¿Un nuevo fantasma recorre el mundo?
En 1848, el joven Marx escribía, junto a Engels y a pedido de sindicatos comunistas europeos, una proclama (acompañada con una fuerte denuncia social) que se conoce como El manifiesto comunista. Este comienza con la conocida frase: “Un fantasma recorre Europa…”, haciendo referencia al clima de descontento y la necesidad de un cambio que superara la situación social, económica y política vigente en ese entonces.
El fantasma cobró realidad y vinieron los cambios; aunque no precisamente los que proponía el autor del Manifiesto. Es que el “fantasma” irrumpe para terminar con una realidad social insostenible (la que es descripta por F. Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra), pero la dirección de los cambios dependerá de las ideologías y propuestas de los que se proponen llevarlos adelante. Y es por eso que los mismos tomaron varias y diferentes direcciones.
De ellos, merece destacarse la consolidación de dos nuevos tipos de organizar el funcionamiento de las sociedades humanas. Uno, más coherente con lo que proponían los sindicatos comunistas europeos, socializa los medios de producción y establece una forma de gobierno no democrático, la que muestra sus principales rasgos con movimientos de fuerza como La Comuna de París u otra más orgánica y duradera, la Revolución Rusa de 1917, negadoras de toda libertad y garantías, junto con un modelo económico ineficiente y empobrecedor. Y otro, que establece un tipo de organización social en la que los medios de producción no son socializados, sino protegidos, pero supervisados por el Estado, para que cumplan con la imprescindible tarea de producir riquezas (única posibilidad de que, bien distribuida y respetando las condiciones laborales y el medioambiente, instalen una organización social con derechos y bienestar material).
Pasado un tiempo desde las acciones desatadas por aquel “fantasma” del siglo XIX, y desgastados los avances que el mismo introdujo, aparecen ahora fuertes falencias en los desempeños de las nuevas democracias, tanto en sus desempeños nacionales como en la organización internacional que se habían dado para resolver los conflictos entre países. Falencias que podrían estar preanunciando la aparición de un nuevo “fantasma”, el que ahora recorrería el mundo.
En cuanto a las falencias internas, hace tiempo se habla de una “crisis de la democracia”, lo que no es más que un eufemismo para esconder el mal desempeño de los que dicen gobernar en representación del pueblo. Algunos por ineficiencias técnicas para comprender cómo se crea riqueza, imprescindible para combatir la pobreza; y otros por una apropiación que ha hecho del manejo del Estado una oportunidad para enriquecimientos privados.
En cuanto a las falencias internacionales, es preocupante el mal desempeño de esa magnífica creación de fines de la Segunda Guerra Mundial: la ONU (Organización de las Naciones Unidas). La misma funciona a través de dos organismos: la Asamblea General, por un lado, y el Consejo de Seguridad, por el otro. La primera actúa emitiendo declaraciones que no cuentan con mecanismos para hacerlas cumplir, mientras el Consejo de Seguridad no puede actuar si apenas uno de los miembros lo veta. El penoso papel de las Naciones Unidas frente al conflicto de Gaza exime de cualquier comentario.
La historia dirá: 1) si este nuevo fantasma aparecerá finalmente; 2) quiénes serían los encargados de provocar el cambio, y 3) el tipo de valores que lo caracterice: si uno totalitario u otro socialdemócrata.
*Sociólogo.
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