Correr la cancha

¿Siempre fueron fascistas?

La pregunta por las ideas de los gobiernos ultra es, en esencia, la pregunta por la mentalidad autoritaria y por las sociedades empobrecidas que las reciben en el contexto del sálvese quien pueda.

Presidente. Habla de temas como el terrorismo o los riesgos de golpes de Estado. Foto: AFP

“Estos tipos nunca fueron libertarios. Sólo querían estar a cargo del gobierno. No estaban en contra del gobierno, a menos que no lleguen a ser el gobierno. Entonces, ahora que son el gobierno, vemos su verdadero rostro: son fascistas y autoritarios”.

Gil Durán, periodista y escritor estadounidense

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1. La ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas y el carácter ideológico de ese voto, que expresó una serie de valores y una demografía, vuelven a traer dos preguntas que resuenan en una Argentina que se prepara para la visita del papa León XIV y que está redefiniendo alianzas electorales y espacios de poder. La pregunta por los representantes es también la pregunta por la sociedad. El tema no es tanto la preocupante relación del presidente Javier Milei con la realidad (los golpes de Estado, los terroristas deportados), sino el vínculo de sus ideas con la verdad. Y, más aún, cuánto de esas ideas forma parte de un corpus que se impone en nuestra región. Quienes aplauden a Milei por interés, por un interés inmediato, deberían estar advertidos de que están abriendo una puerta que puede conducir a un lugar oscuro. Uno oscurantista. 

2. Una sociedad que tiende a la miseria se vuelve más miserable. Se resquebrajan ciertos vínculos que habían sido aceptados y predomina el sálvese quien pueda. Antes de la primera vuelta que dejó a Flávio Bolsonaro al frente se escucharon en Brasil dos enunciaciones de este síntoma: “Soy profesional, pude ir a la universidad, pero sigo siendo pobre”. Y también: “Estoy mejor, pero mi pastor me dice que vote por Bolsonaro”. 

3. La pregunta por el lugar de esa ideología es legítima. Y, en ese contexto, también lo es la pregunta por el fascismo. Se afirma —y con razón— que tanto Bolsonaro padre como Donald Trump llegaron al poder por el voto. Se afirma que en sus países, como en la Argentina de Milei o en la Italia de Giorgia Meloni, existe libertad de prensa; que no hay violencia física contra los opositores ni detenciones ilegales. Se habla de la moderación de la primera ministra italiana una vez que llegó al poder, del giro centrista de Marine Le Pen, del pragmatismo. Estos argumentos, entre otros, servirían para sostener que no estamos en un escenario en el que la palabra “fascista” sirva para describir ciertas ideologías. Quizás la expresión más extrema de esta mirada venga de los propios partidarios del gobierno, cuando dicen que Adolf Hitler era de izquierda porque su partido se llamaba “socialista” o propugnaba la “intervención estatal en la economía”. Un elemento singular de esa misma mirada incluye las lecturas del Antiguo Testamento del presidente argentino, su insólito judaísmo y la postura oficial respecto de Israel. 

4. Pero lo que define a los extremismos, y mucho más a los extremismos de derecha de hoy, no pasa exactamente por ahí. La islamofobia europea actual (que vocifera y replica el militante Gordo Dan) es la expresión de la mirada supremacista sobre el diferente —y, obviamente, esto no implica ningún aval al terrorismo, que cualquier demócrata repudia—. El fascismo de hoy está ahí. 

5. Cuando los autoritarios de derecha manifiestan su supremacismo, se exponen. Pero eso no es lo decisivo. La discusión más profunda está en los movimientos sutiles, en los pequeños desplazamientos que se dan en la sociedad y que van virando hacia el autoritarismo. 

6. Esta columna replica en su título otra, publicada en El País de España el 5 de octubre y firmada por la periodista Marta Peirano, “Siempre fueron fascistas”, sobre las ideas de los magnates tecnológicos de los Estados Unidos. Allí, entre otras cosas, se afirma: “El Silicon Valley de la era Obama parecía demócrata. Gente como Eric Schmidt, Sheryl Sandberg y Marissa Mayer no solo donaban con generosidad, sino que organizaban las grandes galas que recaudaban fondos para sus campañas. También sus empleados: en 2012, el 83% de las donaciones de los empleados de las principales empresas tecnológicas fueron para él [Obama]. En su libro The Nerd Reich, el periodista estadounidense Gil Duran señala la victoria del primer presidente negro y la crisis financiera como el principio del fin de ese romance. Las tecnológicas crecieron mientras el resto del mundo se encogía, en parte gracias al apoyo y la confianza de la administración americana. Al mismo tiempo, empezaron a declararla obsoleta e ineficaz”.

7. En las democracias, y quizás en casi todos los aspectos de la vida comunitaria, las apariencias no engañan. Los gobiernos (y el de Javier Milei, cada vez más) son muchas veces honestísimos: sorprende cuánto se autodescriben. El presidente que antes de asumir dijo que la democracia no es un valor indiscutible es el mismo que lleva adelante una formidable avanzada en materia de jueces, el de los decretos de necesidad y urgencia que no son ni necesarios ni urgentes. Según datos de agosto, en 2026 se cubrieron 81 vacantes judiciales y otras 51 estaban próximas a cubrirse; si el Senado aprueba todos los pliegos, Milei será el presidente con más jueces nombrados en un año desde la creación del Consejo de la Magistratura. 

8. El tema central respecto del autoritarismo es el avance sobre lo institucional, muchas veces en nombre del decisionismo. La politóloga Nancy Bermeo lo llama “engrandecimiento del Ejecutivo”: la erosión ya no llega por un golpe, sino por la acumulación de medidas legales, cada una defendible por separado. La académica Kim Lane Scheppele habla de “legalismo autocrático”: usar la forma de la ley para vaciar sus controles. El DNU 941/2025, que amplió las facultades de la SIDE, es un caso de manual. 

9. El paso siguiente sería una suerte de “autoritarismo competitivo”, del que hablan Steven Levitsky (Universidad de Harvard) y Lucan A. Way (Universidad de Toronto): elecciones reales, pero sobre una cancha inclinada. 

10. The Nerd Reich, el libro de Gil Durán, es de lectura imprescindible. Citemos solo un pasaje: “Un volantazo brusco, de la noche a la mañana, hacia el fascismo pleno probablemente provocaría una explosión de resistencia generalizada […]. Trump parece preferir una clase de declive más gradual, que no interrumpa sus negocios. […] Quienes todavía creen en la democracia pueden celebrar ese período de respiro, pero deben evitar que los adormezca la complacencia”. De eso se trata, precisamente: de no adormecerse ni ser complacientes.