” y el “riesgo caca”. Porque, si bien es cierto que hay un infantilismo argumentativo de Milei para posicionarse frente a las críticas, también es cierto que es una simplificación que la época y los algoritmos agradecen.

Aunque en el caso del Presidente se trata más de una pulsión infanto-mesiánica que de una táctica comunicacional. Él construyó un relato en el que dice estar convencido de que Dios le dio la misión de enfrentar al Mal, por eso quien se opone a él se opone a Dios y no puede ser otro que el mismo “Maligno” (sostenía que el papa Francisco era “el enviado del Maligno en la Tierra). De ahí que a sus adversarios kirchneristas no los llame así, sino “kukas”, porque casi no los considera personas, son cucarachas, virus o parásitos al servicio del Diablo.

Como volvió a repetir en la ORT: no son metáforas, es la literalidad en la que él cree. 

Frente a los alumnos de esa escuela, asoció el “riesgo kuka” con el marxismo, que para el mandatario es más o menos lo mismo (al igual que lo es el keynesianismo). Un fantasma que hace décadas dejó de recorrer el mundo, pero que, frente a la sorpresa de estudiantes y docentes, recuperó para compararlo con Satanás: Marx era satanista, un seguidor del Diablo. 

Lo dijo basándose en un texto de ficción que el autor de El Capital escribió cuando tenía 18 años y quería parecerse a su admirado Goethe, el célebre autor de Fausto. Si en aquella época los críticos hubieran confundido ficción y realidad, como hoy hace Milei, quizá también habrían acusado a Goethe de pactar con el Diablo, basándose en que el protagonista de su libro sí lo hizo.

Puede fallar. Más allá de los insultos, las creencias mesiánicas y las tácticas electorales, el problema de fondo es cómo será la realidad que enfrenten los argentinos dentro de un año, cuando tengan que votar. 
Porque si el Gobierno finalmente competirá contra el riesgo de volver a un pasado cruzado por la crisis, la corrupción y otros demonios, debería asegurarse de que cuando llegue ese momento la comparación con ese pasado le sea favorable.

Para eso, antes deberá lograr que las empresas dejen de cerrar, que no siga aumentando la desocupación y que crezca el poder adquisitivo y el consumo. O sea, que la economía se recupere de una forma que derrame hacia la mayoría de los votantes y que la inflación se termine de acercar a un cero mensual, sin que esto sea producto de la recesión.

Al elegir competir contra ese “riesgo kuka” que implicaba alianzas internacionales que espantaban inversiones, necesitará demostrar que su estilo y su alianza excluyente con Trump serán suficientes para generar confianza en los inversores. De forma tal en que las inversiones en el país dejen de ser las más bajas de la región.
También deberá convencer a la sociedad de que, a diferencia del “riesgo kuka”, un nuevo período de los hermanos Milei garantizaría una administración transparente y sin corrupción. Y que las denuncias conocidas hasta ahora sobre la promoción presidencial de una criptoestafa, las ventas de candidaturas, el enriquecimiento de funcionarios y las denuncias sobre coimas en el área de Discapacidad, entre otras, son solo mentiras de las “mierdas humanas mal cagadas” de los periodistas.

Es probable que, para que esa táctica electoral funcione, deba invertir aún más pauta publicitaria de YPF, Banco Nación y Aerolíneas Argentinas, para que los medios que la reciben sigan sin mencionar que esa es la misma forma de apriete por la cual los “kukas” terminaron condenados en la Justicia en la causa iniciada por esta editorial. Y, por la misma razón, también iniciada contra este gobierno.
Por eso, si bien es razonable usar el factor miedo en una elección compleja, el peligro es que al Gobierno le salga el tiro por la culata (con perdón de las escatológicas metáforas presidenciales) y que dentro de un año, el mayor de los miedos sea volver a votar a un gobierno friki.