Tensiones en el círculo rojo por su posición sobre las consecuencias del modelo económico de Milei
La posición extremista de Javier Milei provocó una fractura inédita en el poder concentrado y dejó al borde de la disolución a algunos grupos de lobby. La falta de políticas industriales, la parálisis de la obra pública y el impacto de la recesión, que golpea incluso a gigantes, enfrentan a la industria nacional y a sectores rezagados con los ganadores del modelo libertario, amparados en el RIGI y la desregulación. En medio de tensiones internas, desplantes en la UIA, los miembros más influyentes del establishment se encuentran con un panorama de incertidumbre sobre sus pasos futuros.
Existe una facción del Círculo Rojo que mantiene una distancia crítica, nutrida por la incertidumbre sobre el “día después” del ajuste. Aquí se ubican sectores vinculados a la industria nacional más protegida, que sufre el impacto de la recesión y la caída del consumo interno. El listado de grupos y sectores que manifiestan su rosario crítico sobre la presión impositiva, los costos logísticos y la falta de una política industrial activa. Para este sector, la “motosierra” ha dejado cicatrices profundas en la capacidad instalada y en el empleo registrado. El festejón del miércoles pasado del día de la Industria, con declaraciones cruzadas y desertificación de presencia de funcionarios nacionales en el evento organizado por la Unión Industrial Argentina (UIA), son una pintura impresionista de la realidad en la relación entre el gobierno y las partes.
De la situación no zafan ni la alimentarias, un rubro que para muchos debería estar en un momento de “esplendor” pero que, por ejemplo, mostró en la última presentación de Arcor sobre sus números del arranque del 2026, malos datos sobre la operación de compra de La Serenísima, con la información de la caída de casi 10% en la venta de lácteos en el país.
Paolo Rocca
Obviamente, en la lista de los protestones, se encuentra la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), junto con varios referentes de los tradicionales contratistas del estado. Los sectores vinculados a la obra pública estatal y a los esquemas de subsidios discrecionales han sido los grandes perdedores. El corte de la obra pública y la eliminación de intermediarios han reconfigurado el mapa de poder, desplazando a empresarios cuya rentabilidad dependía de la relación íntima con el Estado.
Eduardo Elsztain
El mayor conflicto que atraviesa hoy el Círculo Rojo es cultural. Milei ha desafiado la idea de que los empresarios deben “gestionar” el poder a través de mesas de diálogo constantes, lobbismo tradicional y consenso con el sindicalismo. El presidente ha optado por una comunicación directa con la sociedad y una confrontación abierta con los sectores que considera “la casta”, incluyendo a aquellos empresarios que se beneficiaron de regulaciones previas.
En la lista de los que protestan se encuentra la Cámara de la
Construcción
Por otro lado, hay un grupo que coquetea con el divorcio. Al punto que las reuniones de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), la mesa chica del Círculo Rojo, son cada vez más esporádicas. Y complicadas de organizar. Uno de los últimos problemas que hubo fueron las dificultades para contratar a un economista argentino de elite, famoso tanto por sus posiciones ortodoxas de la rama racional como por sus críticas al gobierno de Javier Milei. La situación se volvió tan compleja que hubo que cambiar de conferencista, por otro más gradualista (concepto casi poseído por los malos dioses para los libertarios), pero menos bombástico para el oficialismo.
El clima interno no es bueno, las discusiones abiertas o cerradas son cada vez más complicadas y con posiciones más alejadas y, lo peor, con la sospecha que los intereses cruzados ya no son compartidos. El conflicto llega al punto que, incluso, algunos de sus miembros más importantes piensan en que, quizá, su vida útil haya terminado. Al menos con el formato actual, y que sus integrantes deben actualizarse. Obviamente, sumando cada bando a altos empresarios y sectores que acompañen las posiciones de cada Blue Corner (en términos boxísticos). Uno de sus más importantes integrantes reflexionaba que quizá sea el tiempo de refundar la entidad en dos centros de reflexión y lobby diferentes: uno que defienda al modelo de Javier Milei; y otro que, sin tentarse por las sirenas del populismo, tenga algo más de gradualismo. O una ayuda directa vía decreto o proyecto de ley, o la no aplicación de alguno de estos instrumentos ya aprobados o por hacerlo. O, quizá, algún RIGI para los perdedores de la misma manera que lo recibieron muchos de los ganadores. O, directamente, comenzar a combatir a Milei como se hizo con gobierno anteriores desde la propia AEA; entidad formada en 2002 ante el estallido del uno a uno y convertida en los años difíciles del kirchnerismo en un portaaviones de la resistencia.
Vale recordar que, alguno más alguno menos, los integrantes de la entidad son el Grupo Techint, (representado históricamente por Paolo Rocca); el Grupo Clarín Héctor Magnetto); Arcor: (familia Pagani), IRSA (Eduardo Elsztain), La Anónima (familia Braun), Ledesma: (familia Blaquier), Coto: (Alfredo Coto), Grupo Galicia (familia Braun/Erize) Laboratorios Bagó (familia Bagó), Prestige (Daniel Herrero), Grupo Bemberg (Carlos Miguens), Marcos Galperin (Mercado Libre) varios referentes de Vaca Muerta y el exitoso sector de Oil & Gas y figuras centrales de la elite fundadora de AEA como Cristiano Ratazzi, legendario ex conductor de FIAT.
Como se ve, resulta casi imposible que en la Argentina de hoy no haya diferencias serias en cada reunión de la entidad. Una obviedad en un ámbito donde deben convivir sectores que están viviendo el mejor momento de su historia (lo que probablemente se profundice con las políticas del oficialismo) con otros que son directamente insultados desde los atriles presidenciales.
Lo cierto es esta foto de AEA muestra crudamente que la configuración del poder en Argentina ha experimentado un sismo tectónico desde la llegada de Javier Milei al poder. El denominado “Círculo Rojo” —ese entramado difuso, permanente e influyente de empresarios, banqueros, alguna figura de los medios y referentes políticos que históricamente definía el rumbo del país— se encuentra hoy fracturado, reconfigurado y, en muchos casos, perplejo ante una praxis política que rompe con todas las tradiciones de negociación que el establishment conocía.
La relación entre el Círculo Rojo y Javier Milei no es monolítica. Se puede observar una división clara entre quienes han encontrado un canal de diálogo pragmático y que pueden mostrar balances de empresas del primer mundo; y quienes observan con creciente preocupación la sostenibilidad social y política del modelo. O dicho de otra manera, quienes pelean su supervivencia
Los nombres proMilei
En el grupo de los ponderadores de Milei y sus políticas se encuentran los empresarios que han visto con buenos ojos la desregulación, la reducción del gasto público y la apertura de mercados. Aquí figuran nombres como Eduardo Elsztain (IRSA), quien ha sido un interlocutor cercano y optimista respecto a la visión de libre mercado del presidente. También se suma el apoyo, a veces más silencioso pero estratégico, de gran parte del sector energético y minero, donde los marcos regulatorios y el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) han generado un horizonte de previsibilidad que no existía anteriormente. Obviamente también se anota en este grupo Marcos Galperin, quien en los últimos años se ha convertido en un referente de las redes sociales en defensa plena del modelo. Contra todo y contra todos. Los bancos también se anotan en la defensa. Aunque, curiosamente, los balances de las entidades referidos al segundo trimestre del año (los que llegaron ya a la bolsa de Comercio al menos), no son todo lo generosos que suelen ser en el sistema financiero local; el establishment bancario criollo ve en la gestión libertaria una oportunidad de cambiar la matriz. La defensa de la posición de las entidades ante el problema de mora sin estigmatizar a los bancos, llamando a renegociaciones privadas, renunciando a intervenciones vía límites a las tasas de interés y frenando cualquier intento controlante desde el Congreso Nacional; son pruebas de fuego y amor que desde el sistema financiero se ponderan. Siempre.
Hay rubros denominados “rezagados” que mantienen una posición intermedia. Figuras como Paolo Rocca (Techint) buscan mantener un equilibrio complejo: si bien celebran la dirección macroeconómica, el grupo ha tenido sus notorios roces con la administración debido a la apertura de importaciones y la competencia, y, obviamente, los insultos presidenciales. Pero, conocedores de la política argentina como pocos, mantienen vínculos funcionales con el gobierno, comprendiendo que la estabilidad cambiaria y el orden fiscal son, a largo plazo, activos para la industria. Con Tecpetrol y sus inversiones en Vaca Muerta a la cabeza. En la misma posición se ubican los laboratorios criollos, hoy en plena tarea lobbistica para evitar ese infierno tan temido de la liberación de las patentes medicinales a favor de las empresas extranjeras. Se trata de un rubro que por ahora prefiera la intervención directa vía whatsapp de ministros, funcionarios y legisladores “amigos”, ante el avance que parece seguro de la aplicación en el país de normas de las Naciones Unidas.
En conclusión, el Círculo Rojo en 2026 ya no es un bloque monolítico que marca la agenda presidencial. Para defenderlos o criticarlos. Es, en cambio, un conjunto de actores adaptándose a una nueva realidad donde el favor estatal ha dejado de ser el principal motor de negocios. La apuesta del gobierno es que, a medida que la inflación se consolida a la baja y los indicadores macroeconómicos se estabilizan, el escepticismo empresarial dará paso a una inversión productiva que hoy, todavía, se mantiene en modo de espera. El éxito o fracaso de este modelo no se medirá solo en los balances de las grandes corporaciones, sino en la capacidad de este nuevo paradigma para integrar a los sectores productivos que hoy se sienten excluidos de la “Argentina de los libres” que propone Milei.
La situación en AEA y en el Circulo Rojo es compleja. Pero los vínculos nunca se romperán. Se sabe que todo es temporal. Y que, quizá (y aunque las encuestas hoy no sean claras), desde diciembre del año próximo pueda haber otro gobierno de otro signo político que por el potencial espanto se deban volver a reunión. Y ya no discutan sobre que economista o expositor político contratar para las reuniones de los miércoles.