colombia ante las urnas

Saturación de mensajes

La importancia geopolítica, cultural y económica de Colombia es clave para todo el continente. Es el segundo país de habla hispana más grande del mundo. Por eso, en un año de elecciones decisivas, como la de Brasil o la de Estados Unidos, la de aquel país debe tenerse en cuenta. Las opciones van de un oficialismo que aún lidera los sondeos de opinión a opciones populistas, en línea con la de otros outsiders de la política global. Aun así, todavía no se encuentra una mirada profunda sobre el rol de las redes a la hora de decidir. Un contexto guiado por la inteligencia artificial en el que la emoción predomina sobre la racionalidad. En este proceso electoral se juegan dos velocidades: dos maneras de hacer política en un paradigma que está cambiando.

Foto: AFP

Colombia es el segundo país de habla hispana más grande del mundo. Posee la democracia más antigua y estable de América Latina, liderada por una clase política sofisticada. A diferencia de otras naciones de la región, la mayoría de sus mandatarios recientes cuentan con formación académica en las universidades más prestigiosas del mundo.

Contexto de conflicto y seguridad. La historia contemporánea del país está marcada por una insurgencia iniciada en 1948 por las guerrillas bajo el mando de Manuel Marulanda, alias Tirofijo. Hacia 1963, este movimiento logró consolidar diez “territorios liberados” que posteriormente desaparecieron tras una ofensiva del gobierno central. Muchos de sus combatientes nacieron en esas zonas, y para ellos la lucha armada ha sido su única realidad.

Las guerrillas se mantuvieron con presupuestos millonarios alimentados por el chantaje a los sectores minero y petrolero, el control del narcotráfico y la industria del secuestro. En su periodo de mayor auge, estos grupos contaron con un presupuesto de cerca de 900 millones de dólares anuales. En la actualidad, la violencia persiste a través de estructuras como el Estado Mayor Central (EMC) y la Segunda Marquetalia, que tienen conflictos internos por el control de rentas ligadas a la minería clandestina y el narcotráfico. Durante la administración de Gustavo Petro, los Grupos Armados Organizados (GAO) han aumentado de 13.000 a 25.000 integrantes, expandiendo su presencia territorial de 125 a 600 municipios.

El gobierno de Gustavo Petro, exmilitante del M-19, asumió la presidencia en 2022 después de un paso turbulento por la Alcaldía de Bogotá. Su gestión ha enfrentado críticas por episodios polémicos atribuidos a su falta de control en el uso de estimulantes. En el ámbito económico, el panorama es negativo: el déficit fiscal subió del 4,2% del PIB en 2023 al entre el 7,5% para 2025. Además, de los $190 billones en que se incrementó el presupuesto nacional en este cuatrienio, $155 billones se han destinado al gasto corriente.

La contienda electoral y sus protagonistas. Pese al desgaste del gobierno, Iván Cepeda, del partido oficialista Pacto Histórico, encabeza las encuestas con un 35% de intención de voto. Cepeda, hijo de un militante comunista asesinado por paramilitares, vivió su infancia exiliado en Checoslovaquia. Históricamente, ha sido el más brutal antagonista de Álvaro Uribe, que se mantiene activo en la campaña. Aunque Cepeda ha buscado el apoyo del centro en la recta final, su fórmula vicepresidencial, Aída Quilcué, representa a sectores que ya le eran afines, por lo que no ayuda a atraer a nuevos electores.

La disputa por el segundo lugar permanece incierta. Según algunos sondeos, el puesto lo ocupa Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático y figura cercana a Álvaro Uribe. Valencia es abogada con formación en Nueva York y proviene de una estirpe política influyente: es nieta del expresidente Guillermo León Valencia y bisnieta de Guillermo Valencia, candidato presidencial en 1930 por el Partido Conservador. Esta ha sido una constante común en Colombia, en donde un reducido grupo de familias ha gobernado el país durante dos siglos.

El otro aspirante es Abelardo de la Espriella, abogado y empresario del movimiento Defensores de la Patria. Su campaña ha sido rupturista, aunque carente de una estrategia clara. Sus propuestas incluyen: suspender los procesos de paz, permitir el porte de armas a civiles, retirar al país de la CIDH y la ONU, retomar las relaciones con Israel, suspendidas por Petro.

Algunos dicen que Cepeda ha alcanzado su techo electoral, pero esto es algo difícil de determinar en la sociedad posinternet. El análisis contemporáneo indica que el electorado vota más por el “rechazo” a personajes y partidos que por afinidad ideológica. Al igual que con Petro, Trump o Milei, el triunfo podría depender de quién capitalice mejor el sentimiento de “que se vayan todos”; un factor que puede favorecer tanto a Cepeda, ajeno a la casta tradicional, como a las actitudes rupturistas de De la Espriella. Por su parte, Paloma Valencia podría utilizar como elemento diferenciador el hecho de ser la primera mujer con posibilidades reales de llegar a la presidencia de Colombia.

En un entorno influido por la inteligencia artificial, el éxito dependerá de la estrategia de comunicación en redes sociales. Mientras que pensar es un proceso lento y tedioso, el uso de redes (scroll, likes o linchamientos mediáticos) resulta gratificante por la descarga de dopamina que genera. Internet funciona como un generador de emociones más que como una herramienta de reflexión. Las campañas luchan por la atención en un mercado saturado de mensajes, sabiendo que, si no se captura el interés del usuario en los primeros 15 segundos, este se pierde. Por ello, la prioridad es comunicar imágenes y sonidos que mantengan la conexión con el elector, bajo la premisa de que los memes se comparten con facilidad, mientras que ningún votante indeciso reenvía un programa de gobierno.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.