CULTURA
meditaciones tras un intento de asesinato

El regreso al ruedo de Salman Rushdie con una historia de resiliencia y lucidez

La historia de Salman Rushdie ya no puede contarse separada del cuchillo que intentó silenciarla. Mientras un documental reconstruye el atentado que casi le cuesta la vida y revisa las secuelas físicas e intelectuales de aquel ataque, el escritor vuelve a defender el poder de las palabras frente a la violencia y advierte sobre un peligro todavía mayor: el momento en que una sociedad deja de entender el significado de las mismas palabras que utiliza.

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Rushdie. Arriba: Alex Gibney, Salman Rushdie y Rachel Eliza Griffiths. Abajo: Hadi Matar, el condenado por intento de asesinato de Rushdie el 12 de agosto de 2022. | cedoc

Hoy a las 19, como apertura al Ciclo Documentales de Verano del Hamptons International Film Festival, New York, se proyectará el documental Knife: The Attempted Murder of Salman Rushdie (basado en su libro de 2024, publicado por Penguin Random House, Cuchillo: Meditaciones tras un intento de asesinato). Será en un cine de East Hampton y contará con un diálogo entre el director, Alex Gibney (ganador de premios Oscar, Emmy, Grammy y Peabody), el actor Alec Baldwin, copresidente del Festival, y David Nugent, director creativo de la organización, considerada plataforma al reconocimiento del sistema norteamericano de producción.

El gran ausente será Salman Rushdie –quien cumplió 79 años el 19 de junio–, por motivos de seguridad. Sin embargo, el domingo pasado estaba en Dublín, donde fue entrevistado por Merve Emre, escritora y académica turca, en el marco del Festival del Libro de Dalkey. Allí expresó: “Corremos el peligro de convertirnos en un pueblo incapaz de comunicarse entre sí. Aunque hablemos el mismo idioma, no nos entendemos y usamos las mismas palabras para referirnos a cosas diferentes. Cuando J.D. Vance usa la palabra libertad, no se refiere a lo mismo que yo, pero cree que él también conoce esa palabra. A medida que las brechas entre nosotros se amplían y profundizan, literalmente no podemos comunicarnos. Estamos muy cerca de llegar a ese punto. ¿Qué sucede cuando el lenguaje deja de funcionar?”

Y agregó también: “Los escritores no tenemos poder, no tenemos ejércitos, la mayoría no tenemos dinero, pero lo que hacemos es contarle al futuro cómo fue el pasado y, por lo tanto, la historia de la humanidad está en nuestras manos. El futuro será lo que sobreviva de nosotros en palabras, en historias, en relatos históricos. Las cosas no van a mejorar, amigos. Y tengan cuidado”.

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¿Visión pesimista? Qué menos se puede esperar después de un atentado por apuñalamiento que sufrió el 12 de agosto de 2022 en la Institución Chautauqua, oeste de Nueva York, a manos de Hadi Matar (el nombre no es un chiste), estadounidense de 24 años, quien vivía aislado en el sótano de su madre en Nueva Jersey y se radicalizó en internet. Se supone que tomó como suyo un discurso de un líder de Hezbolá que repetía la fatua –condena a muerte– emitida por el ayatolá Ruhollah Khomeini en 1989. Matar fue condenado a 25 años de prisión por el intento de asesinato sobre Rushdie y el mes que viene testifica en otro juicio acusado de terrorismo. En el documental, Rushdie no lo menciona por su nombre, sino simplemente como “el A.” (de ass, culo), negándole así notoriedad. Este ataque le produjo la pérdida del ojo derecho y la movilidad de su mano izquierda.

Annette Hinkle, del sitio de noticias web 27 East, realizó una entrevista por Zoom a Salman Rushdie que publicó esta semana. En ella el escritor explica que la noción de seguridad la perdió luego de veinte años y que este documental, como el libro que escribió al respecto, se complementa con las imágenes del proceso de recuperación que tomó su esposa, la poeta y novelista Rachel Eliza Griffiths. El documental incluye meditaciones y recuerdos de infancia de Rushdie mientras yacía en su cama de hospital bajo los efectos de los analgésicos, que se recrean en secuencias oníricas (ver recuadro sobre Rushdie y el cine). También se incluyen fragmentos de películas que dejaron huella en Rushdie, como la partida de ajedrez con la Muerte en El séptimo sello de Bergman, junto al tema de los ojos dañados, en Viaje a la Luna de Georges Méliès (1902) y Un perro andaluz (1929), dirigida por Luis Buñuel y coescrita con Salvador Dalí.

Ahora volvemos a la entrevista en Dublín, donde Rushdie muestra su entereza intelectual: “No sufro de sed de venganza, a diferencia del presidente de los Estados Unidos, que no puede pensar en otra cosa que no sea dinero. Si uno se deja atrapar por la retórica de la ira y la venganza, es como una jaula; resulta difícil superarla y seguir adelante.” Ante la pregunta del público sobre cuál era su libro favorito, dijo que el Ulises de James Joyce está entre sus cinco favoritos y agregó: “Hubo una época en la que lo leía con bastante regularidad, cada pocos años, para deprimirme –dijo entre risas–. ¿Qué hago con Joyce? ¡Lo hizo todo! Entonces tenía que buscar pequeños rincones de la literatura que Joyce no hubiera tocado.”

Rushdie y el cine

SALMAN RUSHDIE

Alex Gibney y yo somos fanáticos del cine clásico. Y una de las cosas que realmente me pasaron en el hospital fue pensar en películas, especialmente en películas que involucraban cuchillos y ojos. En aquellos primeros días, claro, tomaba analgésicos muy fuertes, que eran alucinógenos. Quiero decir, tomaba de todo: morfina, fentanilo, todo eso. Pero claro, no querían que siguiera tomándolos mucho tiempo, así que empezaron a reducir la dosis bastante pronto, después de unos días, y las alucinaciones cesaron, lo cual me decepcionó un poco.

Pero en una situación así, el tiempo se vuelve algo muy extraño. En Cambridge, donde estudié en la universidad, había un pequeño cine de arte y ensayo que se llamaba simplemente Art Cinema. Ahora es como cualquier otro sitio, una cafetería, pero en ese pequeño cine aprendí tanto como en la biblioteca de la universidad. Y creo que ahora es muy difícil explicarle a la gente lo que se sentía cuando las películas que hoy se consideran clásicos eran los estrenos de la semana.

Cuando ibas al cine y estaba Sin aliento, y luego 8 1/2 de Fellini, y luego El séptimo sello, y luego la nueva película de Buñuel, etc., etc., etc. Ir al cine era tan emocionante que me causó una profunda impresión, y creo que siempre ha estado presente de fondo. Además, vengo de la que quizás sea la ciudad cinematográfica más grande del mundo: Bombay.