Los zorzales lo recuerdan
¿Por qué hay tantos zorzales en este invierno frío? ¿De dónde salieron así de henchidos? En mi patio andan inquietos, revolviendo semillas, despegando la enredadera. Me gusta mirarlos de cerca. Y ellos sostienen la atención, quietos o sacudiéndose. Parecen terrícolas, por el modo de desplazarse en carreras cortas. No vuelan demasiado, van de una maceta a otra. Este invierno aparecieron de a varios, el pecho más anaranjado que nunca, y esa aureola amarilla alrededor de los ojos que ensancha sus miradas. Se acercan a la ventana, resueltos, como si ningún gato los pudiera alcanzar. Y el mío, rogándome que lo deje salir, ni siquiera sabe si podrá vérselas con todos juntos. Son muchos, y no se inmutan. En primavera cantan con fuerza, melódicos e insistentes. Pero no es temporada de gorjeos, solo vienen en busca de alimento, y se tragan la voz engullendo alguna lombriz. Sin embargo, como si la naturaleza se permitiera algunos deslices –desatendiendo a los ciclos–, esta tarde escuché un silbido.
Son Muchos, y no se inmutan, En primavera cantan con fuerza, melódicos e insistentes
Hasta hace unos días se desplazaban callados, muy laboriosos. Era una presencia inquietante, porque insisto, están muy gorditos, y el anaranjado del pecho, visto de refilón, los asemeja a roedores. Me sorprendió el canto potente y la manera en que los cuatro o cinco que rondan por mi patio, acompañaron al solista. No había sido más que un iniciador. Terminaron formando un coro, incluso un canon.
Con el gato nos quedamos pasmados. ¡Se alternaban los trinos! Y cada vez sonaban más fuerte. Amagué con abrir la ventana, sosteniendo al gato, que contemplaba a los cantantes con el ímpetu de un director de orquesta asesino. Y fue entonces que nos miraron. Como si no hubieran alterado el orden de la naturaleza, se quedaron callados y prosiguieron su labor invernal de recolectar alimentos.
El silencio nos dejó mudos. Al gato y a mí. Los pájaros permanecieron en el patio. “No se le puede pedir a los zorzales que canten”, pensé. En ese momento, advertí la fecha. El coro improvisado se convirtió en homenaje. Sucedió esta semana, exactamente el 24 de junio, día de la muerte de Carlos Gardel. No se le puede pedir a los zorzales que canten, pero si lo hacen, no perdamos la oportunidad única de escucharlos.
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