Shock o gradualismo
Sigue de ayer: Mamarrachos
--------------------------------------
Idea, método y carácter. La idea es el rumbo, la ideología (theoria). El método es el plan para llevar la idea a cabo, su ejecución (poiesis). Y el carácter es el componente subjetivo del ejecutor, no es solo estilo, sino su capacidad política de sumar o restar valor (praxis).
El conjunto amplio de la sociedad argentina nunca fue de izquierda revolucionaria ni se sintió representada por los ideales de Montoneros o el ERP. Siempre tuvo aspiraciones de movilidad ascendente y tampoco se identificó con los líderes de los movimientos sociales aceptando los planes de ayuda como un paliativo transitorio.
El kirchnerismo y su radicalización con Cristina fue un fenómeno solo posible en una circunstancia puntual del país tras el terremoto de 2001/2, agotado hoy al agotarse las condiciones de posibilidad que le permitieron existir.
“Sin RIGI no se puede, pero con el RIGI solo no alcanza.”
En las elecciones de los años 90 frente a Menem no estaba la izquierda, sino distintas versiones del centro, como los radicales Angeloz y De la Rúa; y los peronistas centristas, como Bordón y Chacho Álvarez. Es probable que en 2027 a Milei también se le opongan variantes de centro a centroderecha como en la década en que reinó la Convertibilidad, además de que un precandidato de Cristina Kirchner no llegue a ganar una interna.
Entender qué realmente se eligió en 2023 puede ayudar a comprender qué es lo que falta para 2027 y podría ser elegido. En 2023 la sociedad votó centro y derecha: Milei en extremo dolarizador, Juntos por el Cambio con el plan económico de Carlos Melconian, y Massa representando el ala más a la derecha del peronismo (él mismo con su origen en la Ucedé) con economistas como Roberto Lavagna. O sea, cero kirchnerismo. Y, al igual que en la década de los 90, dejado atrás el extravío posderrumbe de la Convertibilidad, es plausible que vuelva a votar como viene sido su esencia incluso en el peronismo: Massa, Alberto Fernández, Scioli y, antes de la Convertibilidad, con Luder, Cafiero, De la Sota, el cordobesismo desarrollista.
Pero más allá de theoria, en 2023 lo que se eligió con el voto fue una poiesis, un método de aplicación de la idea, distinto al gradualismo ortodoxo de Mauricio Macri. Se votó shock como una respuesta impaciente a más de una década de deterioro y, al preferir shock, el carácter necesario para esa praxis tuvo que encarnarse en un ultra, un extremista violento, un agitador fanático como Milei.
El shock no pudo ser dolarización pero sí una devaluación inicial desproporcionada, multiplicando la inflación existente para licuar a la mitad los sueldos estatales y las jubilaciones, que, junto a la paralización completa de la obra pública, permitió pasar de déficit a superávit primario en semanas. Hoy, a dos años y medio de ese shock, se percibe cuán insostenibles son sus beneficios (superávit fiscal) porque, más tarde o más temprano, la inversión en obra pública deber volver, y la presión social sobre sueldos y jubilaciones jibarizados irá recobrando fuerza.
Para hacer sustentable el superávit fiscal primario, el consumo en la mayoría de las actividades debería volver a crecer para que la recaudación del Estado en impuestos haga sustentable recuperar inversión en obra pública y en la recomposición de los ingresos de las personas que dependen del Estado sin generar déficit fiscal. Pero en lugar de mayor recaudación para ir desarmando la olla a presión, la recaudación cae mes a mes aumentando la presión.
Ante la caída de los impuestos coparticipables, las provincias y, por carácter transitivo, los municipios enfrentan el riesgo de no poder pagar sueldos y compromisos con personas físicas. La olla a presión incluye escenarios de posibles manifestaciones del descontento social. Un ejemplo es la ciudad de la provincia de Córdoba Marcos Juárez, donde Milei ganó en 2023 el balotaje con el aplastante 75% de los votos, y el cierre este 31 de marzo del Sanatorio Sudeste, el único privado que atendía al PAMI, dejando a 7.000 jubilados sin cobertura médica local con la única alternativa de viajar 120 kilómetros hasta Villa María, derivó en una pueblada.
Que la inflación se estacionara entre 2 y 3% mensual en este trimestre de 2026, rebelándose al uno y menos de uno mensual que aspira el Presidente, nos lleva nuevamente a shock y gradualismo. Con el shock pudo bajar del promedio de entre 5 y 6 mensual de 2022 que le había quedado a la Argentina después de la emisión (necesaria) por la pandemia, volviendo al promedio de 2020 de entre 2 y 3% mensual.
Y quizás la explicación de por qué la inflación no baja habiendo superávit fiscal (y tampoco el riesgo país, que preocupa más a Caputo que a Milei para refinanciar la deuda) esté en las expectativas futuras que asumen que no se va a poder seguir sin invertir en obra pública ni mantener contenidos los reclamos por los recortes a los ingresos de las personas que dependen del Estado.
Y que el conductor de la segunda fase de la normalización de la economía argentina tiene que ser un gradualista que utilice el bisturí y no la motosierra, al mismo tiempo de preocuparse de la microeconomía revirtiendo el círculo vicioso de ajuste, caída de la recaudación, más ajuste, más caída de la recaudación.
Parafraseando otros axiomas, “sin el RIGI no se puede pero con el RIGI solo no alcanza”. Más allá de la minería, la energía y el campo, sin crecimiento económico generalizado el shock de Milei termina agotándose en sí mismo.
No marcha todo según el plan y peor aun no hubo más plan que un shock. Mauricio Macri ya había dejado en 2019 la Argentina casi sin déficit fiscal primario (-0,4%) y la inflación mensual de junio y julio, antes del triunfo del peronismo en las PASO de agosto, fue 2,7 y 2,2%, demostrando nuevamente que la inflación mensual de la Argentina tiene una velocidad inercial “crucero” que no se derrota con una sola acción.
En 2027, como fue en los años 90, la sociedad no deseará “pasar a pérdida” el esfuerzo realizado durante la presidencia de Milei y elegirá mantener la esencia de la theoria, con una poiesis gradualista y no de shock, ejecutada por un líder que no sea un ultra, un extremista violento, o un agitador fanático como Milei, sino equilibrado y prudente que crea en la importancia del equipo y las instituciones.
En lugar de un autócrata carismático, un líder participativo que fomente la colaboración y el consenso, con una inteligencia emocional y carácter que modifique la praxis pero manteniendo como política de Estado una macroeconomía ordenada sin relajar el combate a la inflación. No tan distinto a lo que hacen la mayoría de los gobernadores.
Hay 2027. Usando las categorías de Aristóteles para todas las esferas de la acción humana, hay 2027 manteniendo lo esencial de la theoria, con una poiesis profesional y una praxis opuesta al carácter virulento de Milei.
También te puede interesar
-
En medio de la guerra judicial, Tapia continúa su desafío al Gobierno
-
Es la carga genética, estúpido
-
Mujeres y niñas frente a la ley de Glaciares
-
Lugar y hora
-
La vieja llama
-
Pruebas de supervivencia
-
Laberintos, expectativas
-
Mercedes Sosa que estás en los cielos
-
Los analfabetos políticos
-
Confieso que he vivido